martes, 9 de diciembre de 2014
lunes, 8 de diciembre de 2014
El Año olvidado (y II)
At 19:50 hours the silence was again broken, this time by a high pitched voice chanting in Japanese from the depths of the Jungle. The one voice (and a beautiful voice it was) would recite for about one minute, after which the chant would be taken up by a number of other voices, rather nearer to where the 2/10th lay quietly waiting. Upon the second group completing their recitation, a third group, obviously comprising some hundreds of the enemy, and closer again, would sing in sonorous unison. This procedure was repeated three times. Whether it was some form of religious rite, or merely a boasting recital calculated to inspire courage in the chanters and despair in the hearts of the listeners, is not known, not did the batallion ever again hear this type of musical performance.
Eric Bergerud, Touched with fire: The Land War in the South Pacific.
A las 19:50, el silencio se quebró de nuevo, esta vez por una voz aguda salmodiando en Japonés desde las profundidades de la jungla. Esa voz (y bien hermosa que era) solía recitar durante un minuto aproximadamente, tras lo que el canto era continuado por varias otras voces, mucho más cerca de donde estaba desplegado en silencio el batallón 2/10. Una vez que el segundo grupo había terminado de recitar, un tercero, obviamente formado por cientos de enemigos, y aún más cercano, cantaba fuertemente al unísono. Este procedimiento se repitió tres veces. Si era algún tipo de rito religioso, o simplemente un alarde pensado para insuflar valor en los cantantes y desesperación en los corazones de los oyentes, es desconocido, y el batallón jamás volvió a escuchar ese tipo de representación musical.
Hace unos días les hablaba del libro Fire in the Sky, de Eric Berguerud, en el que se narra el largo forcejeo entre las fuerzas aéreas aliadas y japonesas en el pacífico sur -Nueva Guinea, las Islas Salomón y las Islas Bismarck - durante el periodo del verano de 1942 a la la primavera de 1944. En esa ocasión les indicaba los varios defectos de esta obra de Berguerud, entre ellos la copia literal de secciones enteras de un libro suyo anterior: Touched with Fire, que trataba del mismo teatro de operaciones en el mismo periodo, pero centrándose en esta ocasión en las operaciones terrestres. Esos pasajes repetidos no son lo único que Fire in the Sky heredó de Touched with Fire, sino también la mayor parte de sus errores que se encuentran también en la obra más temprana, sólo que aumentados y amplificados.
El principal problema es simplemente que aunque la obra se pretenda un análisis objetivo de esa campaña desde ambos bandos, Berguerud escribe claramente sólo para uno de ellos, sobre el que recaen sus simpatías. El autor intenta justificar ese desequilibro arguyendo la dificultad de entrevistar a los veteranos japoneses, al no dominar su idioma, pero esa barrera lingüisticas no debería haberle impedido recurrir a fuentes secundarias que sí han tenido acceso de primera mano a esos testimonios y de las que existen multitud de publicaciones en lenguas occidentales. Como consecuencia, mientras que las operaciones militares aliadas se explican en todo detalle y se las confiere un viso de racionalidad - o se muestran a las claras sus errores - la japonesas se tornan absurdas e incomprensibles, producto de una mentalidad de la que nos separa un abismo.
Eric Bergerud, Touched with fire: The Land War in the South Pacific.
A las 19:50, el silencio se quebró de nuevo, esta vez por una voz aguda salmodiando en Japonés desde las profundidades de la jungla. Esa voz (y bien hermosa que era) solía recitar durante un minuto aproximadamente, tras lo que el canto era continuado por varias otras voces, mucho más cerca de donde estaba desplegado en silencio el batallón 2/10. Una vez que el segundo grupo había terminado de recitar, un tercero, obviamente formado por cientos de enemigos, y aún más cercano, cantaba fuertemente al unísono. Este procedimiento se repitió tres veces. Si era algún tipo de rito religioso, o simplemente un alarde pensado para insuflar valor en los cantantes y desesperación en los corazones de los oyentes, es desconocido, y el batallón jamás volvió a escuchar ese tipo de representación musical.
Hace unos días les hablaba del libro Fire in the Sky, de Eric Berguerud, en el que se narra el largo forcejeo entre las fuerzas aéreas aliadas y japonesas en el pacífico sur -Nueva Guinea, las Islas Salomón y las Islas Bismarck - durante el periodo del verano de 1942 a la la primavera de 1944. En esa ocasión les indicaba los varios defectos de esta obra de Berguerud, entre ellos la copia literal de secciones enteras de un libro suyo anterior: Touched with Fire, que trataba del mismo teatro de operaciones en el mismo periodo, pero centrándose en esta ocasión en las operaciones terrestres. Esos pasajes repetidos no son lo único que Fire in the Sky heredó de Touched with Fire, sino también la mayor parte de sus errores que se encuentran también en la obra más temprana, sólo que aumentados y amplificados.
El principal problema es simplemente que aunque la obra se pretenda un análisis objetivo de esa campaña desde ambos bandos, Berguerud escribe claramente sólo para uno de ellos, sobre el que recaen sus simpatías. El autor intenta justificar ese desequilibro arguyendo la dificultad de entrevistar a los veteranos japoneses, al no dominar su idioma, pero esa barrera lingüisticas no debería haberle impedido recurrir a fuentes secundarias que sí han tenido acceso de primera mano a esos testimonios y de las que existen multitud de publicaciones en lenguas occidentales. Como consecuencia, mientras que las operaciones militares aliadas se explican en todo detalle y se las confiere un viso de racionalidad - o se muestran a las claras sus errores - la japonesas se tornan absurdas e incomprensibles, producto de una mentalidad de la que nos separa un abismo.
domingo, 7 de diciembre de 2014
viernes, 5 de diciembre de 2014
martes, 2 de diciembre de 2014
El año olvidado (I)
Japanese formations above the level of shotai (la escuadrilla básica japonesa de tres aviones en la Segunda Guerra Mundial) mystified American pilots during the war and remain difficult to explain. If there was any structured formation designed for aircraft to support one another, American pilots could not recognise it. In after-action reports from all parts of the South Pacific throughout the story period described Japanese units as "gaggles" of birds or "swarms of bees". Regularly American pilots would see Japanese aircraft doing various acrobatic maneuvers or engaging in mock combat. A typical description was written during the war by William Gardner, an ace with the 5th USAAF 8th fighter group, "My first contacts with the enemy were in the latter part of 1943. The Jap fighter formations were loose and could be recognized in the distance as a swarm of flies. Many of the planes would flip momentarily on their backs for a good look underneath, and other would be rolling"
Fire on The Sky: The Air War in the South Pacific, Eric M. Begerud.
Las formaciones japonesas por encima del Shotai (escuadrilla básica japonesa de tres aviones en la Segunda Guerra Mundial) confundían a los pilotos americanos durante la guerra y siguen siendo difíciles de explicar. Si existía una formación estructurada que permitiese a los aviones defenderse unos a otros, los pilotos americanos no podían descubrirla. Los informes escritos tras las acciones del Pacífico Sur durante el periodo de estudio describían a las unidades japonesas como "bandadas" de pájaros o "enjambres de abejas". Con frecuencia, los pilotos americanos veían a los aviones japonesas realizar diferentes maniobras acrobáticas o enfrentándose en combates simulados. Una descripción tipo fue escrita durante la guerra por William Gardener, un as del octavo grupo de combate de la quinta flota aerea de la USAAF: "Mis primeros contactos con el enemigo tuvieron lugar al final de 1943. Las formaciones de cazas japonesas eran abiertas y en la distancia se asemejaban a un enjambre de moscas. Muchos de los aviones se invertían un instante para tener una buena visión hacia abajo, mientras que otros hacían barriles".
En la narraciones de la Guerra del Pacífico, suele haber un año perdido. El relato suele centrarse en los primeros seis meses de victorias relámpago japonesas, equilibrándolo con la reacción americana posterior, expresada en los hitos del Mar del Coral, Midway y la larga campaña de Guadalcanal. Una vez establecida la superioridad aliada a finales de 1942 con esas tres batallas, la historia se interrumpe hasta finales de 1943 con el asalto de los marines a Tarawa, que marca el inicio de la lenta y sangrienta progresión que llevaría a la rendición japonesa en 1945 tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas.
Entre medias queda el largo año de 1943 en el Pacífico.
Fire on The Sky: The Air War in the South Pacific, Eric M. Begerud.
Las formaciones japonesas por encima del Shotai (escuadrilla básica japonesa de tres aviones en la Segunda Guerra Mundial) confundían a los pilotos americanos durante la guerra y siguen siendo difíciles de explicar. Si existía una formación estructurada que permitiese a los aviones defenderse unos a otros, los pilotos americanos no podían descubrirla. Los informes escritos tras las acciones del Pacífico Sur durante el periodo de estudio describían a las unidades japonesas como "bandadas" de pájaros o "enjambres de abejas". Con frecuencia, los pilotos americanos veían a los aviones japonesas realizar diferentes maniobras acrobáticas o enfrentándose en combates simulados. Una descripción tipo fue escrita durante la guerra por William Gardener, un as del octavo grupo de combate de la quinta flota aerea de la USAAF: "Mis primeros contactos con el enemigo tuvieron lugar al final de 1943. Las formaciones de cazas japonesas eran abiertas y en la distancia se asemejaban a un enjambre de moscas. Muchos de los aviones se invertían un instante para tener una buena visión hacia abajo, mientras que otros hacían barriles".
En la narraciones de la Guerra del Pacífico, suele haber un año perdido. El relato suele centrarse en los primeros seis meses de victorias relámpago japonesas, equilibrándolo con la reacción americana posterior, expresada en los hitos del Mar del Coral, Midway y la larga campaña de Guadalcanal. Una vez establecida la superioridad aliada a finales de 1942 con esas tres batallas, la historia se interrumpe hasta finales de 1943 con el asalto de los marines a Tarawa, que marca el inicio de la lenta y sangrienta progresión que llevaría a la rendición japonesa en 1945 tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas.
Entre medias queda el largo año de 1943 en el Pacífico.
domingo, 30 de noviembre de 2014
sábado, 29 de noviembre de 2014
jueves, 27 de noviembre de 2014
Enumeraciones y Repeticiones/Poeta de la Democracia (I)
I believe a leaf of grass is no less than the journeywork of the stars,
And the pismire is equally perfect, and a grain of sand, and the egg of the wren,
And the tree-toad is a chef-d'ouvre for the highest,
And the running blackberry would adorn the parlors of heaven,
And the narrowest hinge in my hand puts to scorn all machinery,
And the cow crunching with depressed head surpasses any statue,
And a mouse is miracle enough to stagger sextillions of infidels,
And I could come every afternoon of my life to look at the farmer's girl boiling her iron tea-kettle and baking shortcake. Walt Whitman, Leaves of Grass (edición de 1855)
Creo que una brizna de hierba no es menor que el diario viaje de las estrellas
Y que la formica es igualmente perfecta, y un grano de arena y el huevo del reyezuelo
Y que la rana arborea es una obra maestra en grado sumo
Y que la zarzamora adornaría las salas del cielo
Y que la menor articulación de mi mano ridiculiza toda maquinaria
Y la vaca, paciendo con su cabeza inclinada sobrepasa a cualquier estatua
Y que un ratón es milagro suficiente para asombrar a sextillones de infieles
Y que podría pasar todas las tardes de mi vida mirando a la hija del granjero mientras hierve el agua en su tetera de hierro y cuece un pastel
Aunque todavía quede algo de tiempo para el aniversario, el caso es que este año es el décimo de existencia de este blog. Dudo que quede alguien que lo haya seguido desde sus primeros tiempos, así que les cuento que el primer año fue bastante difícil para el recién nacido y casi estuvo a punto de perecer antes desarrollarse , por falta de regularidad en sus publicaciones. Curiosamente, por ese tiempo, verano-otoño de 2005, me hallaba enfrascado en la lectura de Whitman, cuya influencia se filtró en las pocas entradas de aquel periodo, mezclada con otra de mis obsesiones de entonces, el manga YKK.
Ahora, como podrán haberse dado cuenta, vuelvo a releer a Whitman, en la misma magnífica edición de entonces. Se trata una de la Library of America que recoge tanto la primera versión de Leaves of Grass, publicada en 1855, como la definitiva de los años 90, llamada "deathbed edition" ya que unicamente la muerte del poeta evitó que volviera a sacar una nueva edición, ampliada, remozada y corregida, como llevaba haciendo durante los cuarenta años anteriores, en los que el libro engordó de 150 páginas a casi 500.
martes, 25 de noviembre de 2014
domingo, 23 de noviembre de 2014
jueves, 20 de noviembre de 2014
martes, 18 de noviembre de 2014
domingo, 16 de noviembre de 2014
sábado, 15 de noviembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
domingo, 9 de noviembre de 2014
sábado, 8 de noviembre de 2014
Solo hay un combate y es el del amor
| Si je vous dis : " j'ai tout abandonné " C'est qu'elle n'est pas celle de mon corps, Je ne m'en suis jamais vanté, Ce n'est pas vrai Et la brume de fond où je me meus Ne sait jamais si j'ai passé. L'éventail de sa bouche, le reflet de ses yeux, Je suis le seul à en parler, je suis le seul qui soit concerné Par ce miroir si nul où l'air circule à travers moi Et l'air a un visage aimant, ton visage, A toi qui n'as pas de nom et que les autres ignorent, La mer te dit : sur moi, le ciel te dit : sur moi, Les astres te devinent, les nuages t'imaginent Et le sang de la générosité Te porte avec délices. Je chante la grande joie de te chanter, La grande joie de t'avoir ou de ne pas t'avoir, La candeur de t'attendre, l'innocence de te connaitre, O toi qui supprimes l'oubli, l'espoir et l'ignorance, Qui supprimes l'absence et qui me mets au monde, Je chante pour chanter, je t'aime pour chanter Le mystère où l'amour me crée et se délivre. Tu es pure, tu es encore plus pure que moi-même. | Si te digo: "He abandonado todo" Es que ella no es ya en mi cuerpo. Nunca me he enorgullecido No es cierto Y la bruma de fondo en la que me hallo No sabe jamás si yo he pasado. El abanico de su boca, el reflejo de sus ojos, Yo soy el unico que habla de ellos Yo soy el único preocupado Por ese espejo tan vano que el aire circula a mi través Y el aire tiene un rostro amante, tu rostro, A ti que no tienes nombre y los otros ignoran La mar te dice: sobre mí, el cielo te dice: sobre mí Lo astros te adivinan, las nubes te imaginan Y la sangre de la generosidad te lleva con delicias Canto a la gran dicha de cantarte La gran dicha de tenerte y de no tenerte El candor de esperarte, la inocencia de conocerte O tú que suprimes el olvido, la esperanza y la ignorancia Que suprimes la ausencia y me sitúas en el mundo Yo canto para cantar, te amo para cantar El misterio por el que el amor me crea y se entrega. Tú eres pura, tú era aún más pura que yo mismo. |
Paul Eluard, Capital de la douleur
He estado leyendo estas semanas una antología de los poemas de Paul Elouard recopilada por el propio poeta, cuyo nombre J'ai un visage pour être aimé (Tengo un rostro para ser amado), dice mucho de qué temas consideraba este escritor como centro de su labor poética, aunque fuera a regañadientes. Desgraciadamente, esta compilación ha resultado ser una pequeña decepción, en parte provocada por la profunda impresión que me había causado hace unos años otro de sus libros: Capital de la Douleur (Capital del dolor) de 1926.
Pero vayamos por partes.
Cuando leí Capital de la Douleur me hallaba yo en proceso de enamoramiento, en los umbrales de un amor que creí gozoso pero que luego resultó ser otra más de mis catástrofes sentimentales. En ese momento, el de mi lectura, yo no sabía aún eso, pero digamos que me hallaba en el estado anímico preciso para conectar con el libro de Elouard, aunque, paradójicamente, esa colección de poemas no sea otra cosa que un intento de hacer balance tras un terrible desengaño amoroso, el que ligara y desligara en este tiempo a Elouard, su mujer Gala y el pintor surrealista alemán Max Ernst.
jueves, 6 de noviembre de 2014
martes, 4 de noviembre de 2014
Experimentos
En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o talvez qué habrá pasado.
Has venido temprano a otros asuntos,
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos,
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.
Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.
En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a sombra.
César Vallejo, Trilce XV
Sería un acto de vanidad pensar que a estas alturas voy a descubrir a alguien quién era César Vallejo o la importancia que tiene dentro de la literatura en lengua castellana. Su nombre figura en los manuales escolares - o debería, hace mucho que dejé el colegio - y su obra ha sido objeto de profundos estudios, mucho más acertados y meditados que lo que puedan ser cuatro párrafos escritos deprisa y corriendo en una entrada de un blog apenas visitado.
Baste decir aquí que es uno de mis poetas favoritos, de esos que tienen la capacidad de acompañarte durante toda la existencia y a los que vuelves una y otra vez, a reencontrarte con él, a reencontrarte contigo, sin que se produzca el efecto de la desilusión y desencanto - como me ha ocurrido, por otra parte con otros poetas de fama, caso de Machado -. La intención de estas notas apresuradas no es otra que dejar constancia de mi admiración e intentar explicarla un tanto, a mí y a mis lectores.
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o talvez qué habrá pasado.
Has venido temprano a otros asuntos,
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos,
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.
Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.
En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto...
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a sombra.
César Vallejo, Trilce XV
Sería un acto de vanidad pensar que a estas alturas voy a descubrir a alguien quién era César Vallejo o la importancia que tiene dentro de la literatura en lengua castellana. Su nombre figura en los manuales escolares - o debería, hace mucho que dejé el colegio - y su obra ha sido objeto de profundos estudios, mucho más acertados y meditados que lo que puedan ser cuatro párrafos escritos deprisa y corriendo en una entrada de un blog apenas visitado.
Baste decir aquí que es uno de mis poetas favoritos, de esos que tienen la capacidad de acompañarte durante toda la existencia y a los que vuelves una y otra vez, a reencontrarte con él, a reencontrarte contigo, sin que se produzca el efecto de la desilusión y desencanto - como me ha ocurrido, por otra parte con otros poetas de fama, caso de Machado -. La intención de estas notas apresuradas no es otra que dejar constancia de mi admiración e intentar explicarla un tanto, a mí y a mis lectores.
domingo, 2 de noviembre de 2014
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