jueves, 18 de marzo de 2010

Reading the Bible (y V)

Volvió a encenderse el furor de Yavé contra Israel, impulsando a David a que hiciera el censo de Israel y de Judá.

2 Samuel, 24, 1

Una de las características más sorprendentes, para alguien educado en el cristianismo, es la dureza y el rigor, casi crueldad del Dios que habita las páginas del Antiguo Testamento, al menos en el núcleo duro de la narración del Genesis al libro de los Reyes.

El Dios que se nos describe es un auténtico Dios celoso, que no tolera la más mínima transgresión de sus leyes y que castiga con el mayor de los rigores a aquel que las quiebra aunque sea involuntariamente, sin admitir perdón ni penitencia, como mucho cierta atenuación de la sentencia impuesta, como en el caso de Moisés, cuya desfallecimientos en la fe le granjean el no poder entrar en la tierra prometida.

Un rigor que no sólo se extiende al pecador, sino que se transmite a toda su familia y posesiones, incluso alcanzando hasta la séptima generación, en un extraño concepto de la justicia que condona el castigo de personas inocentes por las faltas cometidas por otras y que llegará al extremo del reíno de Judá que será entregado a los Babilonios por los pecados cometidos por los reyes pasados, aún cuando los reyes presentes son ejemplo de piedad y creyentes modelos.

Sin embargo, el ejemplo más extremo del rigor del Dios veterotestamentario tuvo como protagonista a David, en el pasaje de Samuel que cito arriba en el que Dios castiga al rey por haber ordenado un censo de la población, siendo la justificación del castigo el hecho de que al ser el pueblo elegido tan grande como las arenas del mar, era por tanto incontable. Pero ¿Quién es el verdadero culpable? ¿David o Dios? porque como bien muestra el pasaje la historia contada no es que al rey judío se le ocurra quebrantar el mandamiento divino y por ello sea castigado, lo que realmente ocurre es que dios sufre un ataque de ira, sin que exista ninguna razón, y decide instigar a David para que peque.



Alzose Satán contra Israel e incitó a David a hacer el censo de Israel.

1 Parapilómenos, 21, 1

Por supuesto se podría alegar que esto es un artefacto de nuestra sensibilidad moderna y que los contemporáneos no lo verían así, dándole otra interpretación que nosotros no llegamos a alcanzar. Sin embargo, tenemos pruebas de que para los propios compiladores de la Biblia, el pasaje citado resultaba desconcertante y producía un fuerte desasosiego. Así ocurre que lo contado en el libro de los Reyes, escrito antes de la cautividad babilónica, es transformado en el libro de las Crónicas, escrito tras la vuelta del exilio, para absolver de toda responsabilidad a Dios, haciendo entrar en escena a un personaje completamente nuevo, en una de las primeras versiones bíblicas del demonio.

Una evolución crucial en la teología, en la que se separan los aspectos positivos y negativos de la divinidad, mezclados hasta ese instante en la misma persona, no se sabe bien si por influencia del Zoroastrismo, existente ya en este tiempo y con el que los deportados judíos podrían haber conocido en Mesopotamia.