lunes, 25 de agosto de 2014

Beginnings

































Por casualidades de la vida - y de la política editorial de otros países - han caido en mis manos los primeros documentales que rodó Chris Marker, y además en una deslumbrante edición en BR. Se trata de Sunday in Peking (1956), Letters from Siberia (1957) y Description d'un combat (1960). Marker acabaría repudiándolas, tanto por considerarlas demasiado abiertamente políticas, o mejor dicho demasiado alineadas con sus simpatías comunistas de entonces, como por constituir ensayos primerizos no totalmente representativas de su estilo maduro, el de sus obras posteriores a La Jetée (1962).

Sin embargo, para cualquier admirador de Marker, como es el caso, estas obras iniciales son más que interesantes y no desmerecen en mucho a sus creaciones posteriores. Es cierto que, como casi cualquier director francés joven de esa época, el compromiso político con las opciones avanzadas de izquierda - es decir, el comunismo - era un deber ineludible, así como el embarcarse en un periplo que le llevase a los lugares donde la utopía se había hecho realidad. En el caso de Marker, la China de Mao de antes de la revolución cultural, la Rusía Soviética postestalinista y, caso curioso, el experimento de los Kibbutz en el recién nacido estado de Israel.

A Marker, como es sabido, no se le puede acusar de seguidismo o de servilismo. Está muy lejos de él la ceguera selectiva que afectó a otros grandes maestros del documental como Joris Ivens, quién transformo sus periplos por la URSS y China en panfletos de propaganda del Estalinismo y de la Revolución Cultural, dejando a en casa cualquier sentido crítico que pudiera tener. Marker, por el contrario, medita sobre sus imágenes, sobre sus significados ocultos y sus repercusiones, sin fiarse de ellas; una característica que le acompañará toda su vida, sabedor de lo sencillo que es hacer hablar a una imagen muda del modo que nos apetezca y nos interesa - en completa oposición a los creyentes en la verdad intrínseca de las imágenes, como Godard- . Así, al mostrar a una pareja saliendo de un parque de Peking en Sunday in Peking, hablará de "los enamorados que discuten los logros del plan quinquenal", mientras que al rodar en las calles de Yakust en Letters from Siberia, utilizará la misma secuencia de imágenes para acompañar sendos supuestos panfletos propagandísticos, uno anticomunista, el otro procomunista.

Esa desconfianza ante cualquier imagen rodada, que le llevará luego a desmontarlas, contraponerlas y contradecirlas en algunas de sus obras mayores, se debe también a que cada documental/viaje suyo es un camino de descubrimiento. Marker intenta ver con ojos nuevos lo que presencia, trascender las apariencias, para así encontrarse con los seres humanos que habitan esos otros lugares que visita y de los cuales le separa la presencia de la cámara, la distancia que ésta impone entre él y la gente a la que retrata. Característico en la forma de rodar de Marker, y ya rasgo perceptible en estos documentales, es su afición por rodar de manera subrepticia a sus sujetos, en momentos en que no son conscientes de la existencia de la cámara que les retrata, para al mismo tiempo esperar a ese instante en que la descubren, miran directamente a ella, y reaccionan ante su presencia.

De esa manera, lo que no pasaría de ser una experiencia voyeuristica, se transforma en un momento compartido, en el que se derriban, muy brevemente, esas barreras que separan a quien rueda de quien es rodado. Un rasgo que es tan propio de Marker como el hecho de que la secuencia de imágenes que compone sus documentales, a veces unidas por una hilazón perfectamente sólida y lógica, a veces enhebradas de forma tan frágil como los fragmentos de un sueño o nuestras divagaciones diurnas, es sólo una base visual sobre la que el documentarista realiza un ejercicio de meditación y reflexión, personal y privado. Esta labor no se propone reconstruir lo experimentado por aquellas personas a las que rueda, sino que reproduce los sentimientos, los vericuetos, los laberintos del propio comentarista, restituyendo así esa distancia que la mirada directa de los retratados había abolido.

Como puede verse, en estos documentales primeros hay mucho del Marker posterior, incluso una fascinación por las nuevas tecnologías que le llevó a incluir fragmentos de animación en Letters from Siberia. No obstante, ambos documentales (me queda por ver Description d'un combat) no llegan a ser obras completamente redondas, ya que en ellas aún se encuentran ciertas rebabas y resabios propias del modo de rodar de los años cincuenta que tornan estas películas en anticuadas. Se trata, por una parte, de una música que intenta incluir bromas sonoras innecesarias o añade cierto tono de sorna propio de la experiencia colonial, del visitante que se considera por encima de los naturales. Asímismo, se puede notar un cierto aire de travelogue, de relato de viajes que acaba deviniendo guía turística, pero que afortunadamente subraya esos momentos más Marker a los que hacía antes referencia.