domingo, 17 de febrero de 2013

The World at War (XXIII): Pacific, February 1942-July 1945


































 Si en el capítulo de la semana pasada de The World at War se examinaba el conflicto desde el punto de vista de la población japonesa, éste se centra en la lenta ascensión por el Pacífico de las tropas americanas, saltando de isla a isla hasta llegar al territorio metropolitano del Japón.

Si a pesar de su cercanía, el desarrollo de la guerra en Europa está plagado de mitos y distorsiones, pueden imaginarse lo que ocurre con un conflicto tan lejano para nosotros - aunque involucrará a una de nuestras antiguas colonias, Las Filipinas - como el que enfentó a americanos y japoneses en el Pacífico. En la entrada de la semana pasada ya enumeré algunos de los más notables: la reducción de las operaciones a Pearl Harbour e Hiroshima, o la transformación del ejército japonés en una víctima - y por consiguiente héroe - de un imperialismo norteamericano más propio de los años sesente del siglo XX. Las lista, por ejemplo, no se detiene ahí, sino que se extiende incluso a los propios especialistas.

Curiosamente, uno de los mitos más persistentes, similar al de Stalingrado es el que convierte a la batalla de Midway en la batalla decisiva del conflicto, tras el cual el resto de las operaciones fueron un rosario de victorias de los norteamericanos. Ambos conceptos son estrictamente cierto, pero olvidan por una parte que Midway tiene todos los rasgos de un inmenso golpe de suerte - como en muchas campañas militares el azar y la casualidad son factores de un peso considerable - ya que nada hacía prever que tres portaaviones americanos fueran capaces de hundir cuatro japoneses, al coste de uno propio, especialmente tras los mediocres resultados que habían conseguido en ocasiones anteriores, producto de la falta de experiencia de las tripulaciones y de los defectos del material de guerra estadounidense.

Por otra parte, si bien Midway eliminó a la Kido Butai (la flota de portaaviones japonesa) como un elemento ofensivo, el Japón aún contaba con otros dos frente a los tres americanos, los cuales quedarían reducidos a uno solo - el Enterprise y éste gravemente averiado - a finales de 1942. Es en este contexto en el que se suele olvidar que la batalla realmente decisiva en el Pacífico fue Guadalcanal, un conjunto de batallas navales y terrestres que se extendió durante seis meses - de agosto de 1942 a febrero de 1943 - y en la que las fuerzas americanas arrabataron definitivamente la iniciativa a los japoneses, como ocurriría en el el frente del este en la batalla, mucho más corta de Kursk.

Conseguir esa supremacía naval, aerea no fue cosa fácil, y en más de una ocasión fueron los americanos estuvieron a punto de sufrir una derrota que equilibrase un tanto la humillación japonesa en Midway. No obstante, la campaña de Guadalcanal no fue otra cosa que una larga serie de batallas sin vencedor claro, lo que a la larga acabó beneficiando a los americanos, ya que mientras la marina y la aviación americana, apoyados en su poderío industrial, eran capaces de cubrir sus bajas con nuevos barcos, nuevos aviones y nuevos pilotos, la marina y la aviación japonesas acabaron quebrantadas, con sus mejores unidades y tripulaciones destruidas o dispersas, y cada nueva ofensiva estructurada alrededor de nuevas unidades bisoñas e insuficientes y medidas cada vez más desesperadas, que culminarían en el fenómeno de los ataques Kamikaze.

1943 fue un año de transición, un periodo tenso en que los americanos reunían la mayor flota que haya conocido el mundo - llegaron a tener quince portaaviones de ataque con un total de 1500 aviones de combate, mayor que muchas aviaciones terrestres del periodo -, mientras que los japoneses intentaban forjar una estrategia que les permitiese alcanzar una paz negociada del conflicto. Para desgracia del pueblo japonés, el mando supremo de su país concibió su defensa en términos fatalistas, intentando - como si se estuviese en la primera guerra mundial - que cada pequeño avance de los americanos fuera a costa de inmensas pérdidas humanas, que acabasen por ser inaceptables y forzasen esa paz negociada, en la que el Japón se les arreglase para conservar parte de su Imperio, como poco Manchuria, Formosa y Korea.

Los japoneses no contaban con el inmenso poderío industrial de los Estados Unidos, capaz de borrar a la marina y aviación japonesa del mapa. ni en que se limitarían a ocupar unas cuantas islas estratégicas, dejando las otras aisladas, ocasionando la pérdida de incontables unidades japonesas valiosas sin necesidad de malgastar una sola bala e impidiendo concentrarlas donde hacía falta. No obstante, ninguna de las islas donde los americanos desembarcaron fue fácil. A medida que se acercaban al Japón, el numero de soldados japoneses se incrementaba - unos pocos miles en Tarawa, decenas de miles en Saipan, cientos de miles en Okinawa - con las pérdidas americanas creciendo proporcionalmente, ayudadas por la resistencia a ultranza de las tropas japonesas, normalmente aniquiladas por completo, excepto unos pocos supervivientes - precisamente, el alto número de prisioneros en Japoneses, fue el primer signo del derrumbamiento japonés.

En ese sentido, el plan japonés estaba funcionando, la resistencia a ultranza en las islas y el fenómeno Kamikaze, provocarón pérdidas espectaculares en las unidades japonesas, hasta el extremo de que algunas unidades quedaron tan debilitadas que tenían que ser retiradas del frente durante largos periodos tras cada operación, limitando el número de tropas que los americanos podían desplegar y los objetivos que podían atacar. Sin embargo, en otro sentido, la estrategía japonesa se volvió contra ellos mismos, el hecho de que toda su resistencia fuera suicida impedía que se pudieran aprender y refinar los métodos, obligando a enfrentarse siempre con tropas sin ninguna experiencia en el combate con los americanos. Por otra parte, ayudado por el hecho de los tintes racistas de  este conflicto - en la propaganda americana los japoneses eran representados como cucarachas y ratas a las que había que erradicar - el mando americano empezó a plantearse el conflicto en términos de exterminio, plasmado en la política espontanea de no tomar prisioneros de las unidades de Infantería americanas y el bombardeo sin piedad de los centros de población japoneses.

Una política que culminaría en el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en una ilustración perfecta del "causemosles el mayor número de muertos posible para obligarles a negociar" del mando japonés, sólo que vuelto contra los propios japoneses.