domingo, 22 de junio de 2014

The Beltesassar List (L): Annie and Boo (2004) Johannes Weiland


















Como todos los domingos , continúo mi con revisión semanal de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno a Annie and Boo corto realizado en 2004 por el animador alemán Johannes Weiland.

Creo que no tengo que recordarles mis reticencias hacia la animación 3D. Sin embargo, si debo reconocer que mi antipatía tiene mucho de injusta hacia los animadores que la cultivan, ya que en muchos aspectos esta técnica es aún experimental y todo corto no deja de formar parte de un intento, colectivo o individual, voluntario o involuntario, por descubrir las posibilidades de esa nueva manera, por determinar su lugar dentro de la amplia geografía de la animación. Hay por tanto cortos y directores dentro de la 3D por lo que no puedo sentir otra cosa que admiración, por muy toscos o incompletos que sean sus resultados, simplemente por que al menos lo intentaron, aunque luego el salto resultara corto.

No es el caso de Annie and Boo de Johannes Weiland.

Voy a intentar que esta entrada sea lo más corta posible, ya que no quiero que termina convertida en una inacabable diatriba más propia de un abuelo cascarrabias que de un amante de la animación. Desgraciadamente, lo peor de Annie an Boo es precisamente que a pesar de su envoltorio técnico moderno y vanguardista no es otra cosa que la aplicación de ideas rancias y caducas, casi una enumeración de todos y cada uno de los tópicos cinematográficos que se suelen utilizar cuando se quiere aparentar ser molón y enrollado.

Tenemos en primer lugar la consabida historia de chico-conoce-chica, en la que el varón tiene que superar sus dudas y torpezas para seducir a su futura, aunque sea a costa de mentirla y engañarla, sin que quede nunca claro qué han visto el uno en el otro, aparte de las necesidades del guión. Esta tenue anécdota sin consistencia es arropada con la típica música intrusiva y grandilocuente de las producciones de Hollywood, capaz de convertir en trascendental el mero acto de subirse la bragueta.

Ese subrayado constante no se limita a la partitura, sino que se refuerza, como si hiciera falta, con las consabidas acrobacias camerísticas, que si en el cine de imagen real delatan a quien no conoce otras herramientas menos burdas para atraer la atención del público, en esta ocasión denotan al niño al que han regalado un juguete nuevo y no puede esperar a enseñarselo a los amiguitos del colegio. Únase a esto una interpretación basada en gestos y poses estereotipadas, perfectamente apropiada a la superficialidad del guión, y se tendrá la imagen completa de un corto al que lo mejor que se le puede desear es que caiga pronto en el olvido, por nuestro bien y el de la animación.

En fin, aquí lo dejo. No quiero irritarme más. Pero ya saben que puedo estar equivocado, así que lo mejor que pueden hacer es ver el corto y juzgar por sí mismos.