jueves, 29 de noviembre de 2007
Four Fuckin' Minutes
Resulta curioso escuchar esa exigencia, proveniente evidentemente de personas que no ven anime, precisamente cuando este año está siendo una sorpresa tras otra, tal y como vienen demostrando obras mayores como Seirei no Moribito, Tengen Toppa Gurren Lagan, Mononoke, Dennou Coil o Oh! Edo Rocket, cada una destacando en un aspecto completamente distinto y profundizando/avanzando en caminos completamente dispares.
Resulta todavía más sorprendente cuando, en estas últimas semanas ha estallado, sin que nadie lo esperase, un serie como e.f. a tale of memories, que... pero mejor antes que nada vean estos cuatro minutos y juzguen (haciendo abstracción del pequeño añadido final). Cuatro minutos que no necesitan traducción alguna, porque en ellos se entiende todo....
Cuatro minutos donde el impacto emocional no se consigue mediante la interpretación de los actores, sino por medios absoluta y radicalmente abstractos, de forma que al impacto emotivo, como digo, se une un, no menos devastador, impacto estético.
Algo, lo que está haciendo esta serie que no debía haber sorprendido a nadie que siguiera la evolución reciente del anime, puesto que se trata de una producción del estudio Shaft, el cual, bajo la dirección de Shinbou Akiyuki, se ha dedidcado estos últimos años a sorprender continuamente al espectador, a destrozar sus expectativas y a jugar con el medio.
Inciso: tengo que dedicar una entrada a las series de este señor, porque son de lo nunca visto, y precisamente por eso, tienden a pasar inadvertidas, puesto que no despiertan el apetito del común de los otakus, sino de los que, como yo, gustan también de otros alimentos.
Un estudio que, en este caso, con una serie que aparentemente parece ser una más del género de amores juveniles, ha consegido atraer la atención de un segmento mayor y mayoritario del público, provocando, de rebote, un intenso debate entre los aficionados ante las inesperadas audacias y transgresiones en la forma y no en el contenido presentado, que son, éstas últimas, las más fáciles y las que más se suelen utilizar cuando se quiere pasar por avanzado y progressive, y al mismo tiempo recaudar en taquilla.
Dicho esto, se puede ver ahora la escena completa con subtítulos, y apreciar como esa forma avanzada amplifica el contenido, lo hace resonar, e incluso lo mejora, quitándole el óxido de la novela rosa y el infantilismo, y convirtiéndolo en auténtico arte, de ése que no necesita la mayúscula para serlo.
y una coda final. Tras el fundido en negro que culmina la escena, la serie continúa con el Ending, solo que la experimentación no se termina, y los creadores la utilizan, como habían hecho en otros capítulos, para comentar lo que acaba de ocurrir, en un magnífico ejemplo de postmodernismo, como puede verse.
martes, 27 de noviembre de 2007
Eagerly Waiting for the Apocalipsys
Quien me iba a decir, por consiguiente, que encontraría una respuesta leyendo, ni más ni menos, a Gombrich, quien a priori, no parece la persona más apropiada para coger ese toro por los cuernos. Sin ambargo, ocurre que su definición, o mejor dicho el aspecto que señala como común al postmodernismo, es precisamente, el que lo define por entero. En concreto, su falta completa de seriedad.
En efecto algo común a todos los ismos, es precisamente esa seriedad asumida y mostrada, la conciencia de tener una misión, que debe cumplirse irremediablemente y que exije al artista que adopte una práxis, y que sea cubista, abstracto, surrealista, expresionista, informalista, pop, incluso, de forma completa, ascética y pura, de manera que toda mezcla, toda concesión, todo retrocesos en unos postulados irrenunciables, se ve como traición, como herejía que debe ser denunciada y castigada irremediablemente. Un espíritu que sigue extrañamente vivo en artes supuestamente tan nuevas y avanzadas como el cine, representado por los posturas de esos defensores de la ortodoxia heterodoxa, que habitan en Cahiers y adláteres.
Sin embargo, como digo, lo que caracteriza al postmoderno es precisamente esa falta de seriedad. Él puede ser , sea cubista, abstracto, surrealista, expresionista, informalista, pop, sin que esto represente contradicción alguna, y sin que le obligue a apurar los postulados estéticos de esas corrientes, más bien, le basta con parecer ser, sin que necesite llegar a ser. Más aún, el artista postmoderno toma todos estilos contrapuestos, y los presenta juntos al mismo tiempo, haciendo rechinar el conjunto, más bien deseándolo como fin último, amándolos y denigrándolos al mismo tiempo, sin reconocer que uno sea superior al otro.
Un espíritu, éste de buscar la impureza y revolcarse en ella con gusto, de ser al mismo tiempo serio y gamberro, que resulta profundamente perturbador para los formalistas/modernistas, simplemente porque como a mí me ocurría, no saben a que atenerse. Una imprecisión que les lleva a reaccionar violentamente ante los postmodernos... algo que a estos les encanta, por cierto.
¿A que toda esta introducción? Simplemente por que he visto estas reflexiones mías reforzadas por la audición estos últimos día. de Le Gran Macabre, la opera postmoderna de Gyorgi Lygeti. Un compositor que tiene en su haber algunas de las últimas cumbres del modernismo, pero que hacia 1970, justo cuando estaba componiendo esta ópera, se dio cuenta que la pureza formal, mística y críptica, que había defendido tanto tiempo, se había convertido en algo inútil, en un camino sin salida.
¡Y qué vía de escape! Cómo buen postmodernista, Ligety realiza un paseo glorioso por toda la historia de la música occidental, de los trovadores y el gregoriano, a él mismo. Una revisión que no se torna historicista, puesto que no es una copia literal, ni una puesta al día, como otros artistas menos hábiles habrían realizado. Muy al contrario, somos capaces de reconocer los mismos estilos, pero la forma en la que se presentan está doblemente distorsionada, puesto que no se utilizan los instrumentos que deberían utilizarse, ni se aplican a las situaciones (a los sentimientos debería decir) que les correspondería.
Todo está tratado de una forma irónica y desapegada, como si no nos perteneciera ya, como si sólo nos fuera válida, si solo pudiera emocionarnos, de esa forma retorcida y degradada, casi decadente, preludio de un supuesto apocalipsis que se desea con locura.
Una llegada del apocalipsis que es precisamente el tema de la obra, pero que como era de esperar en la praxis postmoderna, está tratado con los modos del teatro de títeres, mostrando nuestra aniquiliación como algo risible, y nuestra existencia, todas las cosas, maneras, sueños, ideologías e ideales, como absurdos que mantenemos por propio cabezonería, juegos de niños que no tienen ningun sentido, y cuyas reglas cambian a capricho y a berrinche de los participantes.
Ejemplar en ese sentido, el tercer cuadro de la obra, donde los dirigentes de los partidos, blanco y negro del reíno de Brueghelland donde tiene lugar la accióbn, entablan un duelo verbal en el que intercambian insultos siguiendo las letras del alfabeto, para, al llegar a la Z, dimitir simultáneamente llevados de su indignación, y reconciliarse acto seguido, por el bien del país. Un ciclo constatemente repétido, de autómata que obedece a un programa y es incapaz de salirse de él, y que si lo comparamos con el clima político actual, debería bastar para hacernos enrojecer de vergüenza.
Una forma de hacer arte que no era nueva, pues ya los maestros del teatro del absurdo, Becket y Ionesco, la habían llevado a cierta perfección, sea cual sea el significado que eso pueda tener para un postmoderno. Peor aún, algo que incluso era ya viejo y con canas para ellos, puesto que no es sino el espíritu de Jarry y su Ubú Rey, esa aparente broma de fin de curso, pero que se las arregla para demoler todo intento de hacer arte político y política con el arte, dejando desnudas su vaciedad, exponiendo sus tics y clichés, señalando lo efímeras y banales que son las ideas que le sirve la excusa.
Algo que, para pseudoprovocadores como Calixto Beito, es especialmente turbador, y que les lelva a denigrar esa obra, Ubú siempre que pueden, por su falta de seriedad, y a montarla intentando destruirla y llevarla su propio terreno.
Vano intento que haría reír a carcajadas a Jarry, si éste pudiera verlo.
domingo, 25 de noviembre de 2007
One Step Back (y 3)

Y no es para menos porque, como bien demuestra esta exposición, junto cuando los modos del Renacimiento Italiano comienza a extenderse al resto de Europa, aparece en Alemania una generación de pintores de primera línea, que en vez de entregarse al nuevo sentir, son capaces de crear un arte opuesto a las formas nuevas, aparentemente anticuado, atado a un pasado y a unas formas ya desvanecidas, pero que es en realidad original, revolucionario, señalador de nuevas vías, como descubrirían los expresionistas alemanes en el XX.
Una generación que surge de forma inesperada, sin un preludio que lo antecediese y en el que fundamentarse, como fuera el caso de la pintura holandesa, viva desde el principio del siglo XV e independiente del arte italiano hasta el final del XVII.
Porque el caso es que la reforma protestante supuso el final de esa generación de artistas, y con ella el de los caminos que marcaban, unos caminos que, como comentaré más adelante podrían haber adelantado el reloj del arte europeo casi tres siglos, pero que, por falta de patronos, se malograron.
Y es que la cuestión fue tan simple como ésa, la desaparición de la iglesia como primer comitente, como fue el caso de Italia, la ausencia de un poderes seculares fuerte y centralizado, como sería el caso de España o Francia, o simplemente, la inexistencia de una clase de comerciantes, necesitada de decoración para sus hogares, como sería el caso de Holanda y Flandes, condenaría a los pintores alemanes a la extinción.
Pero... ¿cuáles eran esos caminos de la revolución de los que hablaba? ¿En que consistían? A todos nos han enseñado que la revolución de la pintura Europea, esa que terminaría con la pintura de caballete y la racionalidad renacentista, se originaría con la invención del paisaje puro a principios del XIX y su exaltación por los Impresionistas a en el último tercio de ese mismo siglo. Todo muy bonito, si no fuera porque el paisaje puro se ha reinventado muchas veces a lo largo de la historia del arte Europeo (y olvidado otras tantas), por unas y otras razones.... como fue el caso de la época que nos ocupa y el caso Albrecht Altdorfer, una de cuyas pinturas encabeza esta entrada.
Un pintor y una obra cuya mera presencia en la historia europea, en ese tiempo, supone un enigma de primera magnitud. En efecto, no estamos en una época donde se prime L'art pour L'art, o donde el creador tenga patente de corso para llevar adelante sus concepciones artísticas, jaleado por un coro de conaisseurs. Estamos en una época en la que el arte es esencialmente utilitario, como he dicho, donde hay un comitente que encarga una obra, exigiendo que presente un contenido ideológico muy concreto, el de hacer propaganda de la persona, la institución a la que pertenecía o de la ideología a la que representaba. El mundo, por tanto, de la obra de encargo.
Pero ¿Qué ideología tiene un paisaje? Precisamente, si el paisaje se había podido filtrar en la pintura Europea, había sido mediante la inclusión de figuras, que le daban la excusa temática apropiada para que algún comprador se interesara por ellas. Sin embargo, aún eso, era una ultimísima novedad, como cualquier visitante de la reciente exposición Patinir, puede recordar. Sólo queda, por tanto la posibilidad de que el propio paisaje fuera una cifra de sí mismo, y remitiese a contenidos alegóricos, si no fuera porque incluso para eso es demasiado pronto, como es posible darse cuenta si se piensa en los grabados de paisajes/alegorías religiosas de Rembrandt.
Así que el misterio queda sin resolver ¿Quién encargó esas pinturas? ¿Para qué? ¿Serían experimentos privados del artista? Y si así eran ¿Cómo es que se han conservado durante cinco siglos? ¿Qué vieron en ellos sus transmisores que fuera de valor para su tiempo, distinto del nuestro, y que a nosotros se nos escapa?
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Shared feelings
O dicho de otra manera, ya no es posible una visión inocente, no está permitido decir que algo te gusta o se disfruta, si no hay una excusa ideológica detrás, de manera que el espectador y el crítico, se ven obligados a justificar su elección refiriéndose a algo externo y superior a la obra de arte, ya sea una adscripción a ciertas misiones estéticas, o una certificación de ortodoxia ideológica.
Lo cual, cuando leo a mis contemporáneos comentar sobre ese indefinible que se llama arte y cultura, me da la impresión de escuchar una cacofonía donde no es posible encontrar nada de provecho, principalmente porque se termina hablando de temas ajenos al propio objeto artísticos y especialmente porque el crítico se convierte inevitablemente en mentiroso, en alguien que debe fabricar continuamente excusas socialmente correctas para presentar sus preferencias, sin llegar a mostrar nunca lo que realmente siente.
¿Y a qué viene todo esto a cuento? Pues el caso es que acabo de ver el episodio 7 de Blue Drop, una serie de la que ya había comentado anteriormente mis reticencias, y de la que aún no puedo decir si será una serie buena o no, memorable o no, puesto que ahora mismo no se hacia donde está yendo, o qué es lo que pretenden decir los autores.
Simplemente, ese capítulo que comento me ha dejado buen sabor, sin que haya sido un episodio excepcional, y que cuando lo he vuelto a mirar me ha recordado los elementos que me atrajeron del anime, en primer lugar, y que continúan atrayéndome... puesto que engarzan con lo que es mi temperamento, mi ethos, por así decirlo.
Porque de siempre me han gustado los momentos de introspección, especialmente aquellos en que un personaje descubre repentinamente cierto sentimiento que no esperaba experimentar.
...o las actividades cotidianas (o como en este caso, convertidas en cotidianas por la casualidad) que contribuyen a reforzar los lazos entre las personas...
... o los pequeños placeres que uno se permite sin que el otro llegue a saber de ellos, hechos posibles por la mutua confianza, que te permite estar donde otros no pueden...

...o simplemente, como se dice una y otra vez en La Una y Mil Noches, que nada hay más hermoso que dos amantes durmiendo juntos...
...y por supuesto uno podría extenderse en hablar de sexpolitics, de intencionalidades y públicos, de transformaciones sociales, de ideales futuros y mínimos mínimos, de imágenes que por sí solas parecerían apuntar a ciertas ideologías....
...pero no tengo ninguna gana de hacerlo, es más, no lo considero importante.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Shifted Meanings

lunes, 12 de noviembre de 2007
Imperial Nightmares
The truth was that Spain was a poor country that made the leap into empire because it was aided at every turn by the capital and expertise and manpower of other associated peoples. It is a story that has never been told, and some day the historians will get round to doing it. Who were the Portuguese, from a nation with the smallest populations in Europe but with the greatest familiarity with the ocean, who backed the Spaniards int the Canaries, in the Caribbean, in the Maluku archipelago, and who piloted their ships across the Pacific? Who were the Genoese whose fleets and finances anchored the Spanish presence in the Mediterranean? Who were the Africans who created the economy of the Caribbean and defended Havana, Portobelo and Callao against the depredations of foreigners? Who were the Chinese who ran the economy of Manila, built its ships and directed its trade? The traditional image of a world empire that one day was securely in the control of Spaniards and the next had slipped out of their control is little more than a fantasy born out of intellectual lethargy.
El caso es que las lecturas de la historia de Iberia hechas por historiadores peninsulares suelen dejarme más sabor. El primer defecto es que siempre parece haber un trasfondo político, un algo del que hay que buscar pruebas en la historia contada, que parece mediatizar y enturbiar la narración de esa misma historia. Así por ejemplo, en tiempos de Franco, la historia Ibérica parecía ser una demostración de la necesidad del régimen dictarial, de forma que en él se encarnasen todas las "esencias patrias" y cada uno de los acontecimientos "buenos" y "gloriosos" no fueran otra cosa que una anticipación de ese régimen. Algo que ha conseguido que los que no compartimos esa ideología, ni la de sus sucesores democráticos, sintamos que nos han robado nuestro pasado, manchado y ensuciado por tanta manipulación.
Ahora sin embargo, en estos momentos de replantemiento de la idea que hemos convenido en llamar "España", esa misma polémica se extiende a la escritura de la historia, puesto que en vez de intentar aproximarnos a la época en cuestión, lo que se nos presenta es el estado de las discusiones, o mejor dicho, el debate entre diferentes nacionalismos ibéricos y el "stalemate" al que las opiniones contrapuestas nos han conducido, ergo, a que sea imposible realizar una historia neutral de "España", y a que todas tengan que ser políticas y polémicas, es decir panfletarias.
Pero esto, aún sería asumible si no fuera por lo que para mí, es el peor defecto de todas estas historias ibéricas, la sensación de no haber aprendido nada, de no haber obtenido una visión genérica de esa época. Por poner un ejemplo, la mayoría de las historias de "España" tienden a ser extremadamente localistas, sin tener en cuenta lo que pasa fuera de los límites territoriales autoimpuestos, excepto si interfieren con la línea narrativa, de manera que los cambios provocados por fenómenos exteriores parecen cataclismos repentinos e inexplicables.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Dissonances
Entre las series que han comenzado este otoño, hay una que me ha despertado un especial interés, por razones que podríamos llamar metacinematográficas... y no tengo muy claro como explicar correctamente ese interés mío.
y si algo tienen en común los buenos openings de las series con los buenos preludios de las óperas, es que ambos coinciden en ponerte en el estado apropiado para ver lo que sigue a continuación. O lo que es lo mismo, te adelantan el modo en el que va a ser contado, las posibles relaciones/incidentes de la trama e incluso te permiten adelantar cual va a ser el final de la historia.


...y sin entrar en polémicas, sobre contenidos válidos e inválidos, correctos e incorrectos, o sobre si está justificado o no (algo que suele ser estériles y derivar en excusas retorcidas para justificar apetencias poco habituales o que no se suelen mostrar), no acabo de ver como ambas lineas narrativas van a converger, simplemente por que las atmósferas, el modo en que están siendo narradas, parecen pertenecer a mundos opuestos...
... ¿o estoy viendo barreras, fosos, obstáculos, donde no los hay?
lunes, 5 de noviembre de 2007
One Step Back (y II)

¿Y que tiene de excepcional este cuadro? Si se recuerda la leyenda de la santa, la protección de dios salvaba a esta de todos los peligros con que se le amenazaba, en concreto de las ruedas erizadas de cuchillas que se quebraban antes de rozar su piel. Un milagro que en este cuadro ha sido llevado al paroxismo, puesto que no sólo se destrozan los instrumentos de tortura, arriba en la esquina derecha, sino que los cielos se abren y la cólera del señor se derrama por toda la tierra, abatiendo a todos los enemigos de la santa que caen fulminados o huyen en desorden.
Todos menos uno, el verdugo que se retratado en el acto de deseinvanar la espada, mientras con la otra agarra la barbilla de Catalina y tira hacia atrás de ella para descubrir su cuello y que la hoja no encuentre ningún obstáculo.


donde el pastor Paris, refugiado en el monte Ida, se convierte en un poderoso noble al que se le muestran tres jóvenes, presumiblemente para su disfrute, sin que nada en ellas, excepto el título del cuadro, nos indique se trata de tres poderosas diosas... o el clima malasano y perverso de las diosas y las santas de otros de sus cuadros que miran al espectador con una media sonrisa, como si conociesen todos los secretos que guarda en su alma.
Una forma de pintar, de entender y de mostrar, que parece representar, presentir, el clima espiritual de la Alemania de su época, un instante antes de la explosión protestante. Una forma de entender el arte que debéría esperar hasta el siglo XX para volver a ser comprendida, cuando los expresionistas, encontrasen en esa planaridad, en ese rechazo del clasicisomo, en ese placer por lo malsano y pervertido, un hermano espiritual.
Una sensibilidad que es la misma que la de nuestros tiempos, que también aborrece la belleza, el equilibrio, la luz... todo lo que podríamos llamar "clásico"
martes, 30 de octubre de 2007
One Step Back (y I)
Un impulso que esta exposición nos hace también comprender al comparar directamente las obras de Durero, con las obras de Giovanni Bellini, su contemporáneo veneciano, y figura única de quinquecento veneciano, tan singular y poderosa que bien puede medirse de igual a igual con cualquiera de los que le sucedieran, Giorgione, Tiziano o el resto.


del rostro concentrado de la misma Magdalena, absorta en su labor, indiferente al mundo, pillada desprevenida por la mirada de nosotros, los curiosos ociosos que la contemplamos.
Pocos retos como éste, y pocos talentos como aquellos alemanes que lo recogieran.
sábado, 27 de octubre de 2007
Walls without gates
Pregunta a la que me quedo con ganas de responder "Pero, en ese caso dejaría de ser anime ¿no?" Pero me callo, porque esto no resolvería nada. Muy al contrario , no sería entendido, simplemente por un prejuicio cultural nuestro. Ese de que sólo es arte válido el que lleva consigo el concepto de progreso.
¿Por qué digo prejuicio cultural nuestro? Simplemente porque en otros ambientes, no existe ese concepto, el de superar a los que te precedieron, hacer algo mejor que ellos, para así demostrar la valía como artista. Más bien al contrario, el artista es realmente válido, artista, no por cambiar lo que ha encontrado, sino por restaurarlo. Mejor dicho, por aprehender completamente la esencia de ese arte que dice dominar y alcanzar la perfección. Una perfección que se supone normada, sometida a a un Kanon.

Algo, ese concepto tan extraño a nosotros que había ilustrado a la perfección Louis Malle en el documental mítico L'Inde Fantôme, cuando al rodar a las estudiantes de una academia de baile tradicional hindú, le vino a la mente la turbadora idea que su constante búsqueda de la perfección dentro de unos parámetros completamente acotados (axfisiantes, diríamos aquí) era más noble que nuestra continua búsqueda de novedades. Simplemente porque el dominio, el conocimiento, la identificación con el arte que ellas serían capaces de alcanzar era inimaginable para nosotros, siempre en perpetuo movimiento, nómadas sin hogar alguno.
Un concepto el de progreso, el de la innovación constante, que ya en otras épocas de nuestra historia cultural ser reveló mortal para el artista, cosa que ocurrió en la transición del alto Renacimiento al Manierismo. Simplemente, porque durante todo el siglo XV, en la búsqueda por representar la realidad de forma racional y matemática, cada generación había superado los logros de sus maestros, en una aparente ascensión sin fin, hasta que Leonardo, Miguel Ángel y Rafaél, completaron el estilo, que tras ellos era imposible de mejorar.
Una situación en que todo artista, por mucho talento que tuviera se veía abocado al fracaso, puesto que si intentaba pintar al estilo de los grandes, le acusarían de plagiario, peor aún, de inútil puesto que era incapaz de añadir algo más, mientras que si intentaba hacer algo completamente nuevo, le acusarían de mal pintor, puesto que para hacer eso nuevo tendría que experimentar, andar a tientas, equivocarse una y otra vez hasta acertar... instante en el que seguramente ya nadie le haría caso.
Una idea, esa del progreso, que nos hace ver en toda imitación, una servidumbre, en todo parecido un plagio y un robo, o como mínimo una falta de lo que hay que tener para ser artista. Una actitud que si se aplica a rajatabla nos llevaría a intentar buscar desesperados, cual de estos dos cuadros fue pintado primeto, si el de Mantegna

o el de Giovanni Bellini

para así poder decir que el primero es el bueno, mientras que el segundo no, cuando ambos son igual de importantes, puesto que en ellos se distingue claramente la mano de la persona que lo ha creado.
Y hay otro factor más, en esta absurda carrera sin fin a la que nos ha llevado el fantasma del progreso continuo. La idea de que si fracasas las concepciones, supuestamente buenas por nuevas, del artista, es debido a la existencia de fuerzas obscuras, políticas, económicas y religiosas, que lo frustran, cuando la realidad es que el mayor enemigo de cualquier innovación es el público, por lo que si el público disfruta con que se le muestre experimentación, esas fuerzas obscuras bien que se preocuparan de que haya experimentación, para así sacar tajada, como fue el caso de las vanguardias históricas, ya que en ese tiempo era cool ser culto y avanzado, y promover el High Art.
Mientras que el camino señalado por Chuck Jones en estos dos cortos (Now Hear This, y The Dot and the Line, a Romance in Lower Mathematics) nunca fue recorrido por la animación simplemente porque el público, y muchos críticos se debieron quedar a cuadros.
Lo cual no dice mucho a favor de esa necesidad de la innovación en el arte, en la que todos creemos y que todos pregonamos.
...
Y resulta curioso que me haya embarcado precisamente ahora en esta defensa a ultranza del anime. Porque me ocurre con el anime lo que pasa en esos viajes largos, de semanas y meses, sin rumbo fijo, una noche, otra noche acá, disfrutando a cada momento, sin arrepentirte en absoluto de nada, porque sabes que es definitorio en tu existencia...
...hasta que un día te sientas en un banco y te viene todo el cansancio encima, y sólo deseas una cosa: volver a casa. y desde ese instante te mueves en línea recta, lo más rápido posible, para llegar cuanto antes, aún cuando sepas que ese hogar ya no existe...
...y ahora precisamente siento eso mismo, el ansia de volver a casa, tras la aventura...
jueves, 25 de octubre de 2007
Across the wide world (y 4)
martes, 23 de octubre de 2007
Remembering never seen landscapes

Una exposición que, aparte de su valor, viene a confirmar como toda persona, incluso los genios, no son más que un acumulo de contrastes, no sólo en su personalidad, sino en su propia biografía, porque tenemos a un artista judío, que vive sus últimos años como protegido de un oficial de la Gestapo, porque éste quiere que le pinte un mural, para morir de un disparo en la cabeza, realizado por otro oficial alemán enemigo del primero, que buscaba venganza... sin contar que ese fresco se consideró perdido durante decenios, hasta ser descubierto hace unos cuantos años, restaurado por el gobierno polaco y mutilado por los representantes de un museo israelí, que arrancaron fragmentos del mismo y se los llevaron a Israel.
Un conjunto de contradicciones y paradojas de las que no se libra esta exposición, puesto que el que la vista, al ver la obras allí expuestas, de Schulz y otros artistas, puede llegar a pensar que los cuentos de este autor responden a los mismos criterios que su pintura, es decir, un erotismo basado en la humillación y la crueldad, cuando lo que caracteriza al Schulz escritor, son dos detalles muy típicos de su época, la de los formalismos y modernismos, a saber, el hecho de ser un mago del lenguaje, que nos descubre relaciones, conexiones, contubernios insospechados entre las palabras más normales, y por otra parte, el crear nuevos paisajes imaginarios, ensueños lúcidos que tienen lugar a plena luz del día, y que, aunque radicalmente personales, pueden ser soñados y compartidos por cualquiera.
¿y qué quiero decir con esto? Basta con una pequeña frase de Una segunda caída, cuento que forma parte de Sanatorio bajo el signo de la clépsidra.
Mi padre fue el primero en explicar el carácter derivado y secundario de esa estación tardía, que no es otro que el resultado del envenenamiento de nuestro clima, provocado por las miasmas que exudan los ejemplares degenerados de arte barroco que se amontonan en nuestros museos.
Un lenguaje con la sequedad, la frialdad y la precisión del lenguaje científico, pero que nos habla absurdos, imposibles que parecen ciertos, precisamente por ese rigor con el que están escritos.
O como este prodigio de poesía sacado de Agosto, perteneciente a Las tiendas de canela.
El tiempo de María - el tiempo prisionero en su alma - la había abandonado y - terriblemente real - llenaba la habitación, vociferante e infernal en el brillante silencio de la mañana, elevándose del ruidoso reloj como una nube de mala harina, harina polvorienta, la estúpida harina de los enloquecidos.
donde se observa otra de las constantes de Schulz, un recuerdo del romanticismos distorsionado a la moderna, o como el estado anímico de la persona que habita el mundo de los cuentos del autor polaco, es capaz de influir en la realidad que le rodea, deformarla y malearla, hasta hacer visible, más que eso, tangible, una presencia que puede saltar sobre nosotros y atacarnos.
Algo que a muchos les ha recordado a Kafka, y que debido a que uno escribió su completa antes de 1924 y Schulz lo hiciera a partir de 1936, ha llevado a calificar al polaco de discípulo y seguidor del checo. Opinión que sólo refleja la superficialidad de muchos opinantes, puesto que lo que en Kafka es la visión aterrada de un cuerdo en un mundo de locos (o de aquel que se despierta loco y deja de comprender el mundo) no existe en Schulz. Sus personajes, ninguno de ellos, encuentran extrañeza en el mundo que les rodea, muy al contrario, no es extraño que comiencen a celebrar la belleza de ese su mundo deformado y que consigan hacernos partícipes de ese mismo sentimiento, como muestra este pasaje de El Libro en Sanatorio bajo el signo de la Clépsidra, donde se nos habla de un libro de los libros, mágico y maravilloso.
En realidad, hay muchos Libros. El Libro es un mito en el que creemos cuando somos jóvenes, pero que dejamos de tomarnos en serio a medida que envejecemos.
Sin que, esa celebración y descubrimiento del mundo, signifique que existe una meta al final, llamémosla paraíso o salvación.
Ella nunca le había amado y puesto que Padre nunca había echado raíces en el corazón de una mujer, no pudo entrar en ninguna realidad y fue por tanto condenado a flotar eternamente en la periferia de la vida, en regiones medio reales, en los márgenes de la existencia.
Y es aquí, cuando descubrimos que las paradojas y contradicciones que habíamos creído ver entre su literatura y su pintura no existían en realidad, y que todo confluye en el mismo punto.
viernes, 19 de octubre de 2007
The well tempered flashback
Ya que nos enseña que lo primero hay que buscar una situación en la que los protagonistas/causantes del flashback puedan encontrarse a solas...


..preferentemente al lado de un río, para a continuación echar el anzuelo por ver si pica algo...
...confiar en que se acabe pescando un televisor...
...para encenderlo...
...y comentar en buena compañía las peripecias del episodio de la semana pasada...
..un ejemplo que, como digo, debería servir para acallar cualquier duda que se tuviera sobre como utilizar un flashback...
miércoles, 17 de octubre de 2007
boundless landscapes (y 2)


y estos óleos de Nolde.

pero, como suele ser habitual y casi inevitable, en estas generalizaciones apresuradas que constituyen la esencia de un blog, estaba diciendo medias verdades.
Porque, a pesar de su igualdad a nuestros ojos, para el artista y para los espectadores de las épocas respecivas, primeros del XIX en el caso de Turner y primeros del XX para Nolde, la importancia y la valoración de ambas era muy distinta.
Entiéndase muy bien, antes que nada, que intentó decir con "importancia" y "valoración". Sin darnos cuenta, todos clasificamos los objetos artísticos en "mayores" y "menores". Productos que pueden ser mostrados al público, y productos que no deben serlo, simplemente una etapa en la gestación de ese otro producto y válidos sólo por eso.
Cosas Inacabadas e incompletas, por decirlo sencillamente.
Asímismo tenemos una impresión de lo que es normal y de lo que es revolucionario, de lo que es ser atrevido y de lo que es ser retraído. Algo que, dependiendo de nuestros fundamentos estéticos, puede ser tanto bueno como malo.
Porque el caso es que las acuarelas de Turner no estaban pensadas para ser mostradas al público, eran simplemente estudios, esbozos que deberían dar a obras completamente terminadas y que, además, dado el método de trabajo de Turner, se correspondían con la fase inicial de sus cuadros, en lo que empezaba trazando una serie de manchas vagas, para luego, como dicen los contemporáneos, ir sacando de ellas los objetos y los contornos, hasta hacerlos visibles.
Unos contemporáneos que no verían nada de radical ni de vangüardista ni de revolucionario, en estas acuarelas, puesto que para ellos (y quién sabe si para Turner) no eran más que pasos intermedios, borrones, que se decía entonces, abandonados en el camino hacia una obra definitiva y que, por tanto, no eran motivo de escándolo, aunque sí lo fuera el método de trabajo de Turner, contrario al de sus contemporáenos.
Un escándalo que sí vieron los contemporáneos en las obras de Nolde (incluso en 1933 Hitler las incluiría en el arte degenerado, aun cuando Nolde simpatizaba con el movimiento nazi), puesto que para Nolde, éstas si son obras acabadas, obras destinadas a la exposición, y sobre todo a la venta, lo cual enrabietaba mucho a los que no veían que por esa basura, por esos esbozos propios de un infante, se pudiera pagar dinero.
Sin embargo, para nosotros, los descendientes de tantas revoluciones artística, de tantos ismos y movimientos, ambas obras nos parecen iguales, acabadas y completas, independientemente de lo que pensasen en su tiempo creadores y espectadores.
Simplemente bellas, en definitiva.
Más aún, evocadoras de un cierto estado de ánimo, de un sentir común que cruza los siglos, y que por tanto, es susceptible de ser reinterpretado, recreado, en un futuro lejano.
Para conseguir como digo yo, repetir lo mismo de forma distinta.
lunes, 15 de octubre de 2007
Boundless lanscapes
Immanuel Kant, Crítica del Juicio
Un cuadro de Caspar David Friedrich no caduca, lo que caduca son sólo algunas circunstancias que dieron lugar a su creación, por ejemplo, determinadas ideologías. Por lo demás, cuando el cuadro es bueno nos interpela por encima de las ideologías como un arte que hay que defender (contemplar, exhibir o hacer) con algún esfuerzo. Por tanto, también "hoy en día" es posible pintar como Caspar David Friedrich.
de una carta de Gerhard Richter a Friedrich Amman, 1973
es amplificada por los no menos impresionantes lienzos de Nolde de primeros del XX

y eso, la emoción que ambas expresiones artísticas nos producen, las que nos hace darnos cuenta de que estética e ideológicamente no hay casi diferencia alguna.
O dicho de otra manera, que no hay evolución en el arte, sino que la modificación de las técnicas lo que permite es representar las mismas cosas de maneras distintas.
(y debería volver sobre esta idea que a muchos les sonará a blasfemia o herejía)












