sábado, 8 de junio de 2013

Open Your Eyes and be Surprised

Dos Racimos de Uvas, Juan Fernández "El labrador"
Cuando he visitado esta mañana el Múseo del Prado mi intención era escribir un comentario de dos exposiciones a punto de cerrar, la de Juan Fernández "El Labrador" y la dedicada a los dibujos españoles en la colección del museo británico. Sin embargo dos pequeñas circunstancias han estado a punto de dar al traste con este plan.



Por un lado, los precios del Museo del Prado empiezan a ser prohibitivos. Poner la entrada a quince Euros significa que ese tesoro cultural va a quedar reservado a los turistas y a la gente con posible. Puede parecer exagerado, pero no es así. En los años ochenta, cuando me aficioné a la pintura, el museo era gratis para los ciudadanos españoles, una ventaja que en verano, cuando me daban las vacaciones, me permitía ir todas las mañanas a disfrutar de sus tesoros. Gracias a esto pude formarme una educación pictórica básica, algo que sería imposible ahora mismo para cualquier joven de clase media baja, como era mi familia en aquel entonces.

Pero yendo a lo positivo, cuando he llegado esta mañana al Prado me he encontrado con que han abierto una exposición de las de grueso calibre: la dedicada a las obras de pequeño formato existentes en el museo,. Aparte de verme obligado a escribir varias entradas sobre ella en las semanas sucesivas, el tiempo que he tenido que dedicar a recorrerla y digerir su contenido, me ha robado el que tenía pensado originalmente por las otras dos. Así, en vez de examinarlas con cuidado, buscando el detalle que se me hubiera pasado en la primera visita o aprehendiendo definitivamente lo que ya había percibido como importante, apenas he podido realizar un repaso apresurado. Negligencia que ninguna de las dos se merece en absoluto, puesto que a pesar de sus dimensiones reducidas, cada una, en sí, también es de grueso calibre.

En mi opinión la más importante de las dos es la de Juan Fernández "El Labrador", al permitir que los aficionados de sumerjan en la obra de uno de los pintores más enigmáticos del siglo XVII. Muy resumidamente, "El Labrador" es un pintor del que sólo se tienen noticias en el breve periodo que va de 1630 a 1636. Con contactos con familias nobles - de las que sería criado -  parece ser que viviía retirado en el campo, acercándose a la capital sólo en primavera, a vender sus pinturas, bodegones en su mayoría reproducción de racimos de obras. A pesar de su aislamiento y su breve carrera, ya en vida del pintor su obra fue conocida en el extranjero , lo que ha llevado a la paradoja de que gran parte de ella se halle en colecciones británicas.

Por supuesto, todo aficionado recordará la extraña acumulación de pintores de naturalezas muertas, como Sanchez Cotán  o el mismo Zurbarán, de la pintora española del inicios del XVII.Esta coincidencia no más que otro aspecto que afecta a todo el barroco del XVII, el hecho de que los pintores de ese siglo van a utilizar los recursos de este estilo - claroscuro, ilusionismo, color - para llevar la pintura figurativa a su mayor perfección, de forma que se puede decir que los objetivos de la pintura ilusionista, tal y como se plantearon hacia 1400, se alcanzaron plenamente hacia 1650, obligando desde ese instante a que la pintura occidental buscara otros retos, otros derroteros.

Y es que, tras la verdad que ese pintor misteriosos y desconocido logra alcanzar en la representación de unas simples uvas, poco más queda ya por hacer.

Arcángel, Murillo
La otra exposición es mucho más normal, ya que intenta ofrecer una nueva mirada, la del dibujo, sobre los grandes nombres de la escuela espàñola. No obstante, el visitante que la recorra con ojos libres de prejuicios encontrará que varias de sus seguridades - tal y como nos han sido inculcadas - se derrumbarán sin hacer ruido, como las falsedades que eran. A nadie le sorprenderá que el estilo audaz y agrio de un Ribera se trasluzca sin perder un ápice de energía en sus bocetos y grabados. Sin embargo, para lo que no estaba preparado es para que un pintor, aparentemente relamido y cursi, como ha acabado siendo Murillo en su reintepretación moderna, demuestre en sus dibujos que posee la fuerza y la libertad en el trazo que corresponden al gran maestro que es.

Porque, en el caso de Murillo, lo mejor que podría pasarle es que se quemasen todas sus inmaculadas, para que así pudiéramos contemplar su obra con una mirada limpia y renovada.