domingo, 10 de julio de 2016

La lista de Beltesassar (CXXXVIII): Sciani (1987) Piotr Dumala





















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Sciani (Muros), corto realizado en 1982 por el animador polaco Piotr Dumala.

Piotr Dumala y su compatriota Jerzy Kucia son dos nombres mayores en la animación de las últimas décadas. Ambos se las han arreglado para mantenerse fieles a sus principios estéticos, creando una obra que exige el máximo de implicación y entrega, tanto al creador como al espectador. Se trata de cortos que intentan traducir en imágenes en movimiento el legado de las vanguardias, del modern movement que dicen los ingleses, de forma que cada de ellos casi constituye un manifiesto estético y temático, sin que esto implique facilidad expresivas o concesiones a la galería. Cada una de sus obras es así un ejercicio en la búsqueda de nuevas soluciones artísticas, de nuevos campos de significado, sin que importe en ese camino tornarse difícil, críptico e incomprensible, siempre que el resultado final sea capaz de quebrar la coraza de comodidad y conformidad con que se protege todo espectador. Y la sociedad en la que vive.

En el caso de Dumala, su estilo evolucionó de una manera claramente underground, en donde abundaba el sexo y la violencia explítica, a una forma mucho más sutil, pero no menos descarnada y desesperanzada, casi de desesperación. Este animador utiliza la técnica de la pintura sobre cristal, que le permite transformaciones semejantes a la de la mítica pantalla de alfileres (pin screen, écran de épingles) de Alexeieff. Es decir, hacer aparecer y desaparecer objetos, formas y personajes, como si se materializasen repentinamente en la pantalla o se disolviesen en la nada. Esta característica formal sirve para crear un efecto de distanciamiento y de extrañeza, de mundo regido por reglas contrarias a las nuestras, que Dumala subraya con un uso riguroso de la monocromía y los sepias. Sus ambientes son así propios de subterráneos, de sótanos, galerías y calabozos, a los que no llega jamás la luz del día. 

En Sciani, una de sus primeras obras en su estilo maduro, este efecto de claustrofobia se lleva a una cumbre temprana. El lugar donde tiene la acción es una habitación vacía y en penumbra, casi un escenario teatral sin decorados, sino fuera porque tenemos la certeza de que la cuarta pared es otro muro tan desnudo, frío y hostil como los que podemos ver. Entre ellas vive un hombre desnudo que dormita en un rincón, se levanta y pasea, a veces extrae objetos de esas paredes, que aunque firmes de se muestra maleables de vez en cuando, pero sobre todo, sueña, imagina sin tregua, lugares, paisajes a los que jamás podrá llegar. 

Estos ensueños son pasajeros. Cruelmente efímeros. En seguida se disipan y ceden su sitio a la dureza del encierro, que no sabemos si es autoimpuesto o forzoso, pero que no por ser uno u otro dejaría de ser menos áspero, asfixiante y destructivo. Porque lo que nuestro personaje - o nosotros mismos - descubre tras cada ensueño no es sino una interminable realidad de soledad, dolor y angustia, ya sea ejercida sobre él, ya sea presenciada en los demás. Vida, existencia, prisión, condena de la que no tiene los medios ni la posibilidad de escapar. 

Simplemente porque fuera de su encierro, en esa otra prisión mayor que es el mundo, ocurren sucesos, se toman decisiones, sobre las que no tiene ningún control, ninguna oportunidad de influir. A las que sólo puede participar como espectador impotente, aunque de ellas dependa su vida y su bienestar.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les dejo el corto. Es una obra mayor de un creador mayor, pero del que no existe una edición en condiciones de sus obras. ¿Para qué, si es sólo animación?