martes, 17 de julio de 2012

Nihilism















Tras varios meses, casi un año, he conseguido terminar el Pack Jean Rouch editado por intermedio. Mi lentitud en asimilarlo no se ha debido, por supuesto, a ninguna dificultad por parte del documentalista galo, ya que por el contrario, su obra me parece especialmente accesible, aunque quizás esta facilidad sea un efecto secundario de mi larga experiencia como cinéfilo.

La razón de mi parsimonia visual se debe en gran parte a que este último año ha sido bastante duro, de ésos en que el cansancio se acumula y es imposible librarse de él, con lo que en demasiadas ocasiones tuve que renunciar a ver el film que tenía programado, por miedo a no hacerle justicia. Por otro lado, Rouch no me parece uno de esos cineastas que merezcan darse un atracón, que en demasiadas ocasiones sólo demuestra el ansia del cinéfilo por ponerse medallas, sino que consideré que merecía verse con holgados espacios entre sus películas, de forma que pudiese digerirlo y asimilarlo.

La experiencia, como podrán haber apreciado los que sigan estas apresuradas reseñas, mereció la pene, y Rouch por muchas razones se ha convertido en uno de mis directores favoritos.

La penúltima obra que he visto de él, de las contenidas en el pack, es Les veuves de quinze ans, una breve crónica de la juventud parisina de los años 60, antes del estallido de la revolución del 68. En ella Rouch utiliza su probada técnica de rodar documentales que no son documentales, películas que buscan reflejar la realidad tal como es en ese momento, pero en las que existe un punto de ficción tolerado, cuyo origen suele estar en los mismas personas que el documental retrata.

El corto de Rouch tiene un interés adicional, sin embargo. Al haber sido rodado antes que el mito del 68 se crease, antes incluso de que la generación de los 60 tomase consciencia de sí misma, la visión que ofrece sobre ese tiempo de cisura es completamente distinta a la versión que nos ha sido legada, describiendo ese momento como un conflicto generacional.

He escrito esas últimas palabras, conflicto generacional,  y he tenido que detenerme, porque la imagen que evocan no es la que muestra el documental de Rouch. Hay en el documental, es cierto, una oposición entre generaciones, pero la forma en la que se expresa no es la simplificada que se utiliza usualmente en los productos comerciales, en la que la substitución de los viejos por los jóvenes no provoca ningún cambio social o político, sino simplemente la metamorfosis de unos en los otros. En este caso, desde las primeras imágenes, lo que el documental de Rouch deja claro es que el motor del conflicto es esencialmente filosófico, entre una edad madura que ha perdido todos sus ideales, en este caso de derechas, como conviene a la alta burguesía representada, y es consciente de ello, y una juventud que no tiene ninguno, ni pretende ya encontrarlos, porque los ejemplos que se le ofrecen no le convienen en absoluto, como es el caso de la joven versada en literatura clásica cuyas lecturas son frontalmente opuestas a su personalidad, ya que esos clásicos niegan de plano la existencia de mujeres inteligentes y cultas.

El rasgo definitorio de esa juventud pre68, es por tanto, el nihilismo y el escepticismo, lo cual puede resultar chocante para todos los que conozcan el mito creado a posteriori. Sin embargo, para todo aquel que recuerde aún su adolescencia, sabrá que el sentimiento de estar irremediablemente perdido, sin referencias ni guías, es precisamente la experiencia central de cada joven que alguna vez lo haya sido. Una confusión original de la cual surgirán, como salvavidas, las certezas alrededor de las cuales se construirá la personalidad y que regirán, sea directamente o a contrapelo, la vida futura.

Una seguridades que en ese momento no existen ni se cree que puedan existir y que convierte a ese conflicto generacional, más en una guerra civil de la juventud y el individuo contra ellos mismos, que en un combate entre adolescentes y mayores, de la cual, como digo, el sistema saldrá reforzado y consolidado.