jueves, 23 de diciembre de 2010

Our Majesty is back






















En el año 2006 hubo una serie de anime que nos pilló a todos por sorpresa y puso, como quien dice, al estudio que la produjo en el mapa. Se trata, como bien sabrán, de Suzumiya Haruhi no Yuutsu (La melancolía de Haruhi Suzumiya) realiza por la pequeá productora Kyoto Animation, KyoAni para los amigos. Más allá de las debilidades y fortalezas del material de partida, una astuta reelaboración postmoderna del genero de aventuras escolares + fenómenos sobrenaturales tan del gusto de los japoneses, con que quedó establecida ya desde el magnífico primer episodio, el descacharante film amateur rodado por los protagonistas, los aficionados con un poco de vista y un mínimo de atención se dieron cuenta de que había entrado en escena un estudio con un toque especial a la hora de describir los detalles nimios que caracterizaban a un personaje, los cuales eran plasmados con una animación fluida destinada normalmente a las escenas de acción, a lo cual se unía una inesperada imaginación visual en encontrar esos detalles nimios pero cruciales.

Aunque como digo, la irrupción de Suzumiya Haruhi nos pilló a todos por sorpresa, no debía haber sido así. Series anteriores como Air, revelaban a una productora con mirada, aquella que sabía describir una situación y el papel que cada personaje jugaba en ella, a través de las imágenes, no con el diálogo y la entonación, como tantas veces obliga a hacer el escaso presupuesto de las series de anime japonesas. Por otra parte, incluso cuando se las vuelve a mirar hoy, esta serie como la anterior Full Metall Panic:The Second Round, contaban con una animación de desusada fluidez, contraria a la rigidez y el estatismo habituales en el anime, lo cual resultaba incompatible con un estudio que se suponía reducido a un chalé en Kyoto, con un personal reducido al mínimo.

No obstante, las esperanzas puestas en este estudio no se materializaron. Series posteriores, como Kanon, a pesar de continuar con la pericia técnica que se había hecho la marca de la casa, empezaron a tener graves problemas estructurales, propios de un estudio recién llegado que se enfrentaba por primera vez con series de larga duración. Además, esta misma serie, como las que le siguieron, Clannad, K-ON! o Lucky Star, señalaron a KyoAni como uno de los abanderados de la corriente moe/kawai que tanto mal ha hecho al anime, ya saben, personajes femeninos infantilizados tanto física como mentalmente, cuya única misión en la vida parece ser la de satisfacer los extraños instintos de los otakus encerrados en sus habitaciones. De hecho, tan fuerte llegó a ser la identificación de KyoAni con el moe que cuando al fin llegó en 2009 la esperada segunda temporada de Suzumiya Haruhi, lo primero que sorprendió a los aficionados fue descubrir que los diseños de K-ON! habían contamidnao los la serie original, robándola mucha de la ironía postmoderna que tan atractiva la había hecho.

Con esos antecedentes, yo no esperaba con mucha ilusión el largometraje/tercera temporada, casi de tres horas de duración, con el que se continuaba la franquicia. Sin embargo he de decir que Suzumiya Haruhi no Shoushitsu (La Desaparición de Haruhi Suzumiya) me ha sorprendido gratamente, especialmente por lo que supone de vuelta a los orígenes de la serie. De nuevo tenemos, como se observa en la serie de capturas que encabezan la entrada, la descripción minuciosa de actividades cotidianas, que parecen haber sido puestas ahí simplemente por el placer que produce en todo animador y todo aficionado a la animación la reproducción del movimiento. Cierto es que han desaparecido parte del humor original, substituido por una seriedad justificado por los acontecimientos que afectan al personaje príncipal, no el que da el título a la serie; pero este giro hacia una atmósfera más negra es un agradable cambio frente al mundo de algodón habitado por criaturas moe en el que hemos sido arrojados sin posibilidad de escape, sin contar que cuando la comedia hace irrupción el mismo contraste la hace brillar con mayor fuerza, ayudado por una precisión en los tiempos de entrada que tampoco es muy habitual en estos tiempos.

En conclusión, una producción más que notable, digna recibimiento de la vuelta de una reina absoluta del anime como Suzumiya Haruhi,  que será necesario revisar para evaluarla en su justa medida y cuyas virtudes hacen perdonar esa contaminación de los diseños de personajes originales por los de la serie K-ON!, a la que hacía referencia antes.