sábado, 20 de marzo de 2010

Eating







Puede ser por mi pasión por los documentales, o por mi creencia juvenil de que el realismo era la única forma artística que valía la pena cultivar, al menos en literatura, pero siempre he tenido una debilidad por aquellos momentos cinematográficos en las que se muestra a las gentes retratadas, mientras se dedican a actividades banales o rutinarias, que aparentemente no aportan nada a la narración

Como comer, por ejemplo.

Pero claro, aquellos que gozamos del realismo del arte y, en general de cualquier, forma que utiliza ese realismo para hacernos creíble su argumento, sabemos de la importancia del detalle bien puesto, ése que basta para situarnos en un lugar y un tiempo, y al que no podrán substituir ni reemplazar horas de ambientación y estudio bibliográfico, que a lo sumo lo único que consigan es apabullar al espectador.

Una necesidad narrative que parecen haber comprendido a la perfección los autores de Durara!, esa gran serie de este invierno, al menos por ahora, cuya historia se desarrolla en las calles del distrito japonés de Ikebukuro, siempre atentos al detalle mínimo, a la imagen que nos haga sentirnos en ese allí y ahora, en el que viven los personajes.

Y puede que esta serie acabe descarrilando, no sería la primera vez, víctima de su propia complejidad y de su tendencia al más difícil todavía, pero por ahora, se hace desear cada semana, en espera del próximo giro argumental, de que tal o cual personajes, hasta ahora en la penumbra, se nos revele en toda su extensión e importancia.

Puesto que hasta ahora es como ver pintar un cuadro, tejer un tapiz, y sorprenderse al ver surgir los motivos de las pinceladas aisladas, de las puntadas aparentemente sin relación ni concierto.