domingo, 21 de abril de 2013

The World at War: The final Solution, Part I











Nota: El texto dice, aquí no se desea la presencia de judíos

Los extras de The World at War acaban con una largo repaso de tres horas, dividido en dos partes, sobre uno de los hechos definitorios del siglo XX, la solución final. El otro hecho definitorio, como bien saben, son las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, que inauguraron un tiempo en que la humanidad alcanzó la plena capacidad de suicidarse. La soluciín final, o si prefieren resumirlo en una palabra, Auschwitz, sirve de recordatorio perenne del poder de los estados modernos, capaces de exterminar a pueblos enteros de forma aséptica, científica e industrial, sin pararse a preguntar la racionalidad de sus acciones.

La enormidad de este hecho, su negación absoluta de todo resquicio de humanidad en el ser humano y, sobre todo, el hecho de que cualquier estado, cualquier sociedad, llegado el caso, podría seguir el camino de los nazis, justificando cualquier absurdo, cualquier brutalidad en aras de un bien mayor - piensen en Hiroshima y Nagasaki o la doctrina del MAD, Destrucción Mutua Asegurada, que rigió la guerra fría - ha provocado que muchos no puedan aceptar esa verdad en toda su crudeza, especialmente cuando se aplica a sus héroes o próximos ideológicos. No hablo ya de aquellos que niegan de plano el holocausto, ellos no cuentan en el debate, sino muchos otros que buscan una justificación, tipo de: "Fue la guerra lo que hizo malos a los nazis", "Sin el conflicto mundial, Hitler sería recordado como un gran hombre", "los Nazis en realidad sólo querían expulsar a los judíos alemanes" o la favorita de todas "Los aliados también bombardearon las ciudades alemanes/violaron a las mujeres, ergo, todos cometieron atrocidades y las de los nazis son disculpables".

Más que disculpar a los nazis, estos razonamientos muestran la catadura moral de aquellos que las sostienen, pero sin entrar en ataques personales, basta una visión a la historia, como la aportada en este documental, para reducir a la nada cualquiera de esos argumentos. Desde el día cero de su instauración, el régimen nazi se reveló como un régimen eminentemente racista, que buscaba implantar una política de apartheid estricto, de forma que los buenos alemanes - aquellos que pertenecieran a la raza superior - gozarían de todos los derechos, mientras que el resto - disidentes, enemigos políticos, judios, gitanos, homosexuales - serían extirpados de la sociedad ideal, para que no la contaminasen y corrompiesen.

Esta división del mundo entre seres humanos y agentes patógenos, se tradujo en medidas concretas, ya desde el día cero, incluso antes. La propaganda nazi nunca se cortó a la hora de mostrar al judío - al otro - como un ser inferior que buscaba destruir la armonía de los buenos alemanes, como pueden ver en las capturas que encabezan la entrada. Una vez conseguido el poder, este adoctrinamiento se extendió a todos los ámbitos de la sociedad, por medio de películas que buscaban convencer a los habitantes de la necesidad de promover una política racial que favoreciese a los fuertes, mientras se convertían estos conceptos en los fundamentos de la educación impartida en los colegios.

Esta propaganda ideológica, distribuida en todos los sectores sociales, hasta que la mayoría de la población fue incapaz de concebir el mundo en otros términos, se complemento con leyes y disposiones legales. En poco tiempo, los judíos fueron prohibidos de ejercer cargos en la administración, se arruinaron sus negocios mediante boycotts oficiales mediante los cuales la población era disuadida de comprar en ellos, llevando a lo que los nazis llamaban arianización - la malventa de industrias y empresas a propietarios arios - culminando en la leyes de segregación de Nuremberg, por las que se prohibia el matrimonio y las relaciones sexuales entre arios y no arios.

El signo definitivo de lo que eran los nazis fue la Kristalnacht, la noche de los cristales rotos, de noviembre de 1938, un pogrom a nivel nacional en la que las turbas nazis asaltaron los negocios judíos y quemaron sus sinagogas, completado con un castigo a posteriori a los judíos en el que miles de ellos fueron encarcelados en Dachau - campo de concentración abierto en 1933 - y se les obligó a pagar una indemnización por los destrozos de los que habían sido víctimas. Tras estos hechos pocos podían pensar ya que los nazis fueran un gobierno justo - a menos que estuvieran cegados por su brillo o compartiesen sus ideas - pero menos aún serían, si se hubiese conocido lo que sabemos ahora, que el primer genocidio emprendido por los nazis, no fue contra los judíos, sino contra los propios alemanes.

El encargado fue la sección T4 y el objetivo los enfermos mentales alemanes, que, en aras de esa mejora de la raza tan querida por los nazis debían ser eliminados. Un objetivo que, como siempre, fue transmitido a la población en forma de documentales propagandísticos, en las que mediante la manipulación, las vidas de los enfermos mentales se mostraban como no dignas de ser vividas, una carga insostenible para cualquier sociedad sana, que había que extirpar para no detener su crecimiento.















En cierta manera hay que dar la razón a aquellos que sostienen que la guerra hizo malos a los nazis, pero fue simplemente por que al conquistar los países del este de Europa, Polonia primero, la URSS después, sus acciones quedaron libres de cualquier restricción legal. En los territorios ocupados podían actuar desde el 1 de septiembre de 1939 como los amos y señores que pretendían ser, acosando a los judíos, deportándolos y concentrándolos en Ghettos, reduciéndoles a raciones de hambre, disponiendo de sus vidas a su antojo, hasta llegar a la eliminación física realiza por los Einsatzkommandos en el verano/otoño de 1941.

Unas acciones que motivaron la intervención de los organos superiores de régimen nazi, no para detenerlos, sino para organizarlos y reducir el impacto psicológico que tenían en los miembros de las SS. Un camino que llevaría finalmente a Treblinka, Belzec, Chelmno, Majdanek y Auschiwtz, pero que estaba implícito desde los inicios del régimen nazi.