martes, 13 de enero de 2015

Pequeñas ventanas

Danae, Tiziano

En otras ocasiones les he comentado mis dudas sobre la reforma de El Prado, en concreto, que la ampliación ha redundado en una disminución del espacio expositivo permanente. En lo que se refiere a exposiciones temporales, sin embargo, la reforma ha permitido tener abiertas varias al mismo tiempo, incluso extendiéndose a otras regiones del museo, en curiosa contradicción de los propósitos de la dicha reforma.

Ahora mismo, el plato fuerte de El Prado es la muestra Goya en Madrid, que ya comentaré largo y tendido en otra ocasión, con sus defectos y virtudes incluidos. No obstante, no hay que olvidar las varias pequeñitas que comparten espacio con ella, y que a pesar de su corta extensión sirven para iluminar detalles y momentos particulares de la historia del arte.



La más interesante es la llamada Tiziano: Danae, Venus y Adonis, que reúne dos de los muchos Tizianos que guarda el Prado, uno de ellos joya absoluta del museo, otro felizmente restaurado, a los que se añade un tercero venido de Londres que queda en relativo mal lugar. El mayor problema de los Tizianos de El Prado es que en el siglo XVII, nuestros reyes, Felipe IV principalmente, vendieron gran parte de la inmensa colección reunida por Carlos V y Felipe II a otros soberanos europeos, de forma que la pareja de muchos cuadros se encuentra en otros museos Europeos, como la National Gallery londinense, haciendo así difícil que el visitante se haga una idea de las intenciones y evolución del pintor.

Por otra parte, los Tizianos que se han conservado en El Prado han sufrido de un amarillamiento de los barnices que, al igual que ocurrió con las Meninas, ha ocultado el esplendor de sus colores a varias generaciones de visitantes. La recuperación de ese fulgor pasado es una virtud de esta miniexposición, ya que al mostrar la reciente restauración del Venus y Adonis, acompañada del conocido esplendor de la Danae tardía, queda a las claras el genio de un pintor que parecía eterno, irrepetible y universal.

De hecho, el mayor pero que se le puede poner a esta muestra es que hubiera sido más lógico hacer la comparación del Venus y Adonis con la cercana, apenas unas salas más allá, Bacanal de los Andrios, al pertenecer ambas a la misma época y estilo del pintor, mientras que la Danae, veinte años más tarde, anuncia y abre el complejo y polémico Tiziano final, tan difícil de reducir, explicar e interpretar. Por otra parte, entre ambas obras cumbre, la Danae de Londres desmerece un tanto, no solo por las mutilaciones que ha sufrido, como la desaparición de Júpiter, sino porque a pesar de su fecha tardía parece pertenecer a un Tiziano que hubiera seguido una trayectoria estética muy distinta a la que realmente siguió.

Francisco de Herrera el Mozo, Caballero ante un paisaje,

No menos interesante es la exposición Dibujos españoles en la Hamburger Kunsthalle: Cano, Murillo y Goya, que recopila parte de la colección de dibujos españoles en ese museo, en concreto el albúm compuesto en Sevilla con dibujos de muy diversa autoría, que se conoce con el nombre de su inventariador, Jose Echevarría.

Al ser una compilación que abarca diferentes épocas y múltiples pintores, los dibujos tienen muy diverso interés. Gran parte de ellos, característica que comparten con muchos de los dibujos conservados previos a la modernidad, son bocetos muy elaborados de pinturas completas, por lo que se resienten de cierta rigidez, de cierta falta de naturalidad y audacia. La cuestión es que en el proceso de conservación de esos dibujos de antaño se ha tendido a eliminar históricamente aquellos diseños menos acabados, más abocetados, menos próximos a la obra final, precisamente aquellos donde la personalidad, la energía y la vitalidad del artista tendían a manifestarse sin inhibiciones.

De esa manera, los dibujos de nombres famosos que aparecen en la colección tienden a ser algo anodinos, excepto los de aquellos pintores para los que ningún formato era menor, caso de Ribera o Goya. Por esa misma razón, las obras más interesantes de la muestra son precisamente los procedentes de pintores de segunda fila o directamente anónimos, quizás porque en esas ocasiones el recopilador se dejó llevar más por la belleza y energía del propio dibujo, no por el prestigio del nombre. Una contradicción, entre la obscuridad de su creador y la brillantez del resultado, que se conjura aún hoy para mantenerlos en la penumbra, ya que, a pesar de google, resulta difícil encontrar una obra determinada de un tal anónimo o, incluso si se disfruta del nombre, hallar quién haya perdido el tiempo en registrar una obra perdida en la penumbra.


Bernini, Ánima en el Infierno
La menos interesante, quizás sea la llamada Las ánimas de Bernini, simplemente porque no acaba de quedar claro qué es lo que se pretende con ella. La primera parte es un estudio de la pareja de esculturas que da título a la muestra, aunque no muy profundo ni logrado, mientras que la sección central analiza los muchos proyectos incompletos/inacabados del Bernini arquitecto, para finalizar con una sala dedicada a las relaciones entre Bernini y la corte española.

Cada uno de esos aspectos, escultura, arquitectura, política, es lo suficientemente amplio para merecer una exposición por separado, pero así, yuxtapuestos, lo único que transmiten es una sensación de incompletitud, de falta de destino, de superficialidad, a pesar de la calidad de las obras escogidas, principalmente las dos ánimas que la dan título.