jueves, 14 de octubre de 2010

Pleasure Of Movement (y I)

































Unas cuantas entradas más atrás, ya había trazado una semblanza de esta magnífica serie, centrándome en como intentaba abordar la situación de un mundo en que los robots eran completamente indistinguibles de los humanos. Un análisis que, como corresponde a un arte visual, se insinuaba en su presentación, al abundar en planos en que los humanos se mostraban inmóviles, como muñecos sin alma, y en el que los robots transitaban, sin solución de continuidad, entre una inexpresividad propia sin alma y la simulación completa y veraz de los manierismos humanos, ilustrando aquel axioma que viene a decir que si algo parece y se comporta como humano, debe ser humano, independientemente de que sea natural o artificial.

En esta ocasión, el objeto de mi comentario es la película realizada a partir de la serie, una cinta que ata los breves episodios que se emitieron, apenas de seis minutos de duración, con nuevas escenas que sirven para iluminar aspectos que habían quedado en la penumbra en la obra original. Puesto que el tema y la trama de la película siguen siendo los mismos que los de la serie, poco hay que añadir a lo que señalé en la entrada que corresponde, sin embargo, el mayor presupuesto de la serie, permite unas ilustraciones mucho mejores de ese concepto de humanidad basado en la expresividad y el movimiento, como muestra la magnífica y larga secuencia que intentado capturar, de una simpleza apabullante, sólo una mujer que se peina ante un espejo, pero al mismo tiempo de una belleza realmente sobrecogedora, al menos para aquellos que, como yo, compartan el amor por los pequeños detalles, por los pequeños gestos, por todo lo cotidiano que hace la vida digna de ser vivida.

Es más, dado que la animación es un arte que se propone la reconstrucción del movimiento y cuya grandeza se juzga precisamente por la calidad de la reproducción de ese movimiento (y hay que tener en cuenta que reproducción no significa copiar, sino hacerlo creíble y verosímil con multitud de pequeñas modificaciones y traiciones) esta secuencia es una inmensa mínima obra maestra, más valiosa que todos los malabarismos actuales, que todas las proezas técnicas con las que la 3D pretende apabullarnos y asombrarnos.

Porque, como siempre digo, esto es la obra de alguien que ha sabido observar la realidad, desmenuzarla en sus más mínimos detalles y volver a reconstruirla como si estuviera pasando ante nuestros en ese mismo instante, para que podamos disfrutarla y degustarla.