jueves, 24 de octubre de 2013

This World's Misery













Durante estas páginas les he martirizado demasiado a menudo con mis jeremiadas sobre el anime. En parte, en gran parte, es un defecto de apreciación mío, que intento ver nuevas perspectivas, posibilidades inesperadas, en lo que no es más que una forma comercial de entretenimiento, destinada a públicos muy concretos entre los que yo no debería figurar, por muchas razones que sería largo relata.

Sin embargo - ¡ah, esos sin embargo! - no puedo menos que protestar contra lo que veo como una injusticia y un menoscabo a esta escuela de animacióm. Se trata de como las series que quedan en la memoria del aficionado - mucho peor las que llegan a los oídos de quienes no son aficionados - no son precisamente las más logradas estética o técnicamente, ni siquiera las interesantes o emocionantes, sino aquellas, como digo, que responden a parámetros fijos, los que definen las apetencias de ese grupo minoritario de espectadores que se conoce como otakus.

Así ha ocurrido que series cercanas al concepto de hito de la animación - por no utilizar la manida expresión obra maestra - se han quedado sin edición DVD/BR en occidente, caso de Dennou Coil, Mononoke, la mayor parte de la obra de Yuasa Maasaki, con la consecuencia de que sus creadores se han visto obligados a transigir y humillarse, mientras que otras de grandes ambiciones han sido arrumbadas, sujetas a duras críticas inmerecidas que otros subproductos de gran fama y éxito no han sufrido.

La serie Xam'd, producida por Bones en el 2008, es uno de esas producciones de primera categoría que han quedado arrumbadas y semiolvidadas, postergadas frente a otros productos menos ambiciosos y complejos. Recuerdo que cuando la vi en el momento de su emisión, muchos eran los peros que venían a la mente, principalmente el olvido en que caía la mayor parte del reparto a mitad de la serie, las explicaciones poco satisfactorias de su resolución, o el mero hecho de que la descripción del mundo en el que se desarrollaba la acción no pasaba de mero esbozo, quedando en las obscuridad las razones del conflicto mundial en el que se veían envueltos los personajes e incluso sus motivaciones personales, pertenecientes a ese pasado remoto que apenas se intuía.

Debo decirles que ahora, tras haber revisado la serie en las últimas semanas, todas estas objecciones me parecen menores. Xam'd me parece una gran serie, con algunos peros y reservas, mucho mejor que la inmensa mayoría de lo que tenemos que sufrir recientemente - quizás sea por eso que me parece mejor que antaño - y ejemplo de otra manera, de otro modo, de concebir el anime que muchos identificamos con la correcta.





Lo primero que ha que señalar es la calidad de la animación, algo que parece consustancial al estudio Bones, incluso en sus peores momentos. Hagamos una pausa para entender este concepto. No se trata, como muchos creen en estos momentos de victoria del ordenado en la creación de fondos fotorrealistas, se trata por el contrario de ser capaces de representar con verosimilitud el movimiento y las expresiones humanas, incluyendo en esa representación, los pequeños detalles - como el titubeo, el desequilibrio, el tanteo - que sirven para personalizarlo. En es aspecto Bones es uno de los maestros, sólo superado por un KyoAni, cuya mejor serie hasta la fecha Hyouka, parece haber caído en ese limbo del que hablaba.

Esa sentido e instinto por el detalle verosímil en la animación bastaría para hacer de Xam'd una gran serie. No obstante, lo que hace de ella quizás la última gran serie de Bones, a gran distancia de una Zetsuen no Tempest, es que a diferencia de esta última, Xam'd evita todas las trampas para otakus que se han hecho comunes en el anime contemporáneo. En primer lugar, aunque sus protagonistas principales, Akiyuki, Haru y Nakiami, son adolescentes, se encuentran en los años finales de esa etapa y toda su vida gira en torno al mundo de los adultos en el que han sido repentinamente arrojados. 

La serie juega inteligentemente con esa transición de la juventud/niñez a la primera madurez, mostrando en los primeros capitulos a los protagonistas insertados aún en sus actividades escolares, para luego olvidar ese ambiente y trasladarlos, como digo, al mundo de los adultos. Ese enfoque lleva a que fuera del estrecho círculo de los protagonistas, la inmensa mayoría del reparto sean personas de mayor edad, abarcando de la juventud a la madurez, y habitantes habituales de un mundo en el que el cinismo y el desengaño son moneda corriente. 

Esta ambientación temática no es en absoluto corriente en el anime actual, tan dado a encerrar a sus protagonistas en el estrecho mundo del instituto, transformado en invernadero protector a todos los efectos. En Xam'do esta madurez  derámaticase extiende en el propio diseño de personajes, lejana de la infantilización también tan habitual,  que hace que los personajes aparezcan de mayor edad que la atribuida, incluso los infantiles, e incluso envejezcan a lo largo de la serie o se nos señale que en otro tiempo fueron jóvenes.

Por otra parte, la falta de descripción del mundo al que hacía referencia se convierten ahora, en este segundo visionado, en un producto del estrecho campo de visión de cada protagonista, perdido y encerrado en sus peripecias particulares, tal y como nos ocurre a cada uno de  nosotros. Sólo de vez en cuando y a cuentagotas, se nos dejan ver aspectos parciales, pero únicamente cuando es necesario explicar el estado y los sentimientos presentes de uno de los personajes, y - digno de elogio - sin extenderse en flashbacks y disgresiones. 

La serie se convierte así en un viaje a través un mundo desconocido tanto para nosotros como para sus protagonistas, cuya principal característica es la tristeza, tanto la de sus habitantes como la de su tiempo. Aparentemente, esas civilizaciones se hallan en un estado terminal, en la que la guerra, la destrucción y el exterminio son las únicas actividades que quedan, sin que quede otra vía posible. El pesimismo y la impotencia se convierten en sentimientos universales, que en mayor o menor medida atenazan y aplastan a cada uno de los protagonistas, y que aportan gran parte de la resonancia y el sentimiento de esta serie.










Esto no implica que los protagonistas se dejen vencer. El otro leit-motiv de la serie es precisamente el no dejar de ser, el no olvidarse de uno mismo, el continuar viviendo, sea como sea, puesto que no actuar así es simplemente dedicar el resto de la vida a buscar algún medio de suicidarse, ya sea por propia mano o por la de otro. Así ocurre con varios de los personajes centrales, con los que contrastan vívamente la fortaleza de otros, mayoritariamente femeninos, que acaban por eclipsar a sus partenaires masculinos, casi siempre a su remolque.

Porque Xam'do es territorio femenino. A pesar de que el personaje principal, Akiyuki, sea un hombre, las auténticas estrellas de la función son las mujeres que pueblan esta serie, Haru, Nakiami, Ishu, Kujireika, tantas y tantas otras, cada una con su propia personalidad, con voluntad propia, con la suficiente tenacidad y resistencia para conseguirlo. Su madurez y su inteligencia, sus defectos y sus debilidades, las situan en las antípodas de los modelos de carton piedra para otakus que pueblan otras series, la mujer-niña (loli), la mujer muñeca (moe), la histerica irracional (tsundere) que en el fondo no son otra cosa que manifestaciones del machismo.

Las mujeres de Xam'do son mujeres reales, o al menos tanto como los pueden ser unos personajes su función. Tan fuertes, tan solidas, tan independiente resultaban que, como verán a continuación, el intro de la serie se tuvo que cambiar en el pase televisivo para que resultase más apetecible a un público masculino que sólo se veía en el papel de salvar a damiselas en peligro.

Y aquí están. Éste es el primero equilibrado, tratando y representando por igual a ambos sexos.




Y aquí tienen el segundo donde no se subraya una y otra vez que el caballero tiene que salvar a su dama, aunque está no lo necesite y la situación sea más bien al contrario.