martes, 19 de julio de 2016

Actos cotidianos (y II)















En la primera entrada que dediqué a As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty (Mientras avanzaba, de vez en cuando vi breves destellos de belleza, 2000) me desvié del camino y hablé casi de cualquier cosa, excepto de la película. Confío que esta vez no me ocurra algo similar, pero si así fuese, no dejaría de ser muy mekasiano.

La película es de gran extensión, casi cinco horas, y si se la mira de forma superficial se hallará que trata sobre nada en concreto, como señala el propio director, una y otra vez, en los monólogos que le sirven de banda sonora. Esa nada esta compuesta por vídeos domésticos, escenas de la vida privada de Mekas, de los viajes que hiciera con su esposa primero, luego con sus hijos, del nacimiento e infancia de estos últimos, de las visitas a los muchos amigos del matrimonio, de los múltiples domicilios en que la pareja habitó. Breves fragmentos que se yuxtaponen los unos con los otros sin orden concreto, sin relación aparente, repitiendo y reiterando las mismas situaciones, huyendo de cualquier secuencia cronológica que nos permitiera seguir la evolución de ese matrimonio en concreto, del crecimiento y maduración de sus hijos.

Como ven, la película de Mekas se centra en el ámbito privado del cineasta. No es una crónica de la revolución artística de los sesenta, como lo fuera Walden (1969), ni un intento por narrar como se llegó a ese punto, como se hacía en Lost, Lost, Lost (Perdido, Perdido, Perdido. 1970). Ni siquiera es el dramático y desgarrador reencuentro con un pasado que dejo de ser el propio, como ocurría en Reminiscences of a Journey to Lithuania (Recuerdos de un viaje a Lituania, 1971–72). No, en este caso el centro de la película son los acontecimientos más insulso y banales de la biografía del director, esos actos cotidianos, repetidos y replicados de manera rutinaria, que constituyen el fundamento de nuestras vidas, representados en la manera sin pretensiones que es el vídeo doméstico.

Sin pretensiones, cierto. Excepto una, que en sí constituye un ejemplo de ambición y orgullo desmedido: dotar a esos fragmentos vitales sin valor ni sentido, de una eternidad que se supone merecen otros acontecimientos, esos que creemos cruciales en nuestra biografía. Un objetivo, por tanto, que poco tiene que ver con el objeto al que se aplica y que se torna aún más pretencioso, más ridículo si cabe, cuando se cae en la cuenta que ese afán por conservar es inseparable, sería incomprensible, si no fuese unido a un deseo de comunicar y compartir. Por lograr que otras personas ajenas a nuestra vida, participen de ella, sientan lo mismo que sentimos nosotros en esos lugares lejanos, en esos instantes pasados. Que esos sucesos lleguen a formar parte de las vidas de desconocidos, que se les tornen propios, personales, determinantes e inolvidables.











Pero sigo sin explicarles qué tiene de especial la película de Mekas. Doy vueltas sin descanso  alrededor del concepto de vídeo doméstico, tan denostado y despreciado, de manera que puede parecer que estoy haciendo de menos a Mekas. Y no es así. No es así. Porque lo que construye Mekas en As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty es lo contrario a un vídeo doméstico. Mejor dicho, si me permiten la paradoja, crea lo que debería ser ese género, lo que cada uno de sus humildes practicantes, todos y cada uno de nosotros, desearíamos que fuera. Reflejo y representante de nuestros sentimientos, prueba de que existimos, de que tuvimos sentido y que fuimos felices.

Felicidad. Plenitud. Paraíso. Ése es el centro, el motivo, la razón y la justificación, de lo que Mekas pretende construir acumulando esos fragmentos de su vida, sin importarle el tiempo que le lleve, las repeticiones en las que incurra. Reunir todos los breves y pasajeros momentos de felicidad que encontró en su vida, por muy tenues e imperceptibles que fueran, para luego reinterpretarlos y revalorizarlos mediante el recuerdo. As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty es por tanto una crónica del Edén, de ese lugar mágico, incalcanzable e inasible, pero que sin embargo se nos manifiesta a cada instante, probándonos su existencia, el haber sido reservado y creado sólo para nosotros. En los lugares más inesperados, menos apropiados, incluso en los momentos de mayor desánimo. Como si él fuera la única realidad posible y lo que nos rodea en realidad un sueño. Como si bastase convencerse de ello, de su necesidad y de su inevitabilidad  para torcer en una esquina y encontrarse con las puertas del paraíso abiertas de par en par. Para nosotros, ya por siempre.

Sí, pero Et in Arcadia, ego. La muerte siempre presente, incluso en el paraíso, como condición necesaria de éste y prueba de su finitud. En esos momentos de felicidad compartida, en esa interminable secuencia de momentos gozosos, que parece fuera a continuar más allá del final de la película y extenderse hasta el final de los tiempos, se filtra también la tristeza, la muerte y la corrupción. El fin irremediable de todo y todos. Al cabo de unas cuántas horas de proyección, se hace evidente que las imágenes que estamos viendo están restringidas a un breve espacio temporal, que la esposa de Mekas no abandona su juventud, que sus hijos no alcanzan la adolescencia, que nos hallamos perennemente suspendidos en un breve periodo de tiempo que abarca el final de la década de los sesenta, el principio de la de los setenta.

No se debe a que Mekas montase la película en esas fechas. No. Fue compuesta a finales del siglo XX en su año último, cuando un Mekas ya anciano desempolvaba los rollos de película que empezaban a difuminarse e intentaba insuflarles nueva vida, otra eternidad pasajera en el formato de largometraje. As I Was Moving Ahead Occasionally I Saw Brief Glimpses of Beauty es, por tanto, un largo ejercicio de rememoración, de resurrección de un pasado con el que el presente ya no tiene relación alguna, puesto que ese matrimonio gozoso de las imágenes desvaídas ya se disolvió hace tiempo. Tanto, que su fulgor sólo existe, si es que lo hizo alguna vez, en el recuerdo tembloroso y equívoco, en esos fragmentos filmados que ya no pueden modificarse.

Ni mucho menos revivir o volver a ellos.