miércoles, 25 de junio de 2014

From the Vault (XI): Escaflowne (1996)

Siguiendo con este rescate de mis escritos en el agonizante foro de cine cinexilio, unido a la revisión de mis entradas sobre anime en este blog que voy reuniendo en página aparte, le ha llegado el turno a Escaflowne

Esta serie es otra de las que todo aficionado de ya cierta edad tiene en su panteón particular. Aunque pueda confundirse con otra más de esas historias de fantasía y aventuras, la serie se eleva por encima de todas ellas por sus claras ambiciones estéticas, en muchos casos rozando la vangüardia, a las que se une la solidez y resonancia de una trama libre de todas las tonterías presentes que plagan hasta a las mejores series.

Sin olvidar, por supuesto, a su personaje principal, esa Hitomi, prototipo de mujer fuerte y decidida, compleja y real, que no se anda en barras a la hora de actuar y opinar, sin nada que ver con estereotipos esterotipos con pata y etiquetas tan comunes hoy en día.

En resumen una de las grandes series de un Sunrise en su mejor momento.



Tenku no Escaflowne/La visión de Escaflowne
1996, 26 episodios.


Tal es su belleza, que arriesgara mi vida sólo por verla

Uno de los caminos transitados habitualmente por el anime es el del personaje arrebatado del Japón actual a un mundo de fantasía, ya sea pasado o futuro, en el cual tendrá que atravesar multitud de peripecias y afrontar no menos numerosos peligros, hasta conseguir retornar al mundo del cual había partido.

De este modo, en Escaflowne tenemos a nuestro herona, Hitomi, que tiene que abandonar sus preocupaciones infantiles para ir madurando a medida que avanza la serie, sin olvidar tampoco a los apuestos príncipes que se disputan su amor o los secundarios cómicos que aflojen la tensión de la historia principal, ni tampoco la intriga bélico/política, el imperio del mal al que deban derrotar nuestros protagonistas para salvar a su mundo, quiera éste que le salven o no.

¿Una enumeración de tópicos, entonces?

Casi.... y en ése casi está la diferencia.

En un momento de la serie, uno de los protagonista se cruza con el hijo que engendró con la mujer que amaba, justo antes de que ésta, por razones políticas, tuviera que marcharse para casarse con otro hombre. En otro tipo de historias, el folletón decimonónico o la soap opera contemporñanea, hubiera sido la excusa para embarcarse en un investigación de la paternidad recobrada, los abismos entre clases sociales, la fuerza del amor y la familia etc, etc

No aquí. La escena se resuelve en un cruce de miradas, ligeramente nostálgica una, sorprendida la otra, para luego separarse sin decir una palabra. Los hombres no son completamente libres, ni siquiera los protagonistas de esta serie. Tienen un rango, han adquirido voluntariamente unas obligaciones, proteger y mantener una patria y una sociedad, misión e ideales que no pueden sacrificar por sus intereses personales, por mucho que lo deseen. Al igual que callarán todos aquellos que también conocen el secreto, puesto que no tienen derecho a revelar aquello que los protagonistas no quieren que sea conocido.

Aunque importante, la serie no se limita a la acumulación de trucos/trampas de guionista, el sombrero de copa de donde se extraen los conejos. Si esta serie captura al espectador desde el primer momento es por su belleza plástica. En efecto, en aquellos tiempos preordenador, cada plano, cada fondo donde se movian los personajes tendía a ser un pequeño cuadro, en cuyo lienzo no se tenia miedo a dejar regiones sin pintar o a mostrar incluso la pincelada, técnica a través de la cual se traslucía el alma del artista. Una pictoricidad que no debía hacer olvidar que ante todo se pretendía una representación cabal de la realidad, que un mar fuera un mar, una montaña una montaña, los bosques, bosques, las noches, noches. Un realismo que no impedía incursiones en el impresionismo o la abstracción, cuando la utilizacin del color o de los smbolos permitiese acrecentar el impacto en el espectador... o incluso renunciar al color o a la coherencia si así lo requera el momento narrativo.

La belleza de la serie, no obstante, no se restringe a la representación del mundo, estaba ya en el mundo representado. En la mayoría de las obras de fantasía o Ci-Fi, los mundos descritos suelen ser monótonos y aburridos, están habitados por una única cultura, mientra que nuestro tierra se caracteriza por su variedad, tanto espacial como temporalmente. Este mundo al que Hitomi es trasladada, es tan amplio y plural como la misma tierra. En el se podrá encontrar un trasunto del Japón medieval, de la Venecia renacentista, de los principados hindúes, de la Inglaterra de la revolución industrial, de la Atlántida cantada por Platón .Tan rico y complejo es que da la impresión de ser inagotable, inabarcable como el propio mundo real, de manera que la serie, con muy buen sentido, evita exprimirlo, perderse en explicaciones e historias que no llevarán a ninguna parte.

En efecto, muchas obras de fantasía y Ci-Fi parecen más interesadas en aplastar al espectador con un despliegue de erudición inventada que en intentar tejer una historia. Esta serie, por el contrario, nos deja siempre con hambre. Tenemos consciencia de una historia anterior, de poderes que se mueven en la sombra, pero, como en la vida real muchos sucesos se dan por sentados, no interesa tanto saber como se produjeron sino cómo van a resolverse, cómo van a resolverlos nuestros protagonistas. No es que no exista una ley, una razón detrás de este mundo, pero ésta no va a ser revelada a menos que se cruce en el destino de nuestros protagonistas, a menos que ellos puedan ser sus protagonistas.

Si la serie tiene la resonancia que tiene no es porque narre la historia de un mundo y sus conflictos, es porque narra la historia y los conflictos de unas personas que viven en ese mundo. ¡Los personajes primero! parece ser su divisa y no se aparta un milímetro de este propósito. De esta forma el punto de vista es siempre el de su personaje principal, Hitomi, que no sólo será testigo de lo que ocurra sino que tomará parte activa en ellos y se convertirá en la clave de la historia.

Llegamos aquí a una de las paradojas de la cultura japonesa. Una sociedad donde se supone que las mujeres tienen que dejar de trabajar y casarse antes de los treinta, pero en cuyas manifestaciones artísticas abundan las mujeres que no se adaptan a ese perfil. Hitomi pertenece a estos personajes. Deportista, activa, con ideas propias y dispuesta a defenderlas, no será nunca una marioneta en el mundo de guerreros en el que debe vivir. La veremos saltar sobre un abismo, sólo porque ha estimado que la distancia es la de su marca personal en salto de longitud, o arrancarse la falda para poder correr más velozmente. De la misma forma que la veremos apartarse de la persona que cree amar, porque ésta ha hablado de mantenerla en una jaula, o descubrir la mentira que supone combatir para defender a alguien cuando lo en realidad lo haces porque te gusta.

Esto nos lleva a otro de los grandes temas de la serie, la consciencia de que toda cara tiene su reverso, de que no hay certezas, ni seguridades. El imperio del mal contra el que luchan no es tal imperio del mar, sino que combate para traer la paz al mundo y erradicar la guerra, por lo que a su causa se han unido personas con los más nobles ideales y las mejores intenciones...  demostrando así lo fácil que es hacer el mal, causar daño, provocar la destrucción, cuando lo que se quiere hacer es el bien, como queriendo engendran ángeles, solo se damos a luz a demonios, como en realidad, si libramos guerras, si matamos y asesinamos en nombre de grandes ideales, es sólo porque nos regodeamos en el dolor y la desesperación de los otros.

Capítulo a capítulo, la serie se va haciendo más y más compleja, más y más filosfica. El mundo, el tiempo, el destino, se mostrará como una ilusión, materia en constante movimiento, manipulable y modificable, cuya materialización depende de nuestro estado de ánimo. Deviniendo el infierno si así lo deseamos, si perdemos la fe y la confianza; deviniendo paraíso, si por el contrario conseguimos recobrar la confianza, recordarnos a nosotros mismos, reconocer lo que es importante y lo que no es.

Surgirá también el amor, pero no traerá la felicidad a los personajes, sino sólo confusión, mentira y engaño, puesto que no se sabrá distinguir entre lo que se debe y lo que se necesita, hasta que se haya perdido irremediablemente, as como serermos testigos también de las humillaciones que las personas pueden aceptar por atraer la atención de quien que no repara en ellos.

Para culminar con un final desaforado, feliz y amargo  al mismo tiempo, algo que sólo los románticos incurables pueden llegar a apreciar plenamente, puesto que las grandes pasiones constituyen un desafío al mundo, exigen su revolución o perecen en el intento.

Un final feliz, como digo, pero igualmente amargo, donde los enamorados pertenecientes a distintos mundos descubren que no pueden vivir en ninguno de los dos, a menos que se creasen uno nuevo para ellos solos.