sábado, 3 de mayo de 2014

Surviving
































La segunda década de este siglo empezó con malas noticias para los aficionados al mundo del anime. Dos estudios esenciales en la historia del anime, Gainax y Madhouse, sufrieron una involución y dejaron de ser los impulsores de la vanguardia dentro de esta escuela de animación. Gainax quedó reducido a producir las películas de Evangelion en su "reimaginación" por parte de Anno Hideaki, mientras que Madhouse, el estudio que permitió que nombres como Kon Satoshi, Hosora Mamoru o Yuasa Masaaki dieran lo mejor de si mismos, de la noche a la mañana se hizo indistinguible de viejas glorias como Sunrise, que se limitan a producir series en series a la mayor adulación del gusto otaku.

La situación no es tan mala como parece. Parte del antiguo personal de Gainax recaló en el recién fundado estudioTrigger y si Kill La Kill es un signo de lo que ha de venir, tenemos espíritu Gainax para rato, en el sentido de animación psicodélica y desmadrada para dar y tomar. Por su parte, el co-fundador de Madhouse, Maruyama Masao, creo MAPPA y con la ayuda de Watanabe Sichiniro , la mente tras Cowboy Bebop, sorprendió con Sakamichi no Appollon, una de las pocas historias de amores adolescentes en el anime que tiene sabor a realidad. Sin embargo, MAPPA no ha vuelto ha tener un acierto de esa categoría y el resto de los antiguos colaboradores de Madhouse parecen haber adoptado la política de "sálvese quien pueda".

Así para sorpresa de todos, Bones, un estudio que hace mucho perdió el norte, se ha descolgado el año pasado con la magnífica Space Dandy, donde Watanabe Shinichiro se ha permitido dar rienda suelta a su fantasía - y a la de muchos otros grandes animadores -, para crear un producto original que a demasiados ha pillado con el pie cambiado. Problemas, ya saben, de una dieta demasiado rica en moe y kawai.  Por otra parte, figuras capitales de Madhouse como Yuasa Masaaki parecían haberse eclipsado por completo y uno temía que podían verse forzados a seguir la ruta de personalidades como Nakamura Kenji - el de Mononoke - que poco a poco han ido dejando en el camino todo aquello que les hacía notables y únicos.

No ha sido así, para nuestra fortuna. Este año nos ha traído un nuevo Yuasa, la serie Ping Pong The Animation, donde a pesar del disfraz de serie de tema deportivo, con todas las servidumbres que esto acarrea, y el ser producida por un estudio casi desconocido - Tasunoko Productions - de presupuesto realmente mínimo, todas las excentricidades y audacias de Yuasa siguen más que presentes. No es ya que el estilo de los personajes, al modo de Kemonozume, sea diametralmente opuesto al modelo único que astraga el anime, llegando incluso a ser casi feísta, aunque de una expresividad y vitalidad imposible de conseguir por otras productores, incluido Ghibli; es que Ping Pong se construye como una loa a la animación 2D, un canto a todos los recursos expresivos de esa técnica, aquilatados y depurados durante decenios, que convierten a esa forma de animación en una experiencia única y hacen que series de 3D disfrazado, como la muy notable Knigths of Sidonia se tornen irrelevantes cuando se las compara con sus hermanas mayores.

Esa confianza absoluta en las posibilidades expresivas de la animación 2D, en las alturas estéticas a las que se pueden llegar simplemente con la linea y el color, con el dibujo sobre el papel, son las que confieren a Yuasa la seguridad para realizar una maniobra que no por menos usual en su obra, no deja de ser menos arriesgada. Se trata simplemente de entregar capítulos enteros de la serie en otras manos, para que esos creadores los desarrollen de forma libre e independiente. No desde un punto de vista termático, sino en sus aspectos visuales y estéticos, consiguiendo así que cada episodio se torne terra incognita por explorar tanto para el espectador, siempre a la expectativa de qué habrá de traerle la semana que viene, como para el creador al cargo, al que se le ofrece la oportunidad de ser él mismo, sin otros límites que los presupuestarios.

Dura condición ésa, cierto, pero que para un artista con talento es el mejor acicate a su creatividad. Mucho Mejor que ilustrar el mismo tipo de historias, las que hacen babear a los otakus, utilizando un tipo de dibujo y un muestrario de movimientos que han quedado petrificados  Por ello, da igual que el resultado de Ping Pong The Animation sea desigual, que las aristas no estén completamente pulidas o que los remiendos sean perfectamente visibles: los aficionados, los auténticos, siempre le estaremos agradecidos por haberlo intentado, tanto a Yuasa como a los que tuvieron el coraje de financiarle.

Y si quieren leer un comentario a cargo de alguien que realmente sabe de animación y no mis divagaciones hueras, sigan este enlace y disfruten