domingo, 21 de febrero de 2016

La lista de Beltesassar (CXXIV): Román s basou (La historia del violoncellista, 1949), Jiri Trnka






















Como todos los domingos, continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Román s basou (La historia del violoncellista) corto realizado en 1949 por el animador checo Jiri Trnka.

Si conocen algo de animación - más allá de Disney y Pixar, claro - sabrán que Trnka es uno de los grandes maestros indiscutibles de esta forma. Con él da inicio la larga y fértil tradición de la animación fotograma a fotograma, en su variante de muñecos, en los países del este de Europa, pero su importancia no se detiene ahí, sino que además es el creador de un estilo que se ha convertido en característico de la animación de esas regiones. El secreto de esa manera es muy sencillo y, como  suele ocurrir en animación, se basa en huir del realismo a ultranza, aceptando, para mostrarla, la falsedad inherente a trabajar con objetos inanimados.

En muchas películas de stop-motion se intenta reproducir las expresiones faciales del ser humano representado, de manera que se consigan transmitir los sentimientos que se supone siente el muñeco protagonista. Sin embargo, este afán por acercarse al cine de personajes reales suele provocar un efecto contrario, de rechazo, ya que lo único que se consigue representar es una gesticulación exagerada, que hace aún más patente la cualidad de marioneta del actor animado. Este paradójico más es menos es el peor defecto de películas como Anomalisa (2015, Charlie Kaufman), en donde la expresividad de los muñecos solo sirve para hacerlos inverosímiles, rompiendo así la tensión dramática que la historia narrada pretende conseguir.

Trnka, por el contrario, renunció a remedar los ademanes faciales de los actores de carne y hueso. La expresión de sus marionetas permanece fija, congelada, excepto en pequeñísimos cambios apenas perceptibles, dejando en manos de la iluminación y los ángulos de cámara la labor de hacer visibles sus sentimientos. El resultado de este minimalismo es doble: por una parte, las marionetas aparecen dotadas de un aire de misterio, de secreto, que nos impide saber como van a reaccionar y que las confiere a su vez una individualidad única, la propia de personas reales. Por otra, el espectador participa activamente en el desarrollo de la película, proyectando sobre esos lienzos vacíos formados por los rostros de los muñecos, los sentimientos y dilemas que convendrían a lo que se está narrando.

Esta renuncia  a la expresividad se convierte así, paradójicamente, en una vía hacia la libertad, ya que Trnka puede enfocarse en aspectos más cinematográficos: el montaje y los movimientos de cámara. El uso de estas técnicas del cine de personajes reales le permite romper con la bidimensionalidad y la unidireccionalidad, tan teatral, del movimiento de los personajes en el dibujo animado, para convertir sus escenarios en auténticos espacios, cuya exploración, tanto por parte de los muñecos como de los espectadores, es el objetivo del corto, así como uno de sus mayores atractivos.

¿Y que ocurre con Román s basou? Pues que es un magnifico ejemplo de ese toque Trnka, justo cuando acababa de encontrarlo y convertirlo en su estilo. Una historia basada en un cuento de Chejov, a la vez tierna e irónica, donde Trnka se complace en hallar mínimos detalles de ambientación e ilustración, que acabado el corto, se nos revelan imprescindibles, inseparables de la historia que se nos ha narrado. Unos toques que exigen la máxima atención por parte del espectador, puesto que son tan sutiles, tan delicados, que pueden pasar inadvertidos si no está lo bastante alerta.

No les entretengo más. Como siempre, aquí les dejo el corto. Obra, quizás menor, de un artista mayor como fue Trnka, pero sólo por ello, por venir de quien viene, superior a tanta basura contemporánea, valiosa sólo por ser de nuestro tiempo y no de otro.