miércoles, 6 de agosto de 2014

From the Vault (XVII): Shoujo Kakumei Utena, 1997

Siguiendo con este rescate de mis escritos en el agonizante foro de cine cinexilio, unido a la revisión de mis entradas sobre anime en este blog que voy reuniendo en página aparte, le ha llegado el turno a Shoujo Kakumei Utena

En su momento, Utena fue una serie revolucionaria, al proponer a los espectadores un mundo repleto de enigmas y de símbolos irreductibles, que había que aceptar tal cual, en sus propios términos, sin esperar concesiones ni respuestas, exceptos aquellas que, con dolorosa parsimonia, la misma serie te iba entregando.

Hoy, casi varias décadas más tarde, la animación de la serie parece torpe y desmañada, pobre y anticuada, excepto en momentos muy determinados. Su impacto estético e ideológico sigue intacto, no obstante, tanto en su condición de misterio, como en su visión desengañada y desesperada del amor, como en su feminismo a ultranza, características todas casi desaparecidas en el anime contemporáneo.

Shoujo Kakumei Utena/Revolutionary Girl Utena
1997, 39 Episodios


Otra de las grandes ramas/subgéneros del anime es de las magical girls, tipo Sailor Moon o más recientemente Card Captor Sakura, Series que se estructuran en torno a una doncella (y la palabra no ha sido elegida con intenciones decorativas) la cual ha sido dotada con poderes especiales, que le permiten transformarse, durante una elaborada escena que tiene lugar normalmente a mitad del episodio, en una luchadora por la justicia, la paz y demás tópicos, contra unos malvados no menos cliché y no menos mágico/poderosos, que pretenden destruir el mundo... aunque no llegue a estar muy claro cual de los dos bandos es ms dañino/nocivo.

La primera escena de Utena, que también será la introducción de muchos de los capítulos, parece augurarnos lo peor. Música dulce, ilustraciones de rosas, colores pastel, dibujo voluntariamente infantil. Una princesa que ha perdido a sus padres y un príncipe, montado en un caballo blanco, ni más ni menos, que acude a consolarla... pero el príncipe desaparece y se nos cuenta: "quedó tan impresionada la princesa, que ella decidió convertirse en un príncipe"

¿Eh?



Internado Othori, comienzo del curso. Chicos y chicas con sus uniformes respectivos entran al recinto.

Utena también.... vestida como un chico y de paso atrayendo la admiración, casi la adoración, del resto de sus compañeras. Compañeras a las que defender, violentamente, si es preciso, contra las trampas e insidias de los hombres...

Haba alguien dicho algo de estereotipos sexuales?

Hagamos una parada antes de continuar.

La series de magical girls, como se ha dicho antes van dirigidas a las adolescentes, y si bien la sexualidad no tiene cabida en ella, por motivos de censuras varias, el amor en su aspecto cursi/romántico, de campanas, angelotes y velitas, tiene una importancia central.

En Utena, el amor, o mejor dicho la experiencia amorosa con todo lo que conlleva, tiene también un papel prominente, hasta el extremo de ser uno de los dos temas centrales de la serie. Sin embargo nada hay en el de inocente o ingenuo, aunque sí de romántico, en el sentido auténtico del término. Desde el primer episodio se nos deja claro cual va a ser el enfoque, un enfoque extraño para una serie de jovencitas inexpertas e ilusionadas, puesto que lo que va a hacer que Utena entre en la rueda de la trama es presenciar como, en una de las parejas, el chico abofetea a la chica, Anthy, y ésta lo acepta sin defenderse, porque es su pareja, porque el otro tiene derecho.

Un enfoque cínico? Completamente. Amar significa ser débil. Estar enamorado significa someterse a alguien. En las relaciones amorosas no puede haber igualdad, uno debe dominar, el otro ser dominado. Uno debe engañar al otro para conseguir sus fines, el otro preferir engañarse para alcanzar... ¿un poco de consuelo? ¿Un breve alivio?

Necios son los que creen entonces en el amor o la amistad, insensatos los que se dejan perder en ese laberinto, cuando lo que hay que hacer, como hacen los personajes que mueven los hilos en el mundo de Utena, es anotar conquista tras conquista, sin dejarse atar por ninguna, sin dejarse atrapar por nadie, sin creer en ninguna idea, sin confiar en ninguna persona, porque los que no obren así, sólo encontrarán la burla y el desprecio de los demás al final del camino.

Un mundo darwinista, entonces. Un mundo donde hay que mostrarse fuertes, un mundo donde hay que ocultar las debilidades, borrar los secretos de nuestras propias mentes para que no nos traicionen, aunque al final acaben brotando cuando bajamos la guardia, aunque al final acaben dominando y dirigiendo nuestras vidas, aunque al final las inunden de dolor y desesperación.

Porque los milagros no existen, aunque el lema aparente de la serie sea que si crees en los milagros, éstos se harán realidad. Auténticos milagros, en efecto, serán necesarios para sacar a cada uno de los personajes de su infierno particular, aquel que ellos mismos se han creado y en el que se han acostumbrado a vivir, tanto que son incapaces de concebir una vida fuera de él. Como la joven que se entrega al resto del colegio porque no puede conseguir el amor de su hermano, o la chica que se dedica a perseguir y abatir a las personas que seduce su hermano puesto que lo desea sólo para él, o los dos seductores de mujeres que acaban siendo tan machos y tan masculinos, tan habituados a utilizarlas como herramientas, que dejan de gustarles las mujeres.

Pero quizás el ejemplo paradigmatico del enfoque cónico y amargo de esta serie es la historia de Yuri, enamorada de la mujer que se llevó a su supuesto prometido, enamorada también del dolor que le produjo la pérdida de ambos, hasta el extremo de haberse construido una armadura con la que protegerse del mundo, un arma con la cual destruir toda otra relación amorosa que vea, puesto que si no puede existir la suya no puede existir ninguna ms. Arrastrada por su amargura, hasta el extremo de, incluso cuando su amada vuelve a su lado, no intentar recuperarla, sino luchar para que ella sea feliz en su lugar.

Hasta que en medio de la lucha, encuentra la revelación, repentina, tan dolorosa como tan llena de alivio, como un absceso que revienta y se vacóa.

Porque el verdadero milagro, no estriba en conseguir el objeto amado, sino en dejar de amarlo. Dejar de pensar en él. No despertarse cada día con su nombre en los labios.

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Pero éste es sólo uno de los temas. Nos queda el otro, no menos importante, aparentemente separado y sin conexión, pero atado y enredado al primero.

En el mundo de las "magical girl" siempre hay un enemigo al que combatir, pero en el mundo de Utena no existe tal enemigo.

Utena deberá enfrentarse, uno tras otro a los miembros del consejo escolar de internado Othori, pero estos combates, a espada y en un lugar fuera del espacio y el tiempo, son para conseguir a Anthy, la prometida de la rosa, aquella cuya posesión traer la Revolución al mundo, según anuncian los mensajes que vienen de los confines, signifique lo que signifique lo que acabamos de decir.

Así Utena acepta los combates, aunque ella en sí no desee ese poder de revolucionar el mundo, sino para defender a Anthy, al contrario que cada uno de los miembros del instituto que ansían ese poder prometido, esa fuerza apocalíptica que habrá de traer el milagro, de instaurar la eternidad, de abolir la muerte.

Luchando por Anthy, Utena cree haber tomado una decisión libre, pero se engaña, al igual que nos engañamos todos nosotros. Utena simplemente ha aceptado las reglas del mundo, sin cuestionarlas, ha preferido utilizar el escaso de margen de libertad que le ofrecen, antes que romper con ellas.

De este modo ha devenido una prisionera. Peor aún, una muerta en vida, alguien que se debate encerrada dentro de su propio ataúd como hacen todos, sujeta a reglas absurdas, atada y enredada en un mundo que ha velado la existencia del un mundo exterior.

Pero aún, porque, al igual que el resto de los alumnos del instituto Othori, ella no es más que un peón en manos de fuerzas mucho ms poderosas, fuerzas que a su vez no son más que títeres que bailan al ritmo de otros amos más poderosos. Puesto que el mundo en ella vive, el mundo en el que nos movemos nosotros, no es más que una ilusión, un sueño que nos emperramos en soñar, sin querer despertar, ya que nos negamos a enfrentarnos con la realidad, prefiriendo pensar que tenemos un sentido, una finalidad.

Un mundo cuya esencia es el ciclo y la repetición, pues sólo así alcanzamos la ilusión de la eternidad; donde los sueños son repetidamente ofrecidos, repetidamente hurtados, para que el impulso de alcanzarlos no se pierda, para que volvamos a intentarlo, una, dos, tres, las veces que haga falta, hasta que el agotamiento nos derrumbe, hasta que la muerte nos alcance..

Un mundo donde nuestros esfuerzos no son sino el combustible que hace avanzar a otros, que nunca se preocuparán por nosotros. Un mundo del que seremos borrados en cuanto nuestro papel se haya terminado. Un mundo en el que no quedará un recuerdo de nuestro paso.

Un mundo que continuar repitiéndose, cruel e indiferente, cuando ya no estemos.

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Entonces, tras 39 episodios, tres de ellos recopilatorios, otros bastante absurdos, algunos completamente intiles ¿cuál es la conclusin?

Que, en el caso de Anthy, ser liberada por otra persona, significa simplemente pasar de una esclavitud a otra, que sólo pueden ser libres aquellos que se liberan a sí mismos. En el caso de Utena, que los príncipes no existen, que los sueños que te animaban no eran ms que espejismos, que la felicidad puede estar en aquello en lo que no habías pensado nunca, pero que siempre había estado a tu lado.

Y no puedo dejar de oír, al pensar en la escena final de la serie, en el portazo que da Nora al final de Casa de Muñecas