sábado, 13 de febrero de 2016

Los colores de la teoría

Jedes Kunstwerk ist Kind seiner Zeit, oft ist es Mutter unserer Gefühle. So bringt jede Kulturperiode eine eigene Kunst zustande, die nicht mehr wiederholt werden kann. Eine Bestrebung, vergangene Kunstprinzipien zu beleben, kann höchstens Kunstwerke zur Folge haben, die einem totgeborenen Kinde gleichen. Wir können z.B. unmöglich wie alte Griechen fühlen und innerlich leben. So können auch die Anstrengungen, z.B. in der Plastik die griechischen Prinzipien anzuwenden, nur den griechischen ähnliche Formen schaffen, wobei das Werk seelenlos bleibt für alle Zeiten- Eine derartige Nachahmung gleicht den Nachahmungen der Affen. Außerlich sind die Bewegungen des Affen den menschlichen vollständig gleich. Der Affe sitzt und hält ein Buch vor die Nase, blättert darin, macht ein bedenkliches Gesicht, aber der innere Sinn dieser Bewegungen fehlt vollständig.
Vassily Kandinsky, Sobre lo espiritual en el arte

Toda obra de arte es hija de su tiempo y a menudo es madre de nuestros sentimiento. Por tanto todo tiempo da origen a su propio arte, que ya no podrá ser repetido. La aspiración a vivir según principios artísticos pasados, puede tener como mucho la consecuencia de crear obras de arte que se asemejan a niños nacidos muertos. Es poco probable que podamos vivir sentir, por ejemplo, como los antiguos griegos, o replicar su vida interior. Por tanto, los esfuerzos por utilizar los principios griegos en las artes en las artes plásticas sólo pueden crear formas similares a las griegas, que estarán desprovistas de alma para siempre. Una manera de remedar que se asemeja a los remedos de los simios. Externamente, los movimientos de los simios son completamente similares a los de los hombres. El simio se sienta y sostiene un libro ante su rostro, lo hojea, adopta una expresión de meditación, pero el sentido interior de estos movimientos se le escapa completamente

Sobre lo espiritual en el arte, de Vassily Kandinsky, es uno de los libros capitales del siglo XX. 

Lo he leído - y releido - por primera vez estas semanas y mientras lo hacía, me parecía que alguien, muy cercano y conocido, confirmaba mis ideas sobre el arte. Por supuesto, esto es una ilusión, un equívoco, puesto que las tesis que planteaba Kandinsky en este libro han impregnado gran parte del arte del siglo pasado y su interpretación, al menos en la visión de la modernidad. Se han vuelto ubicuas, anónimas, parte del sentir y el saber colectivo de una cultura. De esa manera, sin que yo fuera consciente, fui enseñado en lo que Kandinsky proponía, absorviendo unas ideas que por su carácter común y general pasaron a ser las mías, a ser consideradas naturales, ciertas y verdaderas.

Lo que no quiere decir que no dejen de emocionarme, de sacudirme, cuando ahora las vuelvo a hallar en su representación original. Incluso me parecen más naturales, más ciertas y más verdaderas que antes, porque, ¿quién puede negar que todo tiempo precisa de su arte? ¿Que recurrir al arte del pasado, intentar adaptarlo al presente, pretender revitalizarlo, es un error gravísimo, irreversible y sin remedio? ¿O que es una irresponsabilidad no buscar ese arte del hoy, renunciar a formularlo y tornarlo realidad presente, visible y perceptible?

Altísimos ideales, los de una modernidad que se aproximaba al arte con la misma fe que un creyente se aproxima a lo sagrado. Vanguardias para las que no podía haber tarea más noble que unirse a ese combate por superar las fronteras estéticas y ascender a las cumbres artísticas más altas, tanto más codiciadas cuanto más desconocidas e inaccesibles fueran. Un veneno teórico que si se toma de joven - como a mí ocurrió, aunque fuera rebajado - no permite ver ya el mundo, ni el modo de vivir en él, de otra manera que no sea como expresión de esa búsqueda y de ese destino, aunque ésa misión lleve a la soledad y la incomprensión, al aislamiento y a la muerte.

Lema, misión, mandato, que no es el único que nos impone Kandinsky. Porque además de ese destino, de ese tesoro final que nos espera al final de nuestra búsqueda, el pintor ruso nos señala también como reconocerlo: mirando en nuestro interior, olvidándonos del exterior. Mejor dicho, haciendo caso omiso a todas las reglas, directrices, consejos y observaciones que nos quieran imponer desde fuera, como buenas, necesarias y convenientes. 

Porque no será buen arte el que obedezca al buen gusto, ni a las convenciones generalmente admitidas, sino el que nos obligue a que lo expresemos, el que no nos deje otra salida que hacerlo realidad, el que nos posea y nos convierta en los medios por lo que se manifieste en el mundo, mientras que cualquier otro modo, camino y objetivo no será más que cáscara vacía, adulación y mentira, traición e hipocresía. 

Un arte que no será el nuestro, sino el que los otros quieren que les vendamos.

Alle Mittel sind heilig, wenn sie innerlich-notwendig sind.
Alle Mittel sind sündhaft, wenn sie nicht aus der Quelle der inneren Notwendigkeit stammen

Todos los medios son sagrados, cuando obedecen a una necesidad interior
Todos los medios son despreciables , cuando no crecen desde la fuente de la necesidad interior

Y luego, además de la parte ideológica, viene la parte teórica, donde Kandinsky explica qué es lo que realmente significan los colores. Un análisis que al principio sorprende - como la asociación del rojo con lo tibio, frente a un amarillo ardiente - pero que a medida que se progresa en su conocimiento y su comprensión se torna innegable. Más aún, se vuelve natural, evidente, algo que siempre supimos, que siempre sentimos, pero que nunca nos atrevimos a decirnos a nosotros mismos.

Porque es evidente que el amarillo es un color activo y expansivo, mientras que el azul es pasivo y retraído. Que uno es surtidor, mientras que el otro es sumidero. Al igual que blanco y negro no son sino formas opuestas del silencio, solo que el primero questionador y pleno luz, en definitiva, frente a un segundo callado y vacío, noche y muerte. Mientras que el verde es equilibrio, reposo y tranquilidad, pero al mismo tiempo paz inestable, ya que en cualquier momento puede decantarse por el amarillo o por el verde, dirigirse hacia nosotros o huir de nuestra presencia. Opuesto, por tanto al rojo, que hierve y se agita, es en sí desequilibrio, actividad y movimiento, pero esta tibia, entre esos polos del el frío y el calor absoluto representados por el Azul y Amarillo

Ideales Gleichgewicht in der Mischung dieser zwei (Blau und Gelb) in allem diametral verschiedenen Farben bildet das Grün. Die horizontalen Bewegungen vernichten sich gegenseitig. Die Bewegungen aus und ins Zentrum vernichten sich ebenso. Es entsteht Ruhe. Dies ist der logische Schluß, welcher theoretisch leicht zu erzielen ist. Und das direkte Wirken auf das Auge und schließlich durch das Auge auf die Seele führt zu demselben Resultat. Diese Tatsache ist längst nicht nur den Arzten (speziell Augenärzten), sondern allgemein bekannt. Absolutes Grün ist die ruhigste Farbe, die es gibt: sie bewegt sich nach nirgend hin und hat keinen Beiklang der Freude, Trauer, Leidenschaft, sie verlangt nichts, ruft nirgend hin. Diese ständige Abwesenheit der Bewegung ist eine Eigenschaft, die auf ermüdete Menschen und Seelen wohltuend wirkt, aber nach einiger Zeit des Ausruhens leicht langweilig werden kann. Die in grüner Harmonie gemalten Bilder bestätigen diese Behauptung.

El equilibrio ideal en la mezcla de estos dos colores (Azul y Amarillo) en todo diametralmente opuestos, constituye el verde. Los movimientos horizontales se aniquilan mutuamente. Los movimientos excéntricos y concéntricos se anulan también de la misma manera. Se hace el silencio. Ésta es la conclusión lógica, a la que es fácil llegar teóricamente. Y el efecto directo sobre el ojo y finalmente a través de éste sobre el alma, conduce al mismo resultado. Este hecho no es conocido unicamente por los médicos (especialmente los oculistas) desde hace largo tiempo, sino que es público. El verde absoluto es el color más calmo que hay, no se mueve hacia ningún sitio, ni resuena con la alegría, el duelo o la pasión; no exige nada, ni apela a nada. Esta permanente ausencia de movimiento es una característica, que provoca el bienestar de los hombres y almas cansados, pero que tras un tiempo de reposo puede llegar a ser un poco aburrido. Los cuadros pintados en una armonía de verdes confirman esta opinión