domingo, 4 de mayo de 2014

The Beltesassar List (XLIV) Ring of Fire (2000) Andreas Hykade























En mi revisión semanal de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar, ha llegado el turno de Ring of Fire, realizado en 2000 por el animador alemán Andreas Hykade.

Para la gran parte de los aficionados, la animación alemana se antoja prácticamente inexistente. Alguno recordará el nombre de Lotte Reinigier como pionero genial, incluso habrá quien cite a Wolfgang Ruttman y Oskar Fischinger en el campo de la abstracción, Hans Fischerkösser como ejemplo de animación clásica, o mucho más recientemente a una personalidad aislada como Raimond Krumme, maestro de los juegos y las paradojas visuales.

Aún así, una breve lista como la anterior viene a mostrar que por debajo de esos nombres aislados existe una larga tradición de animación alemana, aunque, como en el resto de los países occidentales, haya sido siempre cultivada a contracorriente, amenazada por la losa del estilo Disney y el desprecio crítico. En este contexto, Andreas Hykade no es sino uno de los últimos nombres de esta longeva tradición, un autor que saltó a la fama a finales del siglo XX y principio del siglo XXI, con la llamada Country Trilogy, de la cual Ring of Fire es la segunda entrega.

Hay que señalar que los tres cortos que la componen han generado fuerte polémica, debido a su contenido sexual explícito y su concepción de las relaciones entre sexos como guerra sin cuartel, de la que no están exentas la violación y el asesinato. Esta visión pesimista de las relaciones sexuales la ha valido a Hykade acusaciones de sexismo, machismo y misoginia, acentuadas por el caracter caricaturesco de sus personajes, reducidos, especialmente los femeninos, a exagerados rasgos sexuales.

En mi opinión, es cierto que la visión de Hykade es fuertemente masculina y las pulsiones y deseos ilustradas son las de ese sexo, mientras lo que ocurre al otro lado queda envuelto en una densa niebla de misterio y desconocimiento, tan familiar para cualquier adolescente occidental, quien no es capaz de concebir las divisiones debidas al género sino como abismos insondables. Por otra parte, el contenido violento de sus cortos expresado en el uso explícito del sexo como instrumento de poder, es también una referencia calara a ese substrato cultural occidental, reciéntemente relegado a las sombras exteriores, pero aún presencia más que influyente en nuestra conducta, según la cual los roles sexuales exigen una conducta precisa y determinada, tan bien descrita en sus cortos, y cualquier desviación o rebelión debe ser castigada prontamente..

No obstante, las plasmación de estas ideas en la obra de Hykade no permite una lectura clara y definida, ni por supuesto su calificación como misógino impenitente, como es el caso de von Trier. Su ámbito estético es el del símbolo, el de la sublimación visual de esos sobreentendidos culturales no pronunciados o simplemente prohibidos, hasta conseguir disociarlos de sus objetos originales, para crear así un nuevo mundo gobernado por reglas propias y enigmáticas. En ese sentido la imaginación visual de Hykade se antoja inagotable y los enigmas que nos proponen sus criaturas, deformadas, excéntricas monstruosas, no se dejan reducir con facilidad, ni siquiera aquellos signos o alusiones que parecen más evidentes.

De hecho, la lectura final que debamos hacer de sus cortos, puede en realidad ser muy distinta de la extendida por el escándalo. Lo que Hykade nos muestra no es sino un resumen de los deseos y miedos masculinos, unos deseos centrados en la necesidad ineludible de atravesar el abismo aparente que nos separa de la mujer, imaginada para nuestra desgracia entre dos polos irreconciliables: por un lado la esfinge ilegible, la presencia todopoderosa, amenazante y destructora, por otro lado receptáculo del placer, único lugar donde es posible y concedido, abandonar todas las pretensiones y disfraces impuestos por la existencia. Un deseo irrefrenable que al mismo tiempo esconde un miedo no menos insondable: el de que en ese proceso de cruce, de comunicación, lo único que se consiga es la destrucción, la profanación del objeto amado, como si esa fuera su única justificación y motivo, como si sólo así, mediante  la violación y la muerte de lo más querido se consiguiera acallar finalmente cualquier deseo, cualquier urgencia.

No les entretengo más. Disfruten del corto. Es una de las obras máximas de estos últimos años.