miércoles, 17 de febrero de 2016

El gran malentendido

These narratives are found in Matthew 28, Mark 16, Luke 24, and Johm 20-21. Read through the accounts and ask yourself some basic questions. Who was the first person to go to the tomb? Was it Mary Magdalene by herself (John)? or Mary along with another Mary (Matthew)? or Mary along with another Mary and Salome (Mark)? or Mary, Mary, Joanna and a number of other women (Luke)? Was the stone already rolled away when they arrived at the tomb (Mark, Luke, and John), or explicitly not (Matthew)? Whom did they see there? An angel (Matthew), a man (Mark), or two men (Luke)? Did they immediately go and tell some of the disciples what they have seen (John) or not (Matthew, Mark and Luke)? What did the person or people at the tomb tell the women to do? To tell the disciples that Jesus would meet them in Galilee (Matthew and Mark)? Or to remember what Jesus has told them earlier when he had been in Galilee (Luke)? Did the women then go tell the disciples what they were told to tell them (Matthew and Luke) or not (Mark)? Where did they see him? - only in Galilee (Matthew), or only in Jerusalem (Luke)?

Ehrman, Bart D. How Jesus became God

Estas narraciones (las de la resurrección) se hallan en Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24 y Juan 20-21. Léanlas y háganse unas preguntas básicas. ¿Quien fue el primero en ir al sepulcro? ¿Fue María Magdalena en solitario (Juan)? ¿O María con la otra María (Mateo)? ¿O María con la otra María y Salomé (Marcos)? ¿O María, María, Juana y otras mujeres (Lucas)? ¿Habían sido retirada la piedra del sepulcro cuando llegaron allí (Marcos, Lucas y Juan) o explicitamente no lo había sido (Mateo)? ¿A quién vieron allí? ¿Un ángel (Mateo), un hombre (Marcos) o dos hombres (Lucas)? ¿Fueron inmediatamente a donde estaban los discípulos y les contaron lo que habían visto (Juan) o no (Mateo, Marcos y Lucas)? ¿Qué dijeron esas personas a las mujeres? ¿Que Jesus les encontraría en Galilea (Mateo y Marcos)? ¿O que recordasen lo que Jesús les había dicho en Galilea? ¿Contaron las mujeres a los discípulos lo que les habían ordenado (Mateo y Lucas) o no (Marcos)? ¿Dónde vieron a Jesus? ¿Sólo en Galilea (Mateo) o sólo en Jerusalem (Lucas)?

Tengo un buen puñado de libros de Bart D. Ehrman, el estudioso americano de los primeros siglos del cristianismo. Abarcan una inmensa variedad de temas, desde los problemas de la composición de los libros del nuevo testamento y su tradición textual, hasta las muchas variantes del cristianismo y de los muchos libros sagrados, apócrifos y canónicos, en competición durante esa época. Sus conclusiones pueden resumirse en una serie de negativas: no, los evangelios no fueron escritos por quienes dicen ser ni son testimonios de testigos presenciales. No, la información contenida en ellos, es todo menos precisa y contrastada, abundando en contradicciones, debidas tanto a la diversidad de orígenes de los mismos, la fantasía y embellecimiento de la tradición oral, y al largo tiempo transcurrido desde los hechos, de 40 a 70 años, dependiendo del evangelio. No, el cristianismo no surgió con un dogma definido desde sus inicios, ya que diferentes grupos de cristianos tenían ideas contrapuestas sobre quién había sido su fundador y cuál había sido su mensaje, discrepancias que no sólo son detectables en las múltiples "herejías"ebonitas, gnósticos, docetistas, marcionistas, adopcionistas, montanistas..., sino incluso dentro de la misma ortodoxia y los textos canónicos.

Esta complejidad fascinante del tema que estudia Ehrman constituye el peor defecto de sus libros. Dado el carácter divulgativo de los mismos, tiene que limitar su extensión a 300 páginas como mucho, de forma que o bien deja detalles importantes fuera, que hay que buscar en otros de sus libros, o bien copia secciones enteras sin añadir nada nuevo. Esos atajos compositivos lastran sus mejores obras, que sólo se salvan, precisamente, por el interés del tema tratado, como es el caso de su último libro; How Jesus became God. Porque de lo que se trata aquí es de como un predicador apocaliptico de Galilea, de los cuales  en Judea los había a puñados durante el siglo I, llegó a ser considerado como Dios trescientos años más tarde. Y no como un Dios cualquiera, sino como una divinidad a la altura de Dios Padre, creador del universo, consustancial e indisinguible del mismo.


Por supuesto, no esperen explicaciones sobrenaturales, espirituales o teológicas. Ehrman nos advierte una y otra vez que sus libros son libros de historia, obras por tanto, que por axioma excluyen cualquier intervención divina y sólo deben utilizar datos y acciones completamente humanas. La figura y los actos de Jesús deben contemplarse así de manera igual a la de cualquiera de sus contemporáneos, teniendo siempre en cuenta que su pensamiento y sus actos estarán fuertemente influidos y condicionados por el ambiente cultural de su tiempo, ya sea para corroborarlo o para rechazarlo. La figura de Jesús se corresponde, por tanto, con un modelo típico de la palestina del siglo I, el de un judío piadoso que cree en la pronta llegada del Mesías, anunciador del fin de los tiempos y de la liberación de los invasores extranjeros, en este caso, los romanos. Una postura que en el caso de algunos de estos creyentes exaltados les llevó a pensar que ellos mismos eran ese Mesías y que la acción liberadora y redentora de ellos se realizaría a través de ellos.

Jesús sería así uno más de estos profetas apocalípticos. Una figura normal en su tiempo, que incluso comparte con sus antecesores y sucesores un desastrado final: la destrucción de su movimiento por las autoridades romanas y la ejecución expedita de su líder. De hecho, la reacción romana fue tan contundente que el movimiento "jesusiano" fue abortado en embrión, sin que llegase a producirse una rebelión armada abierta, como en los otros casos que recogió Flavio Josefo en sus Antiguedades Judias y en su Guerra de los Judios. La única diferencia es que el movimiento "jesusiano" no se disolvió tras la muerte de su fundador, sino que continuó en la clandestinidad como secta judía, para luego extenderse por el resto del mediterráneo, devenir una religión de pleno derecho y hacerse finalmente con el gobierno del Imperio.

Esta inversión de su destino final, comparada con otros movimientos más políticos y militantes, es la diferencia esencial del cristianismo, su "misterio" y "milagro", se podría decir. Esta particularidad ha sido incluso utilizada por los apologistas cristianos para "demostrar" la verdad de su religión, puesto que ese cambio radical sólo podría justificarse mediante una auténtica intervención divina, expresada la resurrección real de Jesús. Sin embargo, como bien nos recuerda Ehrman ese argumento es antihistórico y no se puede utilizar en una narración históricam ya que supone poner esos hechos fuera de los que sabemos es posible y probable. En otras palabras, antes que recurrir a una solución sobrenatural, siempre será posible encontrar múltiples soluciones naturales, que pueden ir desde la conspiración hasta el autoengaño, de la fabulación a la alucinación. Soluciones a un enigma que son problemáticas y para las que no hay pruebas fehacientes, pero que siempre serán, por definición, más probables que una intervención divina.

Pero no sólo eso. Si en la narración de la crucifixión, es posible reconstruir una secuencia mínima de eventos - última cena, prendimiento, juicio en el Sanhedrin, juicio ante Pilatos, crucifixión - que es comfirmada por los cuatro evangelios, excepto en detalles, derivaciones y embellecimientos, ocurre todo lo contrario con el relato del entierro y resurrección. Todos ellos, incluidos los tres sinópticos que se basan los unos en los otros, narran historias distintas, hasta el extremo que no hay un sólo detalle en que coincidan. Incluso se contradicen repetidamente los unos a los otros en detalles cruciales, quién, qué y donde, como se puede ver en el texto de arriba, de manera que es imposible construir una versión común. Por no haber, los evangelios ni siquiera contienen el relato de la ascensión, que sólo aparece en los hechos de los apóstoles, mientras que el evangelio de Marcos termina con las mujeres encontrando el sepulcro vacío y marchándose sin contarlo a nadie.

¿Qué queda entonces? Nada fuera de la leyenda en que muchos creyeron - o quisieron creer - pero que no se sustenta en hecho corroborado alguno. De hecho Ehrman llega incluso a la conclusión de que Jesús nunca fue enterrado, ya que esto no coincide con la práctica romana referente a los crucificados, que se resumía en dejarlos pudrirse y  arrojarlos a la fosa común, aunque hay casos discordantes como el famoso enterramiento con un crucificado hallado en Jerusalem, que constituye una excepción quizás porque el crucificado fuera de buena familia, lo que no es el caso de Jesús.

Sin sepulcro y sin coincidencia entre las fuentes. Ehrman concluye que la resurrección se debió limitar a apariciones del tipo de la Paulina, que no fueron compartidas por todos los apóstoles - de ahí el interes de los evangelios por las pruebas - ni tuvieron lugar en único lugar geográfico. Algo vago y etéreo que dependiendo de las crencias de cada puede tener origen divino o ser simplemente patológico.

En mi caso, sin realidad alguna.