sábado, 29 de noviembre de 2014

Long Hours


















No les puedo anticipar qué lugar ocupará Shirobako en la historia del anime, entre otras cosas porque ya van demasiadas ocasiones en las que me equivoco. Si les puedo decir que ha sido una agradable sorpresa en una temporada otoñal replete de ellas, tanto por el tema que aborda como por el estudio que la produce.

Si empezamos por el estudio, P.A.Works o Progressive Anime Works, a pesar de su pomposo nombre, ha limitado su "progresismo" o "avanzado" a un fotorrealismo apoyado en una excelente animación de caracteres. Sin ambargo, esa perfección innegable y loable es también es un arma de doble filo, ya que la ausencia de exageración y deformación conlleva una cierta frialdad en el producto final. No ha ayudado tampoco en su consideración el que, a pesar de un puñado de grandes series, como esa otra excepción que fue Uchōten Kazoku, su producción se limite a repetir una única y misma historia: la del paso a la madurez de un grupo de adolescentes, que al final acaba no siendo tal transición,  y cada vez se adereza más con elementos fantásticos que  sólo niegan el realismo del estilo y del propio tema, como fue el caso de Nagi no Asukara o de Glasslip.

En el caso  de la historia de Shirobako, sin embargo, ya se ha producido ese paso a la madurez, de forma que los problemas con que se enfrentan los protagonistas son los de la vida laboral: el peso aplastante de la rutina y la quiebra de las ilusiones, nunca alcanzadas, siempre pospuestas, que ésta conlleva. Aún así, este cambio de enfoque no supone que esta serie suponga una ruptura completa con el estilo anterior de P.A.Works,  ya que su fotorealismo y su habitual pericia interpretativa siguen siendo más que visibles, así como una incómoda dependencia con unos patrones de personajes demasiado restringidos, los usados una y otra vez para encarnar a esas adolescentes aún niñas a las que me refería, que en esta ocasión casa más mal que bien con la situación de estas jóvenes recién entradas al mundo laboral.

Esta opción de representar un mundo de adultos, aunque importante y poco usual en la actualidad, no es lo especial de Shirobako. Puede resultar sorprendente, pero si ahora toda serie, incluso franquicias asentadas como Ghost in the Shell, buscan rejuvenecer e infantilizar a sus personajes, en el pasado el anime buscaba reflejar conflictos de adultos con mayor o menor realismo,  llevando a que algunas grandes series hallasen su tema en la representación del mundo laboral.  En realidad, lo especial de esta serie de P.A.Works es que debe ser la primera que ha intentado hacer lo que en cinematografía se llama cine dentro del cine: crear una producción de animación que narre lo que ocurre en una producción de animación.

Es este simple giro lo que convierte a Shirobako, por ahora, en la serie más interesante de este otoño. Sus diseños de personajes femeninos podrán seguir siendo estereotipados, su descripción del proceso de producción exagerada y demasiado cómica, pero aún así, con estos defectos, suena veraz y acertada, tanto más cuanto más profundo sea el conocimiento del aficionado sobre lo que supone el trabajo de animar. La serie es por tanto un auténtico reportaje sobre la vida en un estudio de animación,  muy distinto del que puedan proporcionar making of interesados, y que para el aficionado en general, que considera la animación mero entretenimiento sin importancia, puede resultar más que revelador, al ilustrar los múltiples problemas, tropiezos, desencuentros y diferencias personales, accidentes y accidentes que pueden hacer descarrilar la producción mejor encarrilada.

Un reportaje que para fortuna  de la serie y nuestra no se queda en mero documental. Entre bromas y veras se incluyen referencias a polémicas que afectan al futuro de la animación, como la división entre aficionados y profesionales en lo que se refiere a la 2D y la 3D, el lápiz y el ordenador, un combate en el que la 3D gana cada vez más terreno, o, más en serio, la dramática situación ilustrada por las capturas que abren la entrada: como el tener que producir en condiciones industriales puede hacer añicos la carrera de un animador de talento, pero que se ve incapaz de crear  a la velocidad que se le exige con la calidad a la que él/ella aspira, sin la cual su trabajo no es muy distinto del de un obrero o un oficinista.