martes, 2 de octubre de 2007

Millions of colours

Antes de comenzar esta entrada, quería señalar con que frecuencia las malas noticias vienen solas.

El caso es que la semana pasada saltó la noticia de que Geneon USA, una de las mayores distribuidoras de anime en zona 1, cerraba sus puertas. Esta empresa se había ganado el aprecio de los auténticos aficionados por el hecho de traer todo tipo de series, especialmente aquellas que no se correspondían al perfil medio que se le supone al espectador de anime en occidente (adolescente interesado en las peleas eternas y la representación del sexo más simplona y primaria).

Geneon se había convertido, como digo, por méritos propios en la gran esperanza y la niña bonita de los aficionados. Cada vez que una serie de auténtica calidad, o simplemente una de esas que no se ajustaba al perfil, era emitida por la televisión japonesa, podía tenerse la seguridad de que Geneon acabaría por licenciarla, como bien demuestra una revisión del amplísimo catálogo de esa empresa.

Ahora, sin embargo, no queda quien se atreva a arriesgarse. Una empresa que busque demostrar que el anime es algo más que Dragon Ball, Naruto o One Piece, y que cree así un público más consciente y crítico. Por supuesto, esto tiene algo de bola de nieve, sí no hay quien consuma anime un poco diferente, ergo, si las empresas no reciben dinero por hacer esas cosas nuevas, evidentemente no se tomarán las molestias y tirarán por los caminos trillados.

Ergo, la disyuntiva de siempre, sin un público no se crean esas obras, y sin esas obras no se crea un público.

Pero ¿Quién ha tenido la culpa de la caída de Geneon USA? Es muy fácil echar la culpa a los ejecutivos de la casa madre japonesa. Al fin y al cabo, si han obrado así, no ha sido sino para cortar gasto. En efecto, a pesar de su variado catálogo y de sus cuidadas ediciones, lo cierto es que las ventas de Geneon USA eran mucho menores de lo que correspondía a la cifra de series que ofrecía.

Lo que quiere decir que los consumidores de anime, fuera del núcleo duro de aficionados, no estaban respondiendo. Es decir, que en vez de apoyar con su dinero a los que estaban haciendo algo distinto han preferido tirar por lo de siempre, haciendo que se vaya al traste una oportunidad de oro, y dejando tocado al mercado del anime y quizás a su evolución estética (y esto sin haber traido a colación el tema de los fansubs, o mejor dicho, el uso que algunos hacen de ellos, es decir disfrutar de lo que nos gusta sin dar una peseta a los que crean esos productos... algo que no deja de evidenciar cierto desprecio hacia esas personas)

Pero volviendo a lo que debería ser el tema de esta entrada. El caso es que aquí y allí, en una series más claramente que en otras, se puede apreciar las cumbres a las que podría llegar el anime. En ese sentido, una serie como Touka Gettan, de la que ya he hablado en otras ocasiones, es ejemplar.

No porque vaya a pasar a la historia, ni porque vaya a suponer un antes y un después en la historia del anime. Hace ya muchos episodios que la trama se desenredo y perdió, y si la sigo viendo es por los inesperados detalles de presentación y tratamiento, como fuera la representación teatral que llenó el episodio 19 o estas escenas del episodio 21, mostradas en blanco y negro, pero donde las diferentes telas que se van mostrando aparecen en color, como puede verse.







Y lo importante no es este contraste entre monocromía/color completo que hemos visto en tantas otras producciones. Lo realmente importante es que se pierda tanto tiempo en mostrar simplemente esas telas ricamente decoradas y teñidas cada una de un color único, como si se nos quisiera señalar que no estamos viendo el mundo tal y como él, que nos estamos perdiendo, hora tras hora, día tras día, lo más importante, la mayor parte del goce que supone estar vivo.

Una impresión aumentada por el tratamiento, puesto que si al principio el foco está en la persona que va mostrando una a una las diferentes telas, enseguida la deja fuera y se centra directamente en cada uno de los diseños, llenando la pantalla con ellos, permitiendo que los disfrutemos a gusto, tanto en sus parecidos como en sus diferencias.















Un modo de ver, de sentir y de vivir, que parece obligarnos a recordar el auténtico significado de la palabra sensualidad. O dicho de otra manera, que vivir en este moderno significa hacerlo todo deprisa y corriendo, consumir una etapa tras otra, anticipando la siguiente, sin apenas saborearlas, cuando lo que deberíamos hacer es aquietarnos, dejar decantarse el momento, descubrirlo y saborearlo en toda su extensión, el placer que se esconde y anida hasta en los menores gestos cotidianos.







Y claro, esta es una de esas series que Geneon USA podría haber traído a Occidente, pero que ya no lo hará, por razones obvias.