Siguiendo con este rescate de mis escritos en el agonizante foro de cine cinexilio, unido a la revisión de mis entradas sobre anime en este blog que voy reuniendo en página aparte,le
ha llegado el turno de Boogiepop Phantom, serie que para mí es una de las grandes, aunque le perjudicó su parecido aparente con otra de las grandes, Lain.
Vista ahora, catorce años tras su producción, no sólo marca el inicio de la edad de plata de Madhouse, sino que muestra lo diferente que era el marco narrativo y temático en el que se movía el anime. Boogiepop se propone como un análisis descarnado de la adolescencia, de los problemas que supone buscarse a uno mismo en una sociedad egoísta e impersonal, en la que la soledad del individuo es absoluta.
Ahí queda eso. Porque este modo de mirar era habitual en el pasado de esta escuela de animación, mientras que ahora es impensable.
Boogiepop Phantom
2000, 13 Episodios
Por qué tengo que vivir, si voy a morir de todos modos?
Hablar de Boogiepop Phantom es hablar de un estilo visual. La serie fue rodada en color, pero una vez terminada, se fueron aplicando filtros, más o menos intensos, hasta dotarla de una tonalidad verdosa y apagar completamente los colores. No sólo eso, se aplica también un efecto de desenfoque a las tomas, de forma que los bordes de la imagen se vieran peor que un círculo central, que crecía y disminuía según las escenas, e incluso ciertas partes de la imagen fueron sometidas al mismo proceso hasta el extremo de convertir el plano en algo ininteligible.
No estamos hablando de un formalismo al estilo Dogma. En el Dogma el grano visible, la falta de luz, el desenfoque y el desaliño no son más que un medio de hacer visible la cámara, de dejar bien claro que hay alguien rodando y que lo que vemos, en cierta manera, no es más que un producto del azar, de un algo que escapa al control del cineasta y lo reduce a un puesto nímio. Sin embargo, el azar no existe en el dibujo animado. En esa forma todo es producto de la mayor de las planificaciones, lo que hay es lo que se quiso que hubiera desde el principio, así que el desaliño visual de esta serie constituye un principio moral. No es un ejemplo de que la cámara existe y que su visión distorsiona la realidad, es en cambio una constatación de que la propia realidad en que vivimos esta descompuesta, de que se ha convertido en un remedo y una burla de lo que es, un reflejo sin substancia en el que pasean sombras que viven encarceladas en su interior sin posibilidad de huir.
Vista ahora, catorce años tras su producción, no sólo marca el inicio de la edad de plata de Madhouse, sino que muestra lo diferente que era el marco narrativo y temático en el que se movía el anime. Boogiepop se propone como un análisis descarnado de la adolescencia, de los problemas que supone buscarse a uno mismo en una sociedad egoísta e impersonal, en la que la soledad del individuo es absoluta.
Ahí queda eso. Porque este modo de mirar era habitual en el pasado de esta escuela de animación, mientras que ahora es impensable.
Boogiepop Phantom
2000, 13 Episodios
Por qué tengo que vivir, si voy a morir de todos modos?
Hablar de Boogiepop Phantom es hablar de un estilo visual. La serie fue rodada en color, pero una vez terminada, se fueron aplicando filtros, más o menos intensos, hasta dotarla de una tonalidad verdosa y apagar completamente los colores. No sólo eso, se aplica también un efecto de desenfoque a las tomas, de forma que los bordes de la imagen se vieran peor que un círculo central, que crecía y disminuía según las escenas, e incluso ciertas partes de la imagen fueron sometidas al mismo proceso hasta el extremo de convertir el plano en algo ininteligible.
No estamos hablando de un formalismo al estilo Dogma. En el Dogma el grano visible, la falta de luz, el desenfoque y el desaliño no son más que un medio de hacer visible la cámara, de dejar bien claro que hay alguien rodando y que lo que vemos, en cierta manera, no es más que un producto del azar, de un algo que escapa al control del cineasta y lo reduce a un puesto nímio. Sin embargo, el azar no existe en el dibujo animado. En esa forma todo es producto de la mayor de las planificaciones, lo que hay es lo que se quiso que hubiera desde el principio, así que el desaliño visual de esta serie constituye un principio moral. No es un ejemplo de que la cámara existe y que su visión distorsiona la realidad, es en cambio una constatación de que la propia realidad en que vivimos esta descompuesta, de que se ha convertido en un remedo y una burla de lo que es, un reflejo sin substancia en el que pasean sombras que viven encarceladas en su interior sin posibilidad de huir.


















