sábado, 16 de febrero de 2013

Economic Planning for Destruction (y II)

On 22nd June, the Third Reich launched not only the most massive campaign in military history, it also unleashed an equally unprecedented campaign of genocidal violence. The concentrated focus on the destruction of the Jewish population has come to be seen as the truly defining aspect of this campaign. However, in Eastern Europe, the epicentre of the Holocaust, the Judaeocide was not an isolated act of murder. The German invasion of the Soviet Union is far better understood as the last great land-grab in the long and bloody history of European colonialism. Destroying the Jewish population was the first step towards rooting out the Bolshevik state. What was to follow was a gigantic campaign of land clearance and colonization, which also involved the "clearance" of the vast majority of the Slav population and the settlement of millions of hectares of Eastern Lebensraum with German colonists. Complementing this long-term programme of demographic engineering was a short-term strategy of exploitation, motivated by the "practical"  need to secure the food balance of the German Grossraum. The attainment of this entirely "pragmatic" objective required nothing less than the murder, by organized famine, of the entire urban population of the western Soviet Union.

The Wages of Destruction, Adam Tooze

En la entrada anterior había señalado como el enfoque que económico que Tooze aplica al nazismo y a la segunda guerra mundial sirve no sólo para ver los hechos conocidos de una manera fresca y reveladora, sino especialmente para demoler muchos de los mitos y justificaciones que los historiadores revisionistas, siempre con un ideario político más que específico, hacen pasar como hechos ciertos y comprobados.


Ya había señalado como Tooze desmonta ese mito/excusa consistente en hacer decir al Nazismo algo como: "La guerra me hizo así", intentando convertir a Hitler y su ideario político en un ideología respetable a la que la necesidad de los hechos convirtió en asesina despiadada. "Como ocurre en todas las guerras" suelen apostillar. Tooze deja bien claro que la economía del Nazismo estaba orientada, desde la toma del poder en 1933, a preparar una guerra de agresión contra los países del Este de Europa y cualquier otra potencia que pretendiese impedir la expansión germana en Polonia y la URSS, de manera que es imposible separar los conceptos nazismo y guerra, o pensar en un sistema nazi en tiempo de paz, excepto una vez vencedor de sus enemigos europeos y ultramarinos: los EEUU, the ultimate boss en la partida por el dominio del mundo.

Hay otra rama revisionista, más perversa aún, si cabe, en la que se acepta el carácter belicista  de la Alemania nazi e incluso su profundo antisemitismo encarnado en el Holocausto, como ejemplo paradigmático. Esta aceptación, en línea con los hechos innegables, es sólo una astuta maniobra, ya que se aprovecha el impacto del Holocausto, para argumentar que el carácter criminal del nazismo sólo se aplicaba a los europeos de origen judío, insinuando que el resto podrían haber vivido tranquila y felizmente en el Nuevo Orden nazi, como el ejemplo de tantos colaboracionistas vendría a demostrar. Reducido así el ámbito de la maldad nazi, el siguiente paso es librar una acción de zapa, por la que las cifras del exterminio son revisadas una y otra vez a la baja, hasta resultar comparables con, por ejemplo, los muertos en la campaña de bombardeo estratégico angloamericano, volviendo de nuevo al viejo argumento de "la guerra es el infierno y todos fueron culpables".

No obstante, si bien las cifras de muertos en los campos de exterminio fue mucho menor de la que inicialmente se propagó, lo que los revisionistas callan es que Auschwitz, Treblinka, Belzec y Sobibor sólo fueron un aspecto del esterminio, como demuestra el millón y medio de judios soviéticos eliminados por los Einsatzkommandos entre 1941 y 1942. No obstante. más importante que esto es dejar de manifiesto que la violencia racial del sistema nazi no estaba orientada sólo a los judios y que la victoria final de los ejércitos alemanes hubiera conducido al exterminio de otros grupos étnicos europeos, un objetivo final que fue impedido por la marcha de las operaciones militares, pero que aún así, en medio del contexto de una guerra que exigía todos los recursos disponibles de Alemania, llegó a alcanzar la mítica cifra de seis millones de judios y - no lo olvidemos - otros seis millones de civiles europeos.

¿Porque hablo de un segundo exterminio? Como Tooze explica - y todo fan de la segunda guerra mundial debería saber - el objetivo último del sistema nazi era labrarse un imperio colonial en el corazón de Europa, en las tierras polacas y soviéticas. Este objetivo implicaba que el desprecio racista  y la violencia despiada con la que los europeos habían despojado de sus tierras a multitud  de pueblos americanos, africanos y asiáticos sería aplicada ahora sobre otros europeos. Fuera de Europa, la construcción de los imperios coloniales se había fundamentado en tres pilares, expansión militar que destruyera las entidades políticas nativas, colonización de territorio mediante la fundación de granjas ocupadas por europeos - y reducción por tanto de la ciudad a mero centro político, pero no social - y reducción de las poblaciones nativas a meros siervos al servicio de los nuevos amos, cuando no eran exterminados simple y llanamente.

Tal y no otro sería el método aplicado por los nazis en el Este de europa, con la diferencia de que no se enfrentaban a tribus dispersas en inmensos espacios, sin a paises similares a Alemania con una larga tradición de cultura urbana. Esto implicaba que, si Alemania quería convertir el este de Europa en su paraíso colonial, el granero que alimentase al núcleo original, tendría que eliminar a gran parte de la población que allí habitaba, bocas inútiles que serían abandonadas a su suerte - la muerte por inanición - para que los nuevos amos y señores pudieran seguir viviendo, en estricta aplicación de los postulados darwinistas tan caros a los jerarcas nazis.

Ese precisamente ese desprecio por las poblaciones de los países ocupados - cuyo destino, el exterminio - ya estaba decidido, el que explica que el total de otros europeos exterminados por los nazis sea similar al de judios exterminados en el holocausto, ya que en el debemos añadir todos aquellos que fueron asesinados para quebrar cualquier asomo de vida espiritual en los futuros esclavos, los que fueron exterminados para extirpar de raíz cualquier intento de resistencia armada contra los ocupantes, los que trabajaron hasta la muerte deportados en Alemania sirviendo al esfuerzo de guerra nazi o lo que fueron dejados morir de hambre, despojados de sus medios de subsistencia, porque los señores arios tenían prioridad absoluta.

Porque no hay que olvidarlo, para los nazis sólo los arios tenían derecho a vivir, mientras que el resto de Europeos deberíamos sentirnos afortunados si nos dejaban servir a la raza superior, destino infinitamente mejor que el de todos los que iban a ser exterminados, más tarde o más temprano.