miércoles, 17 de octubre de 2007

boundless landscapes (y 2)

Había señalado, siguiendo la estela de la exposición que comentaba en la entrada anterior, la igualdad estética e ideológica, de estas acuarelas de Turner.







y estos óleos de Nolde.




pero, como suele ser habitual y casi inevitable, en estas generalizaciones apresuradas que constituyen la esencia de un blog, estaba diciendo medias verdades.

Porque, a pesar de su igualdad a nuestros ojos, para el artista y para los espectadores de las épocas respecivas, primeros del XIX en el caso de Turner y primeros del XX para Nolde, la importancia y la valoración de ambas era muy distinta.

Entiéndase muy bien, antes que nada, que intentó decir con "importancia" y "valoración". Sin darnos cuenta, todos clasificamos los objetos artísticos en "mayores" y "menores". Productos que pueden ser mostrados al público, y productos que no deben serlo, simplemente una etapa en la gestación de ese otro producto y válidos sólo por eso.

Cosas Inacabadas e incompletas, por decirlo sencillamente.

Asímismo tenemos una impresión de lo que es normal y de lo que es revolucionario, de lo que es ser atrevido y de lo que es ser retraído. Algo que, dependiendo de nuestros fundamentos estéticos, puede ser tanto bueno como malo.

Porque el caso es que las acuarelas de Turner no estaban pensadas para ser mostradas al público, eran simplemente estudios, esbozos que deberían dar a obras completamente terminadas y que, además, dado el método de trabajo de Turner, se correspondían con la fase inicial de sus cuadros, en lo que empezaba trazando una serie de manchas vagas, para luego, como dicen los contemporáneos, ir sacando de ellas los objetos y los contornos, hasta hacerlos visibles.

Unos contemporáneos que no verían nada de radical ni de vangüardista ni de revolucionario, en estas acuarelas, puesto que para ellos (y quién sabe si para Turner) no eran más que pasos intermedios, borrones, que se decía entonces, abandonados en el camino hacia una obra definitiva y que, por tanto, no eran motivo de escándolo, aunque sí lo fuera el método de trabajo de Turner, contrario al de sus contemporáenos.

Un escándalo que sí vieron los contemporáneos en las obras de Nolde (incluso en 1933 Hitler las incluiría en el arte degenerado, aun cuando Nolde simpatizaba con el movimiento nazi), puesto que para Nolde, éstas si son obras acabadas, obras destinadas a la exposición, y sobre todo a la venta, lo cual enrabietaba mucho a los que no veían que por esa basura, por esos esbozos propios de un infante, se pudiera pagar dinero.

Sin embargo, para nosotros, los descendientes de tantas revoluciones artística, de tantos ismos y movimientos, ambas obras nos parecen iguales, acabadas y completas, independientemente de lo que pensasen en su tiempo creadores y espectadores.

Simplemente bellas, en definitiva.

Más aún, evocadoras de un cierto estado de ánimo, de un sentir común que cruza los siglos, y que por tanto, es susceptible de ser reinterpretado, recreado, en un futuro lejano.

Para conseguir como digo yo, repetir lo mismo de forma distinta.

1 comentario:

Jose M. López Fernández dijo...

mother mine! qué belleza eléctrica y saturada las de Nolde (al que tengo bastante olvidado, por cierto)