domingo, 7 de febrero de 2016

La lista de Beltesassar (CXXIII): El viejo y el mar (1999) Alexandr Petrov



























Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Старик и море (El viejo y el mar), corto realizado en 1999 por el animador ruso Alexander Petrov.

Petrov es famoso por su dedicación exclusiva a la técnica de pintura sobre cristal. Como ya sabrán, esa técnica consiste en fotografíar los diseños que se han trazado sobre una superficie de ese material, que es iluminada por la parte posterior. Su gran ventaja es que permite trabajar sobre lo ya pintado, modificándolo, de manera que se puede decir que el animador va creando la propia secuencia animada a medida que trabaja sobre la pintura. Sin embargo, este animar al vuelo es también su  mayor dificultad, ya que el animador va destruyendo las etapas anteriores a medida que avanza en la composición de la secuencia, sin que haya posibilidad de arrepentirse y corregir. Todo el proceso, por tanto, tiene que estar decidido en la mente del animador ya antes de comenzar, o bien éste debe ser capaz de improvisar sobre la marcha, con la suficiente seguridad, intuicíon y ojo para no introducir errores.

Las obras de Petrov, además, incluyen una dificultad añadida, ya que si otros animadores utilizan un trazo más desenvuelto y un acabado más abocetado, este animador ruso se esfuerza en construir planos completamente realistas, cuya referencia es la pintura anterior a las vanguardias, como mucho la de los impresionistas. El resultado final de este rigor pictórico es esplendido, una auténtica ilusión que recrea con total convicción y exactitud el mundo visible donde transcurren las historias que Petrov cuenta. En cada una de sus fotogramas/pintura destaca, por añadidura, su sentido de la observación, atento a los más pequeños cambios de luz y de color, a los movimientos más nímios, pero que son precisamente los característicos, los que definen un instante o un personaje. Una realismo, por último que no es fotográfico ni hiperrealista, sino de raigambre impresionista, con la suficiente imprecisión en la pincelada para que el cuadro no pierda vida y acepte ser animado con naturalidad.

Esta manera de pintar y animar de Petrov resulta especialmente apropiada a la adaptación del cuento homónimo de Heminguay en el que se basa el corto. Se trata como sabrán de una historia de soledad, la de alguien que fue grande, que vivió hasta las últimas consecuencias, pero a quien ahora rondan la vejez y la muerte. Un anciano que, a pesar de su decadencia y de las miseras que esta le acarrea, sigue enamorado del mar, del cielo, y de los animales que lo habitan, a los cuales admira y respeta, y con quienes se relaciona siguiendo un estricto código de honor. Alguien en fin, a quien el azar le permite un último hurra, un momento final de gloria, pero cuyo fulgor deslumbrador permanecerá oculto a todos sus semejantes.

Es ese sentimiento el que ha asegurado la pervivencia de este cuento de Hemingway, cuando el resto de su obra poco a poco va cayendo en la penumbra. La heroicidad del viejo protagonista no necesita de espectadores ni de recompensas, sino que halla su razón de ser y su plenitud en la fidelidad a los principios morales que han regido toda su vida, de los que él es el único juez autorizado. El viejo de la obra, a pesar de la excepcionalidad de su hazaña, se convierte así en reflejo de cualquiera de nosotros, de las múltiples hazañas jamas reconocidas, jamás advertidas, que suponen el continuar viviendo un día más. El simple levantarse, ir a trabajar, preparar las tareas del día siguiente, amar a los nuestros; no porque nadie nos lo ordene, sino porque así consideramos que debemos hacerlo.

Heroicidades como las del propio Petrov. Un artista señero de la animación, pero cuya obra se ha visto espaciada, finalmente interrumpida, por falta de presupuesto y falta de reconocimiento e interés, fuera de los pocos aficionados a esto de la animación. Un creador que debería ser considerado un tesoro nacional, sus obras editadas en lujosas ediciones en BR, pero al que se le está obligando a malgastar sus mejores años, a arruinar su talento manteniéndolo guardado... hasta que lo único que le quede sea ese último hurra del protagonista de su corto.

No les entretengo más. Aquí les dejo el corto. Una obra maestra sin discusión.