domingo, 23 de junio de 2013

The Beltesassar List (V): Cowboys (1991) Phil Mulloy



















Tras la pausa de la semana pasada, reanudo la revisión de las compilaciones de cortos de animación reunidas por el misterioso profesor Beltesassar. En esta ocasión le toca el turno a Cowboys, una serie de seis cortometrajes realizada en 1991 por el animador británico Phil Mulloy para el Channel 4 británico .En la desaparecida Tren De Sombras, ya había comentado el corto Intolerancia de ese mismo autor y dado que las conclusiones de ese artículo siguen siendo más que validas - y mucho mejor escritas -, intentaré no repetirme.

Como decía allí, Mulloy ha hecho de la subversión, tanto estética como temática, su marca de fábrica. Es cierto que en en los últimos tiempos ha suavizado algo su postura, creando una animación más acabada técnicamente e incluyendo elementos más humorísticos en sus cortos, pero basta una breve mirada a su obra primera, para comprender como su irrupción en el mundo de la animación fue comparable a la explosión de una bomba, que aún hoy, veinte años más tarde y tras mucha supuesta animación contestataria, sigue conservando gran parte de su mordiente.

Su primera rebelión es estética. Frente a una animación que busca la perfección estética, entendida como realismo a ultranza - aunque luego acabe sumida en el marasmo del Kitsch - o simplemente como sujeción a unos modelos cuya ruptura es el mayor de los sacrilegios, Mulloy reduce sus figuras a monigotes sin rasgos personales, que parecen competir en fealdad y torpeza. El movimiento, asimismo, es  limitado, mecánico, dejando a la vista errores de principante, como deslizar un personaje sobre otro como si realmente se estuvieran moviendo, o permitiendo que queden impresionadas en el celuloide las arrugas y ondulaciones del papel sobre el que se dibuja, como si el apresuramiento en terminar la animación impidiese corregir cualquier imperfección, aunque sea la más mínima.

Lo anterior no implica que Mulloy sea un mal animador. Para disipar esta impresión, basta una pequeña secuencia del segundo corto de Cowboys, en el que un caballo de extrema belleza cabalga por el páramo de fealdad habitual en los cortos de este animador. Simplemente, ocurre que ese feísmo visual es el que mejor conviene a su radicalidad política. El oeste reflejado por Mulloy es simplemente un trasunto de nuestro mundo actual, desprovisto y desnudado de todos los mitos, de todos los sueños y fantasías que encierran las falsas reconstrucciones de un Ford o un Hawks, grandes directores sí, pero urdidores de mentiras que no por bellas dejan de serlo.

El oeste de Mulloy, el mundo en el que vivimos, es un lugar en el que la cobardía, la avaricia y la hiprosesía reinan sin oposición alguna. Un entorno en que las leyes, junto con el castigo que su quebrantamiento acarrean, no son otra que chivos expiatorios para ocultar el hecho de que todos somos ladrones, todos somos criminales, todos somos asesinos, sólo que unos tienen la mala suerte de ser descubiertos y condenados, mientras que sobre los afortunados se apilan alabanzas, premios y recompensas. Un mundo donde la brutalidad, la intolerancia y la humillación son los auténticos dioses ante los que todos se inclinan, ante los que todos sacrifican, unos ídolos salvajes y repelentes. de los que no hay escape ni huida posible.

Una visión tan radical como la de Mulloy no hubiera podido sobrevivir en un ambiente comercial, a menos que se traicionase a sí misma y negase su propia rebelión, dejando así inalterado el despiadado orden del mundo. No otra cosa es lo que hace series falsamente rebeldes como Family Guy o American Dad, que siempre confirman en sus fundamentos la sociedad que critican, sea por convencimiento propio o por imposición de sus patrocinadores. En el caso de Mulloy, por el contrario, su arte, su rebeldía, su subersión, pudo florecer sin casi impedimentos, aprovechando uno de esos momentos únicos de la animación, cuando en los añós 90 el Channel Four británico decidió financiar la producción de cortos de animación, permitiendo a sus creadores la mayor libertad posible.

Cine subvencionado, cierto, pero ejemplo de como una buena gestión permite que grandes artistas sean capaces de dar lo mejor de sí mismos, en los términos que ellos prefieren, algo imposible en un régimen de libre mercado, por mucho que los cantos de sirena neoliberales así lo proclamen.

Por terminar, como siempre, les dejo aquí los Cowboys de Mulloy, Juzguen por sí mismos.