domingo, 5 de julio de 2015

La lista de beltesassar (CII): Mr Frog went a-courting (1974) Evelyn Lambart
















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Mr Frog went a-courting (El señor rana fue a cortejar), corto realizado en 1974 por la animadora canadiense Evelyn Lambart para la NFB (National Film Board) del Canadá.

Mucho y bien les he hablado de la NFB, una institución sin cuyo apoyo una buena parte de la animación internacional no existiría, al menos de esa animación que realmente importa y no se limita a reciclar las mismas bromas que en 1930 pero con envoltorio nuevo. Pero volviendo a lo que interesa... Evelyn Lambart, la autora de este corto, fue una de las animadores que se beneficiaron de la protección de la NFB, primero como alumna y colaboradora del mítico Norman McLaren, luego como directora en solitario.

Mr Frog went a-courting es uno de sus cortos en solitario, que como muchos otros del catálogo de la NFB, parte de un material muy sencillo: el rico legado de canciones populares, infantiles y adultas, que dejó la formación del Canadá en los siglos XVIII-XIX. Un material que puede parecer trivial e insulso, pero que, aparte de su propio interés antropológico, es al mismo tiempo anónimo y común. Esto permite al animador insertarse en una larga tradición cultural como si fueran un artista callejero más -  lo que en otros tiempos se llamaban juglares y trujamanes - para crear una versión nueva sobre un material tan maleable como la arcilla, pero al mismo tan recio como el cemento armado. Miradas contemporánes  que, no se olvide, deben ser al mismo tiempo viejas y antiguas, fieles y traidoras, si es que se quiere que esa tradición, esa transmisión, no se detenga.

La solución de Lambart es tan simple y ligera como la propia canción popular de partida: una animación de recortes que utiliza diseños que parecen salidos de un libro de ilustraciones infantil. Esta facilidad, no obstante, es sólo aparece, ya que Lambart compensa el estatismo y tosquedad del cut-out, con una animación particularmente expresiva, juguetona y humorística, que en ocasiones se permite el reto, el arrebato, del artista circense, que se luce con la pirueta inesperada ante un público que no se la esperaba.

El resultado es un corto de altísima calidad, como tantos de los que nos ha regalado la NFB, y que viene a demostrar lo que era, hasta ayer mismo, uno de los invariantes de la animación. Que para hacer gran animación, sólo se necesita un lapiz, o un papel y unas tijeras, o unos muñecos encontrados. Eso y la imaginación suficente para reinventar sus movimientos en la mente, unida a la pericia necesaria para ser capaz de recrearlo en el celuloide.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les pego el corto. Disfruten de esta pequeña joya, deslumbradora en su sencillez.