domingo, 24 de agosto de 2014

The Beltesassar List (LVII): Chromophobia (1966) Raoul Servais























Como todos los domingos, continúo mi con revisión semanal de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Chromophobia, corto realizado en 1966 por el animador belga (¿o debería decir flamenco?) Raoul Servais.

Si han seguido estas notas o son aficionados a la animación, sabrán que Raoul Servais es uno de los grandes nombres de la animación independiente europea de la segunda mitad del siglo XX. Su nombre equivale al de un maestro de la cinematografía, tanto por la intensidad y profundidad política que anima su producción, como por el rigor estético con el que aborda el tratamiento de ese material, propio de quien conoce las posibilidades e historia de la forma que practica, y sabe ir un poco más allá.

Dicho esto, poco más se puede añadir. De hecho debería detenerme aquí y remitirles al artículo que escribí en su día para Detour, en el que se analiza la figura de este autor con más profundidad, pero Chromophobia es un corto que se merece volver a él una y otra vez, así que le dedicaremos algunas líneas (más).

Chromophobia fue el corto que dio a conocer internacionalmente a  Servais y en muchos aspectos es un producto característico de su tiempo: esos años sesenta en los que los fundamentos de la cultura occidental, tanto de la izquierda como de la derecha, estaban siendo puestos en duda por una joven generación contestataria. Como era acostumbrado entonces, el mensaje del corto no puede ser más directo, y por ello mismo un tanto ingenuo, visto con nuestra perspectiva actual. Trata de como unos invasores mecanizados y uniformes se dedican a destruir la variedad del mundo, encarnada en una vieja ciudad europea y expresada por su colorido; para ser derrotados contra todo pronóstico por un personaje rebelde, subversivo y contestatario que devuelve el color al mundo, utilizándolo como arma para combatir a estos soldados grises, proceso en el que consigue el apoyo de una población oprimida que termina adoptando sus modos y subvirtiendo el sistema.

Para nuestra desgracia, sabemos ahora que la revolución no es tan sencilla, que las fuerzas de la reacción y la involución son especialmente tenaces y resistentes, que el atractivo del gris y la tristeza es tan potente como el del color y la alegría. El corto de Servais, por tanto, podía haberse quedado en una curiosidad bienintencionada, de esas que miramos con cariño, pero con evidente condescendencia. Si no ha ocurrido así es precisamente por su fuerza visual, por la capacidad de Servais para destilar decenios de logros animados y (re)tornarlos en materia viva, capaz de conmover y emocionar.

Servais sabe que el plano del dibujo es inherentemente metamórfico. En él, todo puede devenir todo, ninguna posibilidad está negada, ningún camino cerrado. Es así, mediante la continua transformación de unas formas en otras, como Servais consigue traducir conceptos abstractos, la opresión uniformadora de los invasores, la alegría de la revolución que se desencadena en su contra, en poderosas imágenes visuales. Por ejemplo, cuando los soldados grises han tomado la ciudad donde se desarrolla el corto, uno de ellos se acerca a un antiguo edificio, representado mediante segmentos, y de una patada lo reordena para que se convierta en una torre de vigilancia, desde la cual controlar a sus nuevos esclavos.

Asímismo, cuando se produce la revuelta, ésta se expresa por medio de una continua y desenfrenada subversión de la forma. El cabecilla de la revolución, para iniciarla, agarra uno de los conos de luz de los reflectores que iluminan el campo de concentración en que se ha convertido la ciudad, lo arruga y lo convierte en una escalera, con la cual ascender a las torres de vigilancia y derrotar a los guardianes. Un momento después, cuando es rodeado por estos, que le enfocan con otro de los reflectores, utilizará un prisma para descomponer la luz en colores, fulminando así a sus perseguidores.

Lo ejemplos serían innumerables, porque Servais no hace otra cosa que acumular golpe de ingenio sobre golpe de ingenio, en un festival visual que emula el espíritu liberador y libertario, que no libertariano, del personaje central del corto. Esa es quizás su moraleja: que frente a todos los impedimentos, contra a todas las fuerzas que pretenden humillarnos y aplastarnos, a los seres humanos siempre nos queda el camino de la creación y la creatividad , ante el cual cualquier enemigo se verá impotente.

No les entretengo más. Les dejo con el corto, una obra maestra de esta forma que llamamos animación. Que lo disfruten.