sábado, 16 de noviembre de 2013

A Proust Odissey: Albertine Disparue (I)

Ce même vide que je sentais dans ma chambre depuis qu'Albertine était partie et que j'avais cru combler en serrant des femmes conte moi, je le retrouvais en elles. Elles ne m'avaient jamais parlé, elles, de la musique de Vinteuil, des Mémoires de Saint Simon, elles n'avaient pas mis un parfum fort pour venir me voir, elles n'avaient joué à mêler ces cils aux miens, toutes choses importantes parce que elles permettent, semble-t-il, de rêver autour de l'acte sexuel lui même et de se donner l'illusion  de l'amour, mais en réalité parce qu'elles faisaient partie du souvenir d'Albertine et que c'était elle que j'aurais voulu trouver. Ce que ces femmes avaient d'Albertine me faisait mieux ressentir ce que d'elle il leur manquait, et qui était tout, et qui ne serait plus jamais puisque Albertine était morte. Et ainsi mon amour pour Albertine, qui m'avait attiré vers ces femmes, me las rendait indifférentes, et mon regret d'Albertine et la persistance de ma jalousie, qui avaient déjà dépassé par leur durée mes prévisions les plus pessimistes, n'auraient sans doute jamais changé beaucoup si leur existence, isolée du reste de ma vie, avait seulement été soumise au jeu de mes souvenirs, aux actions et réactions d'une psychologie applicable à des états immobiles, et n'avait pas entraînée vers un système plus vaste où les âmes se meuvent dans le temps comme le corps dans l'espace. Comme il y a une géométrie dans l'espace, il y a une psychologie dans le temps, où les calculs d'une psychologie plane ne seraient plus exacts parce qu'on n'y tendrait pas compte du Temps et d'une des formes qu'il revêt, l'oubli; l'oubli dont je commençais à sentir la force et qui est un si puissant instrument d'adaptation a la réalité parce qu'il détruit peu à peu en nous le passé survivant qui est en constante contradiction avec elle. Et j'aurais vraiment bien pu deviner qu'un jour je n'aimerais plus Albertine.

Ese mismo vacío que sentía en mi habitación tras la marcha de Albertine y que había creído colmar abrazando a otras mujeres, lo reencontraba en ellas. Ellas nunca me habían hablado, ellas, de la música de Albertine, de las memorias de Saint-Simon, ellas nunca se habían puesto un perfume fuerte para venir a verme,  nunca había jugado a enredar sus pestañas con las mías, actos importantes porque permiten, me parecía, soñar alrededor del acto sexual e incluso tener la ilusión del amor, pero en realidad porque formaban parte del recuerdo de Albertine y porque era ella a quien quería encontrar. Lo que esas otras mujeres tenían de Albertine me permitía notar mejor lo que les faltaba de ella, que era todo y que ya no sería porque Albertine estaba muerta. Y así mi amor por Albertina y la persistencia de mis celos, cuya duración había superado mis previsiones más pesimistas, sin duda no habrían cambiado mucho si su existencia, aislada del resto de mi vida, sólo hubieran estado sometidas al juego de mis recuerdos, a las acciones y reacciones de una psicología aplicable a estados inmóviles y no hubiera derivado hacia un sistema más vasto, donde las almas se mueven como en el tiempo como los cuerpos en el espacio. Al igual que hay una geometría del espacio, hay una psicología del tiempo, donde los cálculos de una psicología plana no serían exactos puesto que no tendrían en cuenta el tiempo como una de las formas que revisten, el olvido, el olvido del que comenzaba a sentir la fuerza y que es si un instrumento tan poderoso de adaptación a la realidad es porque destruye poco a poco el pasado sobreviviente que está en contradicción permanente con él. Y yo habría debido adivinar que un día ya no amaría a Albertine.

La Prisonnière concluía con el anuncio de la marcha de Albertine, asqueada, suponemos, por el encierro y la continua tortura psicológica a la que el narrador de À la recherche...  la sometía. Tal suceso debería haber supuesto una liberación para ambos, especialmente para el protagonista, dado el cansancio que esa relación le provocaba y que una y otra vez nos había restregado a lo largo de esa novela. Sin embargo, como bien señalaba Oscar Wilde, ten cuidado con lo que deseas, porque puede ser que se te conceda.

Ese y no otro es el tema de Albertine Disparue (o La Fugitive, como prefieran)

viernes, 15 de noviembre de 2013

Under the Shadow of Postmodernism (y VII)

Only four years earlier the nobility had consented to the taxation of their  vassals until "the imperial business was completed". In the event, however, the empire hardly came into it. Men had been asking why Alfonso had failed to confront Charles of Anjou in Southern France. Cerveri de Girona lamented the decay of Castilian qualities. The question being asked was whether this was due to its king or its people ('del reys o de las regios'). But whichever way you looked at it, France was on top and the other underneath. Amongst other, Cerverì's co-jongleur Paulet de Marseilles was trobled that the king's brother D. Enrique was still in Charles of Anjou's prison where he had been languishing, none too uncomfortably, since his capture at the battle of Tagliacazzo. If Alfonso, a valiant and noble-hearted king, suffered him to remain there he would have deceived his admirers, and Spaniards failing to hasten to his assistance would be guilty of villainy and cowardice. Another account of the aftermath of that battle, related in the 1450 by Aeneas Silvius Piccolomini, reported how before his beheading, the marvellous boy Conradin took his gauntlet and 'falling flung to the host behind' this symbol of his "betrayed kingdom". Thus the charismatic grandson of Frederick II passed on whatever rights he enjoyed there to Infant Pedro of Aragon, at whose court he would be remembered as 'kin Conradin II'. It was the killing of him that brought to the surface the hatred of Charles and the Frenchmen that Pedro had harboured since boyhood.

Peter Linehan, Spain, 1157-1300, A Partible Inheritance

Durante este recorrido por la historia de la península ibérica, les he señalado ya en varias ocasiones el buen sabor que me estaban dejando los tomos medievales de la Historia de España dirigida por John Lynch. Desgraciadamente todo lo bueno se acaba y me he encontrado con un tomo, el escrito por Peter Linehan y centrado en el siglo XIII peninsular, que no puedo calificar de otra manera que patinazo.

El primer error es de extensión. No creo que se pueda resumir en apenas 200 páginas un siglo en el que, ya definitivamente, se puede considerar que la reconquista se ha saldado con el triunfo del bando cristiano - la liquidación total tardaría un poco más, por problemas estructurales -, durante el que los reínos peninsulares se convierten en actores activos de la política europea - en el sentido de que no son un apéndice de ese continente, sino que intervienen e interfieren activamente - y, sobre todo, que abunda en personalidades fascinantes, cuya figura e importancia, permanecen en la penumbra para la mayoría de los habitantes de esta cosa que llamamos España, Iberia o como se les antoje o prefieran.

Este defecto sería subsanable, pero Linehan comete un error metodólogico imperdonable. De repente, y sin razón alguna, su historia de propone como castellanocéntrica. Dejando a un lado el tufo a cierto pasado dictatorial que esa visión tiene para un lector de la península, adoptar ese enfoque significa olvidar que a partir de ese periodo - yo diría incluso que un poco antes - la historia de los reínos ibéricos no se puede desenredar, ni contar por separado, por lo que se requiere una narración en la que los diferentes puntos de vista - el castellano, el aragones-catalán, el navarro - se equilibren y contrapongan. Para empeorar las cosas, Linehan guarda el silencio aconstumbrado sobre la historia del reíno de Portugal, un error de siglos en la historia de España que sólo contribuye a que dos estados vecinos, como el nuestro y el suyo, sean perfectos desconocidos para sus respectivos habitantes.

Esto valdría ya para dejar el libro en mala posición, pero Linehan se las arregla para fastidiarlo aún más, ya que la mitad del libro se dedica al reinado del Alfonso X, cuya duración es menos de un cuarto del periodo considerado. Si a eso unimos, que el estilo de Linehan es bastante retorcido y que tiene la manía de ir dando saltos temporales y espaciales de decenios y centenares de kilómetros incluso dentro del mismo párrafo, se comprenderá que su narración de los hechos fuera - e incluso dentro - de ese reinado se torna un batiburrillo de alusiones y sobreentendidos que resulta casi imprensible a menos que se tenga cierto conocimiento anterior.

Hasta aquí todo lo malo, pasemos a lo bueno, que también lo hay y salva in extremis este volumen.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

A Proust Odissey: La Prisonnière (III)

Car à des dons  plus profonds, Vinteuil ajoutait celui que peu de musiciens, et même peu de peintres on possédé, d'user de couleurs non seulement si stables mais si personnelles que, pas plus que le temps n'altère leur fraîcheur, les élèves qui imitent celui qu les a trouvées, et les maîtres même qui le dépassent, ne font pâlir leur originalité. La révolution que leur apparition a accomplie ne voit pas ses résultats s'assimiler anonymement aux époques suivantes; elle se déchaîne, elle éclate à nouveau, et seulement quand on rejoue les ouvres du novateur a perpétuité. Chaque timbre se soulignait d'une couleur que toutes les règles du monde apprises par les musiciens les plus savants ne pourraient pas imiter, en sorte que Vinteuil, quoique venu à son heure et fixé à son rang dans l'évolution musicale, le quitterais toujours pour venir prendre la tête dès qu'on jouerait une de ses productions, qui devrait paraître éclose après celle de musiciens plus récents, a ce caractère en apparence contradictoire et en effet trompeur, de durable nouveauté. Une page symphonique de Vinteuil, connue déjà au piano et qu'on entendait à l'orchestre, comme un rayon de jour d'été que le prisme de la fenêtre décompose avant son entrée dans un salle à manger obscure, dévoilait comme un trésor insoupçonné et multicolore toutes les pierreries des Mille et Une Nuits

 Marcel Proust, La Prisonnière.

Porque a dones más profundos, Vinteuil añadía uno que pocos músicos e incluso pocos pintores poseen, utilizar unos colores no sólamente estables sino tan personales que no es ya que el tiempo no marchite su frescura, sino los alumnos que imitan al que los encontró y e incluso los maestros que le superaron, no consiguen hacer palidecer su originalidad. La revolución alcanzada con su aparición no ve sus logros asimilados de forma anónima por las épocas siguientes: se desencadena, explota de nuevo y únicamente cuando se reponen las obras del ese renovador a perpetuidad. Cada tono se subraya con un color que todas las reglas del mundo aprendidas por los músicos más sabios no podrán imitar, de manera que Vinteuil, aunque tiempo y su lugar hayan quedado fijados en la evolución musical, lo abandonará siempre por ponerse a la cabeza en cuanto se interprete una de sus composiciones, una obra que debería aparecer conclusa tras la de músicos mas recientes, tiene ese carácter en apariencia contradictorio y engañoso, de novedad duradera. Una página sinfónica de Vinteuil, conocida al piano y que se escucha a la orquesta, como un rayo de luz que el prisma de una ventana descompone antes de entrar en un comedor obscuro, desvela como un tesoro insospechado y multicolor toda la pedrería de las Mil y una Noches.

El quiento volumen de À la recherche du temps peru, La Prisonnière, es la conclusión del largo proceso de desengaño y desilusión que  parecía constituir el tema central de la novela. Muchos son los ideales del protagonista que han ido haciéndose trizas a lo largo de ese recorrido: Los Guermantes, la vida mundana, los diferentes países y lugares soñados, el teatro y los escritores, el amor y el enamoramiento. Para esta última categoría, La Prisonnière constituye su punto más bajo, un infierno del que sus participantes no pueden salir, y en el que ellos mismos son sus propios verdugos, sin necesidad de demonios que les inflijan su tortura.

Esta última afirmación puede parecer extraña. La novela, al fin y al cabo, no es otra cosa que la narración del encierro que el protagonista impone a su supuesto amor, Albertina. Poseído por unos celos patológicos, el narrador la aparta y esconde del mundo, apartándola de todo tipos de placeres, especialmente los prohibidos, para reservárselos para sí. Sin embargo, ese aislamiento no surge efecto, no ya porque Albertine siempre pueda encontrar la oportunidad de satisfacer sus gustos - ese lesbianismo que el narrador no puede replicar para ella- sino porque el pasado constituye un amplio país desconocido en el que la "traición" vive y se oculta.

No es ya entonces que el narrador someta a su "amada" a continua vigilancia, es que su locura deviene intenso escrutinio de lo ya pasado y casi olvidado. Sus relaciones quedan reducidos a largos interrogatorios, a los que el silencio y la mentira son la única respuesta. Esa así como el encierro, la tortura de Albertine se convierten en el encierro y la tortura del narrador. Para evitar que en el tiempo de su amada existan regiones desconocidas, el mismo se encierra con ella. Para dilucidar ese pasado ignoto pero temido, se ve obligado a interpelarla con frase contrarias a lo que pretende investigar, anticipando la mentira segura con que será satisfecha la seguridad.

Su convivencia se transforma así en un elaborado cruce de cifras y enigmas, durante el que cada uno de ellos intenta engañar y confundir al contrario. Poco amor queda ya en esa relación, de forma que el vínculo, la razón que los une, acaba reducida a torturar permanentemente a su contrario, juego perverso del que forman parte incluso las amenazas de ruptura, último medio de humillar y forzar al oponente.

Llegado a este punto, destruidas toda ilusion, toda esperanza, incluso las más sagradas. ¿Queda algo por lo que vivir? La respuesta sería un rotundo no.

martes, 12 de noviembre de 2013

(Not so) Holy History

One of the most fascinating features of early Christianity is that so many different Christians teachers and Christian groups were saying so many contrary things. it is not just that they said different things. They often said just the opposite things. There is only one God. No, there are many gods. The material world is the good creation of a good God. No, it comes from a cosmic disaster in the divine realm. Jesus came in the flesh. No, he was totally removed from the flesh. Eternal life comes through the redemption of the flesh. No, it does not come through the redemption of the flesh. Paul taught those things. No, Paul taught those other things. Paul was the true apostle. No, Paul misunderstood the message of Jesus. Peter and Paul agreed on every theological point. No, they were completely at odds with one another. Peter that that Christians were not to follow the Jewish law. No, he taught that the Jewish law continued to be in force. And on and on and on, world without end.
Not only did those on every side in all of these debates think that they were right and that their opponents were wrong; they also maintained in all sincerity and honesty that their views were the ones taught by Jesus and his apostles. What is more, they all, apparently, produced books to prove it, books that claimed to be written by apostles and supported their own points of view. What is perhaps most interesting of all, the vast majority of these apostolic books were in fact forges. Christians intent on establishing what was right to believe did so by telling lies, in an attempt to deceive their readers into agreeing that they were the ones who spoke the truth.

Bart D. Ehrman, Forged.

Debido que este fin de semana he estado medio pachucho - o más concretamente, me he sentido completamente vacío de energías - me ha dado tiempo a devorar dos libros del estudioso bíblico Bart D. Ehrman, títulados respectivamente, Jesus, Interrupted y Forged - citado al principio, que se centran en analizar las contradicciones internas del nuevo testamento y los complejos problemas de autoría, cuando no sencillamente de falsificación, de estos escritos fundacionales del cristianismo.

Para que me entiendan bien, cuando digo "Estudioso bíblico", no me estoy refiriendo a un estudio teólogico o desde el punto de vista de un creyento del contenido de los evangelios y demás libros del nuevo testamento. Me estoy refiriendo a un estudio científico que utilizando las herramientas del análisis textual y situando esos documentos en su contexto histórico, busca averiguar quién escribió esos documentos y cuál era su intencionalidad política y religiosa. Con ese punto de partida, Ehrman simplemente intenta divulgar a un público no especializado los resultados de la investigación académica en los últimos dos siglos, de 1800 en adelante, tare para la cual demuestra unas aptitudes didácticas bastante notables, aunque no deje de reciclar material de libro en libro, sin enseñar todo lo sabe en uno solo, en una maniobra comercial más que efectiva.

En sí, esa intención no debería ser especialmente polémica, sobre todo si se tiene en cuenta que Ehrmann se limita a contar lo que son hechos archisabidos. al menos en el entorno académico. Como se puede imaginar, tal intención no sentó muy bien en los sectores más radicales del protestantismo americano, aquellos que proclaman la infabilidad de la Biblia y la fabilidad de toda lo demás, y que no ha permanecido callados a la hora de denunciar y atacar a Ehrman. Esa obsesión no deja de ser paradójica cuando ese autor nunca ha negado la historicidad de Jesús, mientras que proclama que el conocimiento de como y quién escribió la biblia es esencial para comprender el cristianismo y no tiene porque entrar en conflicto con las creencias personales de cada uno.


sábado, 2 de noviembre de 2013

A Proust Odissey: La Prisonnière (II)

J'avais l'insouciance de ceux qui croient leur bonheur durable. C'est justement parce que cette douceur a été nécessaire pour enfanter la douleur - et reviendra du reste la calmer par intermittences - que les hommes peuvent être sincères avec autrui , et même avec eux-mêmes, quand ils se glorifient de la bonté d'une femme envers eux, quoique, à tour prendre, au sein de leur liaison circule constamment d'une façon secrète, inavouée aux autres, ou révélée involontairement par des questions, un inquiétude douloureuse. Mais celle-ci n'aurait pas pu naître sans la douceur préalable; même ensuite, la douceur intermittente est nécessaire pour rendre la souffrance supportable et éviter les ruptures; et la dissimulation de l'enfer secret qu'est la vie commune avec cette femme, jusqu'à la ostentation d'une intimité qu'on prétend douce, exprime un point de vue vrai, un lien général de l'effet à la cause, un des modes selon lesquels la production de la douleur est rendue possible. 

Marcel Proust, La prisonnière.

Tenía la tranquilidad de aquellos que creen su felicidad permanente. Es precisamente porque esa dulzura a sido necesaria para apagar el dolor - y que volvera en cualquier caso a calmarla de vez en cuando - que los seres humanos pueden mostrar sinceridad con otros hombres, e incluso con ellos mismos, cuando se gliran de la bondad que les muestra una mujer, cuando, a su debido tiempo, en el corazón de su relación circula constamente de forma secreta, inconfesado a los otros, or revelado involuntariamente por algunas preguntas, una inquietud dolorosa. Pero ésta última no habría podido nacer sin el la dulzuara anterior, aún más, esa dulzura intermitente es necesaria para tornar soportable el sufrimiento y evitar la ruptura, y la disimulación del infierno secreto que es la vida en común con esa mujer, hasta el extremo de presumir de una intimidad que se finge dulce, expresa un punto de vista verdadero, una relación universal entre efecto y causa, uno de eso modos por los que la creación del dolor resulta posible.

He comentado en otras cosas como lo que el narrador de À la recherche nos cuenta no es más que un elaborado juego de espejos creado por Proust. Tan oculto permanece su verdadero sentido y significado, que la mayoría de los lectores - como me ocurriera en mi primera lectura - no sabrán dar con las claves que permitan desvelar el enigma a menos que se las indiquen. De forma paradójica, para un escritor cuya tesis es demostrar el abismo que media entre obra y persona, entre el autor y su ficción, esas pistas no se encuentran en la propia obra sino que hay que ir a buscarlas en la vida de Proust, en el testimonio de aquellos que le conocieron y que decidieron hablar tras su muerte.


jueves, 31 de octubre de 2013

Under the Shadow of Postmodernism (y VI)

Nevertheless, his cousin, Alfonso Enríquez of Portugal, had stolen a match on him (Alfonso VII of Castille).  in mid-March the Portuguese king had made a swift thrust south of Coimbra and in a night attack surprised the Muslim town of Santarem. With its fall, he now controlled the passage of the Tajo against any but waterborne forces, and had isolated Muslim Lisbon and its environs from its coreligionists to the south. The Feat was important in itself, but it became doubly so with the appearance of a crusading fleet upon the scene.

The first elements of this fleet had sailed from Cologne about the end of August bound for Levant. In the passage of the North Sea and the Channel it was joined by equally strong formations of Flemish and English. On Pentecost, June 8, 1147, the combined force arrived off Galicia, and some of its complement celebrated that feast at Santiago de Compostela. From Galicia, the crusaders sailed south to Oporto, where they were met by its bishop, Pedro. That prelate convinced them to at least stop to parley with his king who was holding Lisbon to siege. The crusaders did just that, and Alfonso Enríquez persuaded them to join in the attack. The price of their adhesion was a treaty guaranteeing them the spoils of success and subsequent perpetual trading privileges in the entire realm. Lisbon put up a stubborn defence, but finally succumbed  to the combined forces on October 24, 1147. Mopping afterward turned all of Portugal north of the Tajo and south of Coimbra into Christian territory. It should perhaps be noted that the first bishop of a restored Lisbon was to be the Englishman Gilbert of Hastings

Bernard F. Reilly. The Contest of Christian and Muslim Spain. 1031-1157

En buena lógica, esta serie de entradas habría debido seguir con el libro de la Historia de España dirigida por John Lynch que está dedicada al emirato/califato de Córdoba, pero ese tomo aún está por salir, así que me he visto obligado a dar un salto de 250 años y pasar al volumén que describe la historia de Iberia del 1031 al 1157.

Puede parecer excesivo dedicar un libro entero a escasos 130 años y además de la historia medieval, pero esa impresión se disipa en cuanto se comienza su lectura y se derrumban varias de nuestras convicciones más profundas. Ya he comentado como uno de los errores más frecuentes en el estudio de la historia es caer en una visión teleológica, en la que los hechos presente ocurrieron necesariamente. Esta advertencia es especialmente necesaria en el caso del siglo a caballo entre el XI y el XII que se narra en esta obra, puesto que la versión en la que los españoles hemos sido educados es que tras la caída del Califato en el 1035, la reconquista cristiana era inevitable y necesaria, de forma que ningún suceso histórico podría haber invertido el resultado final, dando lugar a una España musulmana y no cristiana.

sábado, 26 de octubre de 2013

A Proust Odissey: La Prisonnière (y I)

Bien plus, ces deux manies inverses de la jalousie vont souvent au delà des paroles, qu'elles implorent ou refusent les confidences. On voit des jaloux qui ne le sont que des hommes avec qui leur maîtresse a des relations loin d'eux, mais qui permettent qu'elle se donne à un autre homme qu'eux, si  c'est avec son autorisation, près d'eux, et, sinon même à leur vue, du moins sous leur toit. Ce cas est assez fréquent chez les hommes âgés amoureux d'une jeune femme. Ils sentent la difficulté de lui plaire, parfois l'impuissance de la contenter et, plutôt que d'être trompés, préfèrent laisser venir chez eux, dans une chambre voisine, quelqu'un qu'ils jugent incapable de lui donner de mauvais conseils, mais non du plaisir. Pour d'autres es tout le contraire: ne laissant pas leur maîtresse sortir seule un minute dans une ville qu'ils connaissent, la tenant dans un véritable esclavage, ils lui accordent de partir un mois dans un pays qu'ils ne connaissent pas, où ils ne peuvent se représenter ce qu'elle fera. J'avais à l'égard d'Albertine ces deux sortes de manie calmante. Je n'aurais pas été jaloux si elle avait eu des plaisirs près de moi, encouragés par moi, que j'aurais tenus tous entiers sur ma surveillance, m'épargnant par là la crainte du mensonge; je ne l'aurai peut-être été non plus si elle était parti dans un pays assez inconnu de moi et éloigné pour que je ne puisse imaginer, ni avoir la possibilité et la tentation de connaître son genre de vie. Dans le deux cas le doute eût été supprimé par une connaissance ou un ignorance également complètes

Marcel Proust, La Prisonnière

Más aún, esas dos manías inversas de los celos se extienden a menudo más allá de las palabras, sea que imploren o rechacen las confidencias. Hay celosos que sólo lo son de los hombres con los que su amante tiene relaciones sin su conocimiento, pero que permiten que se entregue a otros, si es con su autorización, a su lado, y, si no es ante ellos, al menos bajo el mismo techo. Este caso es bastante frecuente entre los ancianos enamorados de una joven. Saben de la dificultad de complacerla, a veces incluso de su impotencia por contentarla y, antes que saberse engañados, prefieren que venga a su casa, a una habitación vecina, alguien que creen no podrá darle malos consejos, pero sí placer. Para otros es el caso contrario, no permiten que su amante salga un sólo instante en una ciudad que conocen, la mantienen en la esclavitud, pero le conceden que marcha a un país desconocido, donde no pueden imaginarse que hará. Frente a Albertina yo sufría de esos dos tipos de manía. No habría padecido celos si sus placeres hubieron tenido lugar ante mi vista, si yo los hubiera supervisado. Ahorrándome así el temor de una mentira, yo tampoco lo hubiera sido si ella partiese a tierras completamente desconocidas para mí y tan alejadas que yo no pudiese imaginar, ni tener la posibilidad o la tentación de conocer su género de vida. En ambos casos, la duda habría sido suprimidad por un conocimiento o una ignorancia igualmente completas.

Al final de Sodome y Gomorrhe, se había producido una catástrofe irremediable en la vida sentimental del protagonista de À la Recherche. Si durante toda la novela había intentado convencernos de que no amaba a Albertine, de que sólo permanecía a su lado por hastio, rutina e indolencia, que en cualquier momento iba a romper con ella y recuperar una libertad de la que nunca había hecho buen uso, el resultado había sido completamente opuesto. De repente, la vida, la existencia se le aparecía como imposible sin la presencia de esa mujer, en negación absoluta de todas las largas y retorcidas excusas que se nos habían alegado una y otra vez.

Dicho así, este giro argumental no diferiría mucho de las aconstumbradas novelas rosas. Sin embargo, como recordarán de otras entradas, Proust, aunque sentimental, es profundamente arromántico - o al menos su romanticismo no es de El Corte Inglés (tm) -. El desencadenante de esa conclusión no fue otro que el descubrimiento sin posibilidad de apelación de la homosexualidad - en realidad bixesualidad - de Albertina, frente a la cual el protagonista se siente desarmado e impotente. La catástrofe de la que hablaba, no obstante, no tiene su origen en que el protagonista vea a su amada como una perdida, en el sentido que nuestros antepasados conferían a ese término, sino que en su relación, en su historia de amor, no ha habido ni habrá entrega completa, que en ella quedan, irreductibles, vastas regiones desconocidas, a las cuales el protagonista jamás podrá llegar, ni siquiera concebir o comprender..

 Albertine es libre, irremediable y esencialmente libre. La ruptura de la relación que les une no es una cuestión que dependa del capricho del protagonista, es Albertine y no otra persona quien decidirá cuándo y cómo termina, y nada podrá hacerse contra ese decreto. La existencia de ese otro mundo, el del lesbianismo, del que Albertine es una de sus ciudadanas, implica un otro universo de placeres y goces, que el narrador no podrá nunca remedar, replicar o substituir. Su derrota es, por tanto completa y segura, su posibilidades  nulas.


martes, 22 de octubre de 2013

Under the Shadow of Postmodernism (y V)

It is necessary to stress here the indications of reliability for this author's dates as the chronology he provides for the conquest is at variance with that normally credited. he has Roderic's reign begin in 711 and end in 712, as opposed to 710 and 711.
More important than the matter of dating are the implications of this account for the sequence of events themselves. Firstly, there were a series of initial destructive Arab raids on southern Spain. Secondly, in 711 there were two Arab forces operating in the peninsula: One, and this was probably the first to arrive, was the army of Arabs and Berbers led by Tariq 'and others', and the other was the army under his superior, Musa, which landed at Cadiz and made its way to Toledo. Thirdly, continuing to follow the chronicler's chronology, in 712 the first of these armies defeated the main forces of the Visigothic king Roderic, who seems previously to have been engages in a struggle for power with internal rivals. His own fate is not here recorded, but a later reference, c.715, to his widow suggests a death in battle or soon after. Fourthly, Musa at Toledo executed an unspecified number of members of the indigenous aristocracy for their involvement with the former brother of a former king (Witiza). A reasonable guess may be that this latter had been chosen or even consecrated as king himself at this time. His fate is uncertain but may have been the same as theirs. Fithly, in this period 711/712 Musa and his deputies established control over not only the former Visigothic capital and parts of the centre and south of the peninsula, but also extended their authority as far as the Ebro valley and Zaragoza. These events, and the accompanying local struggles and civil war produced considerable destruction and loss of life.

Roger Collins, The Arab Conquest of Spain

En la entrada anterior, había comentado como la sombra de los visigodos sigue pesando sobre la idea que tenemos de España. Parte de esa influencia inesperada de un reino medieval, largo tiempo desaparecido y sin relación con nosotros, sobre nuestra concepción del presente se debe a que la intelectualidad hispana ha visto siempre la historia como la crónica de una decadencia. La misión de la historia era por tanto encontrar el punto en que las cosas se torcieron, rastrear las raíces del fracaso y aplicar las medidas correctivas necesarias, aunque fuera completamente absurdo intentan resolver los problemas políticos del siglo XX con medios imaginarios que permitirían salvar el imperio mundial hispano del siglo XVI.

En ese sentido la fecha del 711, la invasión árabe del reíno visigodo y la destrucción fulminante de ese estado, siempre ha sido un punto de referencia obligado en esas crónicas de la pérdida del Edén en las que parece haberse especializado la historiografía hispana. En este caso particular, la llegada de los árabes se explicaba como una especie de castigo divino a los pecados de los gobernantes visigodos - idea difícil de conciliar con su calidad de modelo al que había de volver - de manera que la historia de España, a partir de ese instante, era tanto reconquista como reconstrucción, restauración y recuperación, en la que la esencia de España, cristiana y una, era finalmente rescatada del yugo árabe, paréntesis que en nada había alterado lo que España realmente significaba.

Quisiera decir que esas ideas son ya cosa del pasado. Saben que no es así, pero afortunadamente han quedado limitadas a círculos políticos e ideológicos muy concretos. Lo que las últimas décadas han permitido es contemplar la historia medieval de España no como una excepción aislada, sino como un ejemplo de fuerzas y procesos de escala global, euroasiática, de los que la península no sería más que un ejemplo concreto. Adoptada esa postura, la invasión árabe sigue conservando su rasgo de hecho determinante en la historia peninsular, pero al contrario de lo que nuestros antecesores pensaban.

jueves, 17 de octubre de 2013

A Proust Odissey: Sodome et Gomorrhe (IV)

Outre que l'habitude remplit tellement nôtre temps qu'il ne nous reste plus a bout de quelques mois un instant libre dans une ville où a l'arrivée la journée nous offrait la disponibilité de ses douze heures, si une par hasard était devenue vacante, je n'aurais plus eu l'idée de l'employer à voir quelque église pour laquelle j'étais jadis venu à Balbec, ni même à confronter un site peint par Elstir avec l'esquisse que j'en avais vue chez lui, mais à aller faire un partie d'échecs de plus chez M. Feré. C'était en effet la dégradante influence, comme le charme aussi qu'avait eu ce pays de Balbe, de devenir pour moi un vrai pays de connaissances; si leur  répartition territoriale, leur ensemencement extensif tout le long de la côte, en culture diverses, donnaient forcément aux visites que je faisais à ces différentes amies la forme du voyage, ils restreignaient aussi le voyage à n'avoir plus que l'agrément social d'une suite de visites. Les mêmes noms de lieux, si troublants pour moi jadis que le simple "Annuaire des Châteaux", feuilleté au chapitre du département de la Manche. me causait autant d'émotion que l'Indicateur des chemins de fer, m'étaient devenus si familiers que cet indicateur même, j'aurais pu le consulter, à la page Balbec-Douville par Doncieres, avec la même heureuse tranquillité qu'un dictionnaire d'adresses. Dans cette vallée trop sociale aux flancs de laquelle je sentais accrochée, visible ou non, une compagnie d'amis nombreux, le poétique cri du soir n'était pas celui de la chouette ou de la grenouille, mais le "Comment va" de M. de  Criquetot ou le "Khairé" de Brichiot. L'atmosphère n'y éveillait plus de angoisses et, chargée d'effluves purement humains, y était aisément respirable, trop calmante même. Le bénéfice que j'en tirais, au moins, était de ne plus voir les choses qu'au point de vue pratique. Le mariage avec Albertine m'apparaissait une follie.

Marcel Proust, Sodome et Gomorrhe.

Además, el hábito llena de tal maner nuestro tiempo, que pasados unos meses no nos queda un instante libre en una ciudad donde a nuestra llegada el día nos ofrecía sus doce horas a nuestra disposición, si  una por  azar hubiera quedado vacía, yo no tendría la ocurrencia de utilizarla para ver alguna iglesia por la que antaño hubiera venido a Balbec, ni siquiera a comparar un lugar pintado por Elstir con el esbozo que yo había visto en su casa, sino ir a jugar una partida de ajedrez con M. de Feré. Era, en efecto, la degradante influencia, como también el encanto que había tenido este país de Balbec, de convertirse para mi en una tiera de conocidos, si su distribución territorial, su cultivo extendido a lo largo de la costa, en parcelas distintas, convertían a las visitas que yo hacía a diferentes amigos en una especie de viaje, tambíén restringían ese viaje a nos ser otra cosa que el acuerdo social de una serie de visitas. Los propios nombres de lugar, antaño tan turbadores para mí que  ojear el "Anuario de Castillos" por el capítulo del departamento del Canal de la Mancha, me causaba tanta emoción como la guía de ferrocariles, me parecían ahora tan familiares que habría podido consultar, en la página Balbec-Douville via Doncieres, con la misma tranquilidad que una lista de direcciones. En este valle demasiado social en cuyos flancos yo me sentía adherido, ya visible o no, a una larga compañía de amigos. el grito poético de la tarde no era el de la lechuza, sino el "qué tal" de M. de Criquetot o el "Khairé" de Brichot. El ambiente no evocaba ya ninguna angustia y, pleno de efluvios meramente humanos, se podía respirar con tranquilidad, incluso era demasiado adormecedor. El beneficio que de él extraía era, al menos, ver las cosas sólo desde un punto de vista práctico. Casarme con Albertine me parecía una locura.

Sodome et Gomorrhe ocupa una posición central dentro de À la Recherche, no ya por el mero hecho de ser la cuarta novela de las siete, sino por constituir un punto de inflexión tanto en la composición de la obra como en su trama. Por una parte, ésta es la última novela que se publicó en vida de Proust y que por tanto podemos considerar como "terminada", en la medida que ese adjetivo es aplicable a un escritor que volvía una y otra vez sobre sus manuscritos, para modificarlos, refinarlos, completarlos y en ocasiones hincharlos sin medida. A partir de Sodome et Gomorrhe sólo se cuenta con un manuscrito previo a las pruebas de imprenta, lleno de enmiendas, añadidos y tachaduras, y con un número de páginas por novela bastante inferior a la media de antes del corte. Resulta claro que si Proust hubiera seguido trabajando, el resultado final hubiera sido como mínimo más extenso y seguramente hubiera contenido cambios importantes, cuando no trascendentales, que nos hubieran hecho rechazar las novelas que hoy conocemos como meros esbozos, al igual que las decenas de cuadernos que constituyen el legado Proust, registro de más de una década de aventura compositiva de À la Recherche.

No obbstante el mayor cambio en el ciclo novelistico pre y post Sodome et Gomorrhe se produce en la mente del narrador y no es, aunque importante y determinante, el descubrimiento de esas otras sexualidades, al que se une la proximidad y la cercanía de los exilados de ambas ciudades, ocultos a los ojos de todos, pero cláramente visibles a sus correligionarios.

martes, 15 de octubre de 2013

Under the Shadow of Postmodernism (IV)

The sense of insecurity and the frequency of the challenges to the king, especially when new to the throne, that emerge from such conciliar texts, are confirmed, not least by the detailed account of the first year of the reign of the reign of Wamba in Julian of Toledo's History of Wamba, and also by the evidence of yet other sources, such as coinage. Thus, two monarchs are represented in the Visigothic coinage, of whom no mention whatsoever is made in any literary source. One of them, called Iudila, is known from two coins, one minted in Merida and the other in Eliberri, a Roman town close to Granada. As their style is closest to that of the coinage of Sisenand (631-6), it would seem that he held power for a short while in the province of Baetica, probably sometime in the early 630s. The other case is that of a certain Suniefred, known only from a single coin minted in Toledo, which can be dated stylistically to the first half of the reign of king Egica (687-702). These two examples show how very limited is our knowledge of what may have been quite major events in the history of the Visigothic kingdom.

Roger Collins, Visigothic Spain.

Los pocos que sigan este blog sabrán de mi oposición al postmodernismo en lo que se refiere al estudio de la historia, al considerarlo una influencia corrosiva sobre esta disciplina, una amenaza a su permanencia y relevancia. No obstante, como ya habrán notado, mi rechazo se ha visto bastante matizado en el tiempo que este espacio lleva abierto. Por una parte, la irrupción de esa corriente filosófica ha supuesto un necesario revulsivo en una disciplina de por sí conservadora. Casi a duras penas, los historiadores se han visto obligados a revisar la veracidad y pertinencia datos sobre los que se funda la reconstrucción del pasado, iniciando una saludable polémica que aún sigue abierta y que ha revitalizado - especialmente para los aficionados - lo que esta ciencia puede ofrecer.

El segundo factor es que, también a regañadientes, todos nos hemos vuelto postmodernos. La triste verdad que todos - aficionados y expertos - hemos tenido que tragar es que seguramente la historia no se puede reconstruir, sino que tenemos que conformarnos con un consenso en el que los hechos históricos llevan asociados una cierta probabilidad que no asegura su veracidad ni su verosimilitud, sino simplemente que son preferibles, dado el estado de la investigación, frente a otros parecidos. En mi caso, este giro hacia el postmodernismo - aunque sea limitado y matizado - se ha visto acelarado por dos factores principales, ambos relacionados con la política española reciente.

viernes, 11 de octubre de 2013

A Proust Odissey: Sodome et Gomorrhe (III)

Une des jeunes filles que je ne connaissais pas se mit au piano, et Andrée demanda à Albertine de valser avec elle. Heureux, dans ce petit casino, de penser que j'allais rester avec ces jeunes filles, je fis remarquer à Cottard comme elles dansaient bien. Mais lui, du point de vue spécial du médecin, et avec un mauvaise éducation qui ne tenait pas compte de ce que je connaissais ces jeunes filles à qui il avait pourtant dû me voir dire bonjour, me répondit: "Oui, me les parents son bien imprudents qui laissent leurs filles de prendre de pareilles habitudes. Je ne permettrais certainement pas aux miennes de venir ici. Sont-elles jolies au moins? Je ne distingue pas leurs traits. Tenez, regardez", ajouta-t-il en me montrant Albertine et Andrée qui valsaient lentement, serrées l'une contre l'autre, "j'ai oublié mon lorgnon et je ne vois pas bien, mais elles sont certainement au comble de la jouissance. On ne sais pas assez que c'est surtout par les seins que les femmes l'éprouvent. Et voyez, le leurs se touchent complètement" En effet, le contact n'avait pas cessé entre ceux d'Andrée et ceux d'Albertine. Je ne sais pas si elles entendirent ou devinèrent  la réflexion de Cottard, mais elles se détachèrent légèrement l'une de l'autre tout en continuant à valser. Andrée dit à ce moment un mot à Albertine et celle-ci rit du même rire pénétrant et profond que j'avais entendu tout à l'heure. Mais le trouble qu'il m'apporta cette fois ne me fut plus que cruel: Albertine avait l'air d'y montre, de faire constater à Andrée quelque frémissement voluptueux et secret. Il sonnait comme les premiers ou les derniers accords d'une fête inconnue.

Marcel Proust, Sodome et Gomorrhe

Una de las jóvenes que yo no conocía se sentó al piano y Albertine pidió a Andrée que bailara con ella. Feliz, en ese pequeño casino, de saber que estaba en compañía de esas jóvenes, le hice notar a Cottard lo bien que bailaban. Pero él, con el punto de vista especial de un médico, y con una mala educación que no tenía en cuenta que yo conocía a esas jóvenes a las que sin embargo me había visto saludar, me respondió. " Sí, los padres que permoiten a sus hijas esas costumbres son bien imprudentes. Yo nunca permitiría a las mías que vinieran aquí. ¿Son al menos hermosas? No las veo bien desde aquí? Mirad" - añadió mientras señalaba a Albertine y Andrée que bailaban lentamente, estrechadas la una contra la otra - " he olvidado mis gafas y no veo bien, pero estoy seguro que se hallan en el clímax del placer. No es muy conocido que es en los senos donde las mujeres lo sienten. Y daos cuenta que los suyos se tocan completamente". En efecto, el contacto no había cesado entre los de Andrée y los de Albertine. No sé muy bien si oyeron o adivinaron los comentarios de Cottard, pero se separaron ligeramente la una de la otra mientras continuaban bailando. Andrée dijo a Albertine y ella rió con la risa penetrante que yo había escuchado hace poco. Pero la preocupación que esto me causó no fue menos cruel: Albertine parecía querer mostrar, constatar ante Andrée un extremecimiento voluptuoso y secreto. Sonaba como los últimos acordes de una fiesta desconocida.

Quien haya leído a Proust sabe que desde las primeras páginas del ciclo de À La Recherche, la descripción del sentimiento amoroso ocupa un lugar central. Por supuesto, como también sabrán los que sigan estas anotaciones, la postura de Proust hacia esa experiencia vital es cualquier cosa menos romántica, o al menos romántica al uso de revistas, programas televisivos y blockbusters de Hollywood.