domingo, 20 de octubre de 2013

The Beltesassar List (XIX): Ward 13 (2003) Peter Cornwell



















Como todos los domingos - excepto aquellos que mi vida laboral me lo impide - ha llegado el momento de revisar uno de los cortos que componen las compilaciones de Beltesassar. Se trata de Ward 13, realizado en 2003 por Peter Cornwell.

He señalado ya en otras ocasiones como la ascensión del ordenador a herramienta única en el proceso de animación ha traido como resultado un renacimiento de técnicas tradicionales como la stop-motion. Un caso conocido por todos sería el de la productora Aardman, pero la lista sería larga, tanto en los campos de la animación comercial, como en la experimental/independiente. Ward 13 es uno de esos grandes cortos surgidos en las últimas décadas, en su caso en la subtécnica de la animación con plastilina, y si tiene algún defecto es precisamente que se trata de una obra aislada, ya que su creador, Peter Cornwell, se pasaría al cine de personajes reales, con resultados más que discutibles  y desde luego completamente olvidables.

De hecho, Ward 13 parece rodado por otra persona completamente distinta a la que luego rodaría The Haunting. En sí, no es una obra revolucionaria, sino que construye sobre una larga tradición de animación. Como pueden imaginarse esto no es un defecto, sino una fortaleza que permite a Cornwell derrotar a la animación por ordenador en (casi) su propio terreno. El corto se construye como un mecanismo de relojería, sin tiempos muertos, y en el que cada giro de la trama lo dispara a un más difícil todavía, en el que sólo la conservación de los defectos de la técnica utilizada permite distinguirlo de un producto completamente sintético.

Es precisamente este aspecto circense, su aceptación y su seguimiento hasta casi las últimas consecuencia el que se erige como aspecto definitiorio del corto. La grandeza de la animación tradicional es que no necesita de una historia para elevarse hasta las más altas cumbres, sino que le basta el movimiento, simplemente ser capaz de reconstruir el movimiento. Todas las exageraciones, todos los imposible que en imagen real serían inaceptables y que en animación 3D, por su propia perfección, resultarían forzados y artificiales, aquí por el contrario se nos revelan esenciales. La stop-motion, la animación con plastilina, son ya artificiales, algo que el espectador sabe de antemano, con lo que la magia es precisamente descubrir, presenciar hasta que extremos el talento y la habilidad del animador son capaces de forzar y doblegar esos materiales inertes.

La artificialidad, la mentira se convierten así, paradójicamente, en raison-de-être, en verdad absoluta. De la misma manera, y ya desde el punto de vista temático, esta yuxtaposición de opuesto, permite subvertir el tema, dejar a un lado la seriedad, buscar la complicidad del público e invitarle a un juego en el que ambos ponen las reglas. Dicho de otra manera, la anécdota de terror propuesta por el corto - la de un hospital donde se realizan terroríficos experimentos sobre seres humanos - hubiera requerido un tratamiento completamente serio y cartesiano en imagen real o su transformación en parodia trufada de citas pop. Cornwell, no obstante, consigue evitar ambos peligros y construir un relato de terror que se convierte en comedia delirante sin necesidad de hacer guiños a la actualidad, ni descontextualizar el arquetipo original.

Hasta aquí llego para no aburrirles. Como siempre, les dejo aquí el corto. Qué lo disfruten.