domingo, 22 de septiembre de 2013

The Beltesassar List (XVI): A Legy/La mosca (1981) Ferenc Rofusz























Como todos los domingos ha llegado el momento de revisar uno de los cortos contenidos en las compilaciones de Beltesassar. Se trata de A Legy (la mosca) realizado en 1981 por el húngaro Ferenc Rofusz.

A la mayoría de los aficionados a la animación, la expresión animación húngara no les dirá mucho, aparte de tratarse de una de las ramas de la animación del este de Europa (de tiempos comunistas y post-comunistas), por lo que a priori tiene muchas posibilidades de ser interesante y notable. El paso del tiempo y la falta de ediciones fuera de Hungria ha mantenido las obras de esta escuela fuera de la vista del aficionado durante mucho tiempo, impidiendo que se le aprecie en su justa medida, pero hay que decir, para ser justos, que durante los años 70 y 80, la animación húngara fue una de las primeras del mundo, con figuras de primera fil como Jankovics (que dirigió esa obra maestra que se llama Feherlofia), Reisenbüchler, Kovasnai (de quien se puede encontrar en youtube esa fiesta para los ojos que se llama Foam Bath) o el mismo Rofusz, creador del corto que hoy comento.

A Legy es un auténtico tour-de-force animado. Con la excusa de representar lo que una mosca ve a lo largo de su vuelo, el corto consiste en un largo plano subjetivo en el que el animador se enfrenta al mayor reto  técnico de la animación 2D tradicional: en vez de animar personajes sobre un fondo estático, se procede a animar el fondo entero, convirtiéndolo en el personaje principal. Como puede suponerse, sólo unos pocos animadores están a la altura de este reto (piénsese en el Tezuka de Jumping), puesto que el menor fallo dará al traste con la ilusión de la animación....  fallos que son inevitables cuando se intenta repetir un dibujo entero una y otra vez, reflejando en cada fotograma/copia, las pequeñas variaciones que aparecerán debido a los cambios de perspectiva y posición de la cámara.

En este caso, el resto puede ser incluso más difícil que en el caso de Jumping, ya que el movimiento de una mosca, sus zigzags y cambios repentinos de velocidad, no son predecibles, o al menos no somos capaces de imaginárlos. El animador se ve entonces enfrentado a un dilema casi insoluble. Por un lado, una representación demasiado fiel, hiperrealista, sería rechazada por el espectador, ya que al no tratarse de imágenes documentales no se verá forzado a aceptarlas como verdaderas. Es preciso, por tanto, realizar un esfuerzo de adaptación - de deformación - que cree un nuevo espacio en el que el espectador pierda las referencias y se vea obligado a asumir unas nuevas reglas de juego, pero al mismo tiempo sería contraproducente alejarse demasiado de lo que el espectador puede reconocer como inteligible, como habitual. En otras palabras, una deformación, estilización demasiado evidente, dejaría a la vista el artificio, el hecho de que se trata de una reconstrucción que sólo existe en la mente del artista, con lo que el espectador la rechazaría por falsa y mentirosa.

Rofusz se las arregla, en un equilibrio de los que sólo se alcanzan una vez, en animar unos fondos dibujados de forma ultrarealista - cada uno un carboncillo que podría considerarse una ilustración perfectamente válida en solitario - pero hacerlo de una forma caótica, reflejo del vuelo de la misma, saltando de uno a otro en bruscas transiciones, que si bien mantienen una lógica interna - podemos predecir la secuencia - simulan a la perfección el funcionamiento de una mente no humana, cuyos instintos no obedecen a nuestras leyes. En ese sentido, como digo, el corto triunfa de forma completa, convirtiéndose en una de esas obras que vistas una vez, quedan en la memoria del aficionado, aunque se acabe olvidando el nombre del corto y del autor. Podría criticársele la inexistencia de un soporte argumental más firme - o mejor dicho, de simplicidad - pero algo que caracteriza a la animación es precisamente su autonomía de excusas literarias, expresado en su renuncia constante a la palabra y la palabrería. En esta forma cinematográfica el qué es el cómo, la forma se basta a sí misma, de manera que el hallazgo de nuevas formas de ver, de nuevas maneras de representación, torna innecesaria cualquier pretensión de profundidad, de mensaje o de literalidad.

Como siempre les dejo con el corto para que lo disfruten y lo admiren. Disculpen la mala calidad de las capturas y el vídeo, pero parece no haber ediciones decentes de esta obra. Carencias y negligencias que ya sabrán son comunes a la animación mundial, tan despreciada y denostada por el público ingnorante y los guardianes de la forma cinematográfica.