miércoles, 3 de noviembre de 2010

Otherwordly (y III)/Sex Roles





Disculpa Allen...


...creo que puedo descubrir donde se encuentra Van.


Admito que tenías razón en lo del ataque al castillo, pero...



¡No fue por casualidad! ¡Puedo presentir esas cosas!


 Las presiento desde pequeña.



Veo cosas que no puedo explicar


Es un don cada vez más poderoso.




Seguro que es cierto.


Pero es a nosotros, los caballeros, a los que les compete actuar. ¿entiendes?






¡En ese caso, ponedme a prueba! ¡Os lo ruego!

 Si algo llamaba la atención del anime de antaño, o al menos del que nos llegaba, era su elevada proporción de heroínas y su inesperado feminismo, más aún procedente de una cultura esencialmente machista, como era y es aún la japonesa.

Esa diferencia con lo que estábamos acostumbrados a ver en occidente, donde tantas veces la presencia de la mujer se reducía a objeto decorativo para disfrute del protagonista o como mucho a acompañante de sus hazañas, pero siempre subordinada y a remolque de él, parece haberse atenuado con los años, especialmente en la última década... y no porque la mujer haya tomado un papel más activo y preponderante en la ficción occidental, que lo ha hecho, sino porque se ha producido una regresión en el anime.

No es ya que la edad física de las protagonistas sean cada vez menor o que la forma en que se las dibuja las represente como niñas que no han entrado aún en la pubertad, una manera como cualquier otra de mantenerlas en un limbo temporal en el que no se suponen que no pueden ejercer su madurez. Es simplemente que las características mentales que se promueven y que se suponen preferidas por el público masculino, se reducen a la inocencia, una torpeza que se supone mona, cuando no directamente un explícito  retraso mental que permite que los protagonistas masculinos, y por tanto el espectador, se puedan colocar por encima de los protagonistas femeninos, que dependen por entero de ellos y sus decisiones.

 En este sentido, dudo si la tendencia a adapta juegos de citas es un síntoma o una causa de esta situación, pero la cuestión en que en todos estos suele aparecer una joven, esa joven/niña que tanto gusta a los orientales, afectada por una serie de problemas de los cuales sólo puede ser salvada o liberada por el personaje masculino protagonista e indirectamente por el espectador, negando a las protagonistas cualquier posibilidad o via de liberarse por sí mismas y reforzando la idea de que toda mujer necesita un hombre que la guié y la enseñe.

Puede parecer exagerado lo que digo, producto de un feminismo extremista, algo anticuado e impropio de una persona de sexo masculino, como es quien escribe estas líneas. Sin embargo, mi revisión de la serie Escaflowne, me ha hecho darme cuenta de las enormes diferencias que separan esta serie de las de ahora mismo, apenas quince años más tarde. No es ya que la protagonista absoluta de la historia sea una mujer, Kanzaki Hitomi, y que los hilos argumentales junto con su resolución giren alrededor de sus actos. No, otras series han adoptado esa misma premisa y el resultado no es absoluto feminista, puesto que en esos caso el desencadenante, quien pone el mecanismo en movimiento y quien lo dirige es un hombre, y la mujer se dedica a seguirlo, reducida a mera llave o artefacto mágico.

En el caso de Escaflowne, por el contrario y como bien muestra la secuencia ilustrada, la protagonista tienen una opinión bien formada de cómo deben ser las cosas y está dispuesta a luchar por defender sus ideas, sin aceptar que se le trate con deferencia o que se le haga de menos por el hecho de ser mujer, como ocurre con el mundo caballeresco al que ha sido transportada, donde los hombres luchan y las mujeres esperan.

Exigiendo en definitiva que se la juzgue por sus méritos y sus virtudes, no por ideas preconcebidas, dispuesta  como digo a no dejarse avasallar y sin miedo a actuar por sí misma cuando la ocasión lo precise. como ocurrirá unos minutos más tarde, cuando deba acudir al donde tiene lugar el combate, para salvar a uno de sus nuevos amigos.