miércoles, 23 de noviembre de 2016

Torbellino

Wir trennten uns im Vorspiel der Liebe,
An meinem Herzen glitzerte noch hell dein Wort -
Und still verklangen wir im Stadtgetriebe,
Im Abendschleier der Septembertrübe
In einem schluchzenden Akkord.

Doch in der kurzen Liebesouvertüre,
Entschwanden wir von dieser Erde fort,
Durch Paradiese bis zur Himmelstüre,
Und es bedurfte nicht der ewigen Liebesschwüre,
Und nicht der Küsse blauer Zaubermord.

Und meiden doch seitdem uns wie zwei Diebe -
Und nur geheim betreten wir den Ort,
Wo uns vergoldete - die Liebe.
Bewahren wir sie, daß sie nicht erfriere,
Oder im Alltag blinder Lust verdorrt.
Ich weinte bitterlich - wenn ich es einst erführe.


Obertura, Else Lasker-Schüler

Nos separamos en el preludio del amor
En mi corazón aún brillaba luminosa tu palabra -
Y callados resonamos en los engranajes de la ciudad
en el velo de la tarde del neblinoso septiembre
en un acorde lastimero

Pero durante la corta obertura del amor
nos arrebatamos a esta tierra
a través del paraíso hasta las puertas del cielo
Y no fue preciso un juramento eterno de amor
Ni el beso del amoratado hechizo asesino

Y nos evitamos desde aquel día como dos ladrones
Y sólo secretamente visitamos el lugar
Donde nos hizo de oro - el amor.
Cuidamos que no se congele
o que en el día a día se agote su ciego placer
Lloré amargamente - la primera vez que lo experimenté.


Durante esta tres semanas he estado leyendo unas breves antologías de tres grandes poetisas del siglo XX: la alemana Else Lasker Schüler, la japonesa Yosano Akiko y la iraní Forug Farrojzad. Aunque pertenecen a ámbitos culturales muy distintos y, en el caso de Farrojazad, a una época muy posterior, las tres comparten un mismo substrato ideológico. Se trata de mujeres independientes, que deciden vivir a su manera, lo que les lleva a chocar con sociedades tradicionales y ciertamente discriminatorias hacia los derechos de la mujer, incluso hoy en día. Este deseo de libertad no se limitó a sus actos - no habrían pasado en ese caso de ser consideradas unas excéntricas, o mucho peor, unas locas - sino que se extendió a una obra literaria, e incluso cinematográfica en el caso de Farrodjzad, en donde se atrevían a expresar sin tapujos ni reparos el modo en que ellas sentían y experimentaban el amor y el sexo.

Se embarcaron así en la destrucción voluntaria de un modelo de mujer impuesto por sus respectivas sociedades, aquella despojada de su sexualidad, que obviamente les llevó a entrar en conflicto con los defensores de la decencia y las autoridades religiosas.  Precisamente ésas que de nuevo quieren volver a dictarnos como vivir y sentir, primero en el oriente musulmán desde 1979, más recientemente en el occidente que se creía  postcristiano, con el auge del integrismo protestante.


De estas poetisas, Lasker-Schuler es la que más respondería al modelo de bohemio al modo romántico. Su figura y modo de vivir recordaba al excéntrico que se sabía y reconocía al margen de la sociedad, sin tener miedo a mostrarlo públicamente. Sin lugar de residencia fija, cambiaba de vivienda frecuentamente sin preocuparse por sus fuentes de financiación, dependiendo en muchos casos de la ayuda de amigos y admiradores. Esta movilidad permanente se agravó con la llegada del nazismo, que como judía la forzó a exiliarse en Suiza y finalmente, por mero azar, en Palestina, donde murió. Por otra parte, esta excentricidad e inestabilidad biográfica se reflejaba también en su vestimenta, llamativa y discordante, en su apego a un cerrado acento regional alemán - aunque su lengua escrita no puede ser más pura - y a un continuo transitar de amante en amante, a los que se entregaba con pasión arrolladora... la misma que luego resurgía en sus tempestuosas rupturas.

Es precisamente este último pormenor biográfico el que va a dominar la obra poética de Lasker-Schüler. Ella es una de los grandes poetas eróticos de la tradición occidental, en cuyos versos el amor es el único tema, sin que llegue a filtrarse jamás en ellos la actualidad política del momento, a pesar de haber presenciado guerras mundiales, dictaduras fascistas o persecuciones raciales. Este encierro suyo en una torre de marfil de construcción propia puede llevar - y ha llevado - al reproche de poeta aislado en su torre de marfil, indiferente al sufrimiento humano, ausente de la evolución del mundo.  Sin embargo, en su caso esa objeción me parece injusta puesto que poco hay de conservador y tradicional en el mundo imaginario recreado por Lasker-Schuler o en el modo en que ella concibe y experimienta el amor.

En primer lugar, es cierto que el ambiente en que sus poemas se desarrollan es el de una fantasía con rasgos orientales, casi orientalistas; pero no es menos cierto que ese decorado es el único en el que podía manifestarse la exaltación exasperada de su sentimiento sin resultar ridículo. Hay que trasladarlo a un mundo imposible e incalcanzable, propio de la alucinación provocada de las drogas, puesto que sólo allí puede alcanzar la intensidad sin límites en la que se fundamente su originalidad como poeta. Es un nuevo universo donde el amor puede revelarse como incendio, hambre casi caníbal, posesión que no admite resistencias ni negativas, muchos menos componendas.  Disolución destructiva, por tanto, tanto del amante como del amado.

Un amor que poco tiene de puro, cuya perfección sólo se alcanza mediante la carnalidad, por el contacto íntimo, desnudo y continuado con el amado, por la práctica y el goce del sexo. Es ahí donde alcanza su perfección, su sentido y su finalidad, y donde al mismo tiempo comienza a quebrarse y descomponerse. Alcanzadas las más altas cumbres, no queda otra cosa que descender de ellas, en un largo y tortuoso camino de dolor, de lamento por lo perdido, incluso por lo que no se pudo alcanzar, hasta confluir en una desgarradora soledad existencial, en la que sólo quedan la poetisa, como amante perdida, en medio un mundo igual de vacío y frío.

Un mundo en donde, como dice uno de los versos de Lasker-Schuler: "Las estrellas, tránsidas de amor, extienden sus brazos, y sólo aferran el frío aire"