domingo, 26 de diciembre de 2010

100 AS (XL): Coal Black and de Sebben Dwarfs (1942) Bob Camplett











En esta revisión semanal de la lista de mejores cortos animados recopilada hace unos años por el festival de Annecy, le ha llegado el turno a la Warner y a uno de sus mejores cortos, Coal Black and de Sebben Dwarfs de 1942, a cargo de uno de sus mejores directores Bob Camplett.

No lo busquen en sus colecciones de la Warner, no lo encontrarán. Este corto pertenece a los infamous eleven, once cortos que por sus representaciones racistas no se han emitido públicamente desde hace décadas, y que sólo han vuelto a resurgir gracias a las copias privadas en 16mm y la ayuda de YouTube.

Antes de que alguien se llevé las manos a la cabeza, hay que señalar que las caricaturas de la gente de raza negra son bastante ofensivas para los afroamericanos (utilizo esa palabra para referirme a los ciudadanos de raza negra de los EEUU, por si alguien no se cosca), no por la caricatura en sí, no muy diferente de los estereotipos de los italianos, australianos o escoceses en otras series, sino por que recuerdan demasiado al modo en que los negros eran representados en tiempo de la esclavitud, de una única manera, siempre como personajes graciosos de por sí, y sobre, todo, felices y contentos con su destino, tanto que se pasaban el día cantando y bailando.

La cuestión es que una injusticia flagrante como la esclavitud, visible para todos incluso para para sus proponentes, se quiso enterrar bajo una pila de mentiras amables, ese sur paradisíaco e inocente que todos recordarán de películas como Gone With the Wind, obligando a realizar una limpieza y restauración de la realidad histórica que aún no  ha culminado y que ha producido una serie de consecuencias indeseables, al no distinguirse entre continente y contenido. Por ejemplo, novelas como Uncle Tom's Cabin, manifiesto en contra de la esclavitud y revulsivo de todo un país antes de la guerra civil, ha llegado a ser considerada por algunos como racista,  mientras que una película como Halleluya!, la primera interpretada exclusivamente por negros y la primera que intentó representar sus conflictos y ambiciones, tiene que ser excusada como producto de su época, pues podría parecer ofensiva y racista.

Por supuesto, en esta autoprohibición de la Warner hay una cierta hipocresía, debida en gran parte a que los cortos clásicos de esta productora son conocidos y disfrutados por todos. No es ya que otras productoras, como la Metro, fueran mucho más declaradamente racistas que la Warner, es que cuando se han realizado recopilaciones de productoras, menos conocidas, como Terrytoons, Lanz o incluso Fleischer, los cortos más polémicos y ofensivos se han podido publicar sin que se haya producido ninguna reacción. Es más, incluso en el caso de la Disney, los cortos de sus primeros tiempos, caracterizados por un humor de baja estofa, han podido ver la luz sin mayores problemas, protegidos por la excusa de su valor e importancia histórica.

Resulta extraño, por tanto el caso de la Warner, más cuando cortos como el que nos ocupa, dejando a parte lo ofensivo o no de la caricatura mostrada, demuestran un interés poco corriente en reflejar lo que sería la cultura del ghetto (si miran el corto, piensen en los vídeos de raperos de ayer mismo) hasta el extremo de que toda la partitura, magnífica, por no decir otra cosa fue interpretada y cantada por músicos e interpretes de raza negra, en un homenaje al jazz producido por la gente de ese color.

No obstante, y dejando aparte estas polémica, lo importante de este corto es su carácter de quintaesencia del estilo Warner, al mando como digo de uno de sus grandes directores, Bob Camplett. En sí la anécdota no es muy diferente de lo que podría realizar la Disney en aquellos tiempos, una adaptación de un cuento clásico, Blancanieves, con ciertos insertos de propaganda para ayudar al esfuerzos bélico de ese tiempo. Un corto por tanto o bien copia de otros muchos o siimple producto de circunstancias perfectamente olvidable.

Por supuesto, eso sería así si no estuviésemos hablando de la Warner y de Camplett. Aparte de la magnífica banda sonora, que ya justifica la visión del corto, en él como en tantas ocasiones se realiza una parodia irónica tanto del cuento original como de la (posible) versión Disney, cambiando el modo de los personajes originales (obsérvese como Blancanieves se metamorfosea en una jovencita de cascos ligeros,  mientras que el príncipe parece un chulo de los bajos fondos) además de añadir una fuerte carga sexual que destruye y aniquila cualquier clase de ñoñería que pudierse anidar en el material original.

Una transformación temática que bastaría para dar origen a un corto notable, pero que el trabajo de Camplett lo convierte en magistral, ya que el estilo de este animador, es el que tendemos a asociar (junto con el de Tex Avery) con la locura y desenfreno de la Warner, aunque no hayamos visto nunca los cortos de estos creadores, y que los directores que vendría después, como Friz Freleng o Chuck Jones, heredarían y continuaría. Un estilo que manos de Camplett es especialmente bronco y exagerado, capaz de exagerar sus criaturas hasta extremos imposibles y de atreverse a audacias formales y temáticas que sus sucesores no se atreverían a igualar... quizás debido al despido fulminante de Camplett en el 45.

Así que no les aburro más y les dejo con el corto. Desgraciadamente, esta versión no respeta los colores originales, que resultan un tanto apagados, aunque la calidad de imagen es mejor que en otras versiones que corren por ahí. Desgraciadamente no tiene subtítulos y el inglés es básicamente slang (de sebben Dwarfs) del título, así que todo son dificultades.

En fin, aquí se lo dejo.