lunes, 12 de noviembre de 2007

Imperial Nightmares


The truth was that Spain was a poor country that made the leap into empire because it was aided at every turn by the capital and expertise and manpower of other associated peoples. It is a story that has never been told, and some day the historians will get round to doing it. Who were the Portuguese, from a nation with the smallest populations in Europe but with the greatest familiarity with the ocean, who backed the Spaniards int the Canaries, in the Caribbean, in the Maluku archipelago, and who piloted their ships across the Pacific? Who were the Genoese whose fleets and finances anchored the Spanish presence in the Mediterranean? Who were the Africans who created the economy of the Caribbean and defended Havana, Portobelo and Callao against the depredations of foreigners? Who were the Chinese who ran the economy of Manila, built its ships and directed its trade? The traditional image of a world empire that one day was securely in the control of Spaniards and the next had slipped out of their control is little more than a fantasy born out of intellectual lethargy.


Henry Kamen, Spain's road to empire.

Comentaba yo en otra ocasión, mis aprensiones sobre la nueva historia de España que Editorial Crítica había comenzado a publicar... unos miedos los míos que la lectura del tomo 3, Monarquía e Imperio, no han hecho más que confirmar.

El caso es que las lecturas de la historia de Iberia hechas por historiadores peninsulares suelen dejarme más sabor. El primer defecto es que siempre parece haber un trasfondo político, un algo del que hay que buscar pruebas en la historia contada, que parece mediatizar y enturbiar la narración de esa misma historia. Así por ejemplo, en tiempos de Franco, la historia Ibérica parecía ser una demostración de la necesidad del régimen dictarial, de forma que en él se encarnasen todas las "esencias patrias" y cada uno de los acontecimientos "buenos" y "gloriosos" no fueran otra cosa que una anticipación de ese régimen. Algo que ha conseguido que los que no compartimos esa ideología, ni la de sus sucesores democráticos, sintamos que nos han robado nuestro pasado, manchado y ensuciado por tanta manipulación.

Ahora sin embargo, en estos momentos de replantemiento de la idea que hemos convenido en llamar "España", esa misma polémica se extiende a la escritura de la historia, puesto que en vez de intentar aproximarnos a la época en cuestión, lo que se nos presenta es el estado de las discusiones, o mejor dicho, el debate entre diferentes nacionalismos ibéricos y el "stalemate" al que las opiniones contrapuestas nos han conducido, ergo, a que sea imposible realizar una historia neutral de "España", y a que todas tengan que ser políticas y polémicas, es decir panfletarias.



Pero esto, aún sería asumible si no fuera por lo que para mí, es el peor defecto de todas estas historias ibéricas, la sensación de no haber aprendido nada, de no haber obtenido una visión genérica de esa época. Por poner un ejemplo, la mayoría de las historias de "España" tienden a ser extremadamente localistas, sin tener en cuenta lo que pasa fuera de los límites territoriales autoimpuestos, excepto si interfieren con la línea narrativa, de manera que los cambios provocados por fenómenos exteriores parecen cataclismos repentinos e inexplicables.


Esto es especialmente lamentable en un caso como la historia Ibérica del siglo XVI, un momento histórico en el que se produce un auténtico first histórico, el instante en que una civilización, la occidental se pone (y pone) en contacto al resto de las civilizaciones mundiales, creando la primera red económica y cultural, global conocida y provocando una respuesta del resto de civilizaciones ante su intromisión... una respuesta que variaría entre la extinción (como sería el caso de las culturas americanas), la resistencia y el anquilosamiento (como sería el caso del Islám) o la adaptaciónm absorción la renovación (como sería al caso de las civilizaciones orientales).


Algo que no se encuentra en la Historia de Editorial Crítica, pero que si aparece en el breve resumen de Kamen, como muestra la cita que encabeza esta entrada.


Un resumen que a pesar de sus errores (por ejemplo el poco espacio que se le da al imperio a partir de 1700, que no pasa de ser un epílogo) resulta especialmente por derribar bastantes mitos historiográficos que, a pesar de toda la investigación y de todo nuestro escepticismo postmoderno, siguen bastante vivos entre nosotros,tanto entre las izquierdas como entre las derechas.


Por resumir. El primer mito que deriba es el de que el Imperio (la pesadilla imperial en la que nos embarcamos y que no nos sirvió de nada) fue una empresa exclusiva de Castilla. Kamen argumenta con bastante peso que fue una empresa en la que contribuyó todo Europa, incluso aquellos países que eran enemigos de la monarquía hispana, puesto que de él obtenían gran parte de la riqueza que les permitió desarrollarse (y dominar el resto del mundo, by the way). Lo que es más que el imperio fue una colaboración mundial, en la que participaron africanos, asiáticos y americanos, que se mostraron incluso más celosos del mantenimiento de ese imperio que los propios conquistadores hispanos y sus descendientes.


O lo que es lo mismo que los españoles (los castellanos) no pasaron de ser unos intermediarios a regañadientes en un sistema que no comprendían completamente y cuya gestión se les escapaba de las manos.


Algo que se convierte en el segundo punto, el de como el imperio y el dominio que los españoles ejercían sobre él era especialmente tenue y frágil, que si no se quebró antes fue porque nadie se propuso quebrarlo, y que el papel de los españoles se limito a ser los subtitutos de las élites gobernantes, allí donde estás existían, mientras que el resto de la población continuaba su vida normal sin apenas cambios.


Algo que no debería ser tan sorprendente, por lo que voy a explicar a continuación. Cuando de pequeño te contaban la historia de la América colonial, ésta se reducía a un par de conquistas cataclísmicas, tras la cual toda América era hispana y católica, como si nada hubiera existido antes. Una situación que no cuadraba con el hecho de que los conquistadores fueron incapaces de extenderse a territorio de los EEUU, de vencer a los indios araucanos (mucho menos organizados que los incas, pero nunca sometidos por los conquistadores) o simplemente de eliminar a la piratería del Caribe.


Cuando uno estudiaba un poco más encontraba que las amplias manchas en el mapa que expresaban el dominio español se reducían bastante, y que este se había limitado a los nucleos duros de los imperioos precolombinos, mientras que fuera de ellos, los conquistadores habían sido incapaces de extender su dominio. Así por ejemplo, la conquista de Yucatán costó más vidas y tiempo que la del Imperio Azteca y hasta el siglo XVIII existió un reíno maya independiente en el corazón de Guatemala, similar a los reínos postIncas que coexistieron con el Vierreinato del Perú, Argentina y Uruguay habían sido conquistas tardías, una y otra vez tomadas y abandonadas, mientras que en el Paraguay existió el estado paralelo jesuítico.... para culminar con el largo rosario de rebeliones indígenas del XVIII que continuaría hasta la independencia, muchas veces en contra de los libertadores.


Un imperio muy poco imperial, por tanto, limitado por los amplios espacios, la penuria de sus recursos y la cerrazón ideológica.


Así que no debería extrañarnos la descripción que hace Kamen de Manila, como una simple factoria comercial, lo cual explicaría porqué en Filipinas la lengua oficial no es el castellano, el desinterés de España por el Pacífico que debería haberse convertido en un lago Castellano, si realmente hubiéramos sido un Imperio como es debido, o el fracaso en colonizar el sur y el oeste de los actuales EEUU.


Es decir un imperio que no se hizo producto de un diseño y de una política, es decir de un imperialismo ideológico, sino que se construyo por casualidad, por suerte, y casi a regañadientes, de forma que España y Castilla se vieron de repente ascendidas al rasgo de potencia imperial, sin pretenderlo, sin la capacidad para hacerlo y sin la mentalidad para conservarlo... lo que nos llevaría a ser odiados y detestados por el resto del mundo.


Algo que tiene mucho que ver con ese novus imperium de ahora mismo, también construido a regañadientes, también odiado por todos.... y cuyo destino pudiera ser el mismo que el nuestro.