viernes, 26 de abril de 2013

Mass Stupidity













Los que lean este blog sabrán que a mi amor por el anime se une una no menos profunda mi aversión por el fenómeno otaku, encarnado en el complejo moe/kawai. En los últimos tiempos, no obstante, mi cariño por el anime se ha enfriado un tanto, siendo su síntoma más apreciable la disminución de entradas dedicadas a esa escuela de animación. La cuestión es que mis viajes a lo largo y ancho de un siglo y pico de cortos y películas animadas me han hecho ver, con claridad diáfana, las limitaciones y defectos innegables de esta escuela, a lo que se ha unido mi tristeza al ver lo mal que han envejecido, formal y temáticamente, series de las que estuve enamorado hace apenas un lustro o una década.

No es que no siga queriendo al anime, he invertido demasiado tiempo y esfuerzo en aprender a conocerlo, pero me he vuelto más intolerante hacia sus tics y clichés, que empiezo a predecir con demasiada frecuencia, unida a la complacencia, conformismo y apoltronamiento de sus seguidores, los otakus, que en sus declaraciones sólo demuestran una profunda ignorancia de lo que es la animación, como ha quedado demostrado con la superioridad y el desprecio que ha sido recibida una de las series recién estrenadas este abril: Aku no Hana/Las flores del mal.

Lo anterior puede haber sonado especialmente duro e injusto, pero es la única manera de mostrar mi cansancio e indignación. Esta temporada tenía visos de ser especialmente floja, con las típicas series orientadas a los creyentes del moe/kawai y las enésimas iteraciones de los géneros habituales, el cóctel habitual que a los aficionados primerizos fascina, pero que a los veteranos no sirve sino es para aumentar nuestro cansancio. Esta situación era disculpable, puesto que al final suele aparecer alguna joya que recompensa el esfuerzo y la espera, pero lo que no se puede pasar por alto es la operación acoso y derribo que ha sufrido esta serie, la cual, como digo, más señala a la ignorancia de los que la critican, que a los defectos - que los hay - de la propia serie.

A estas alturas se preguntarán qué ha motivado esa repulsa casi universal y no menos injustificada. Se trata simplemente que en Aku no Hana se utiliza una técnica más que venerable de la animación: el rotoscopiado. Los que hayan oído hablar del rotoscopiado sabrán que es una arma de dos filos. Los míticos hermanos Fleischer lo inventaron en los años 10 del siglo XX para obtener una animación más suave y realista, por el sencillo medio de utilizar como base de sus productos animados una filmación de personajes reales sobre la cual se dibujaba. El resultado debía ser una animación más veraz y natural, pero paradójicamente, el resultado final aparece al ojo como torpe, artificial y desmañado, desprovisto de los acentos y deformaciones que un buen animador incluye entre cuadros para dar vida al movimiento.

El rotoscopiado exije, por tanto, un animador de especial talento. No alguien que se limite a calcar la imagen real de partida, sino alguien que tenga el ojo y el instinto para dotarla de vida. Este defecto es especialmente apreciable en Aku no Hana y podría explicar cierto rechazo, si no fuera porque la animación japonesa, de siempre y a pesar del ordenador, siempre ha sido más chapuzare y provisional en su reproducción del movimiento que la occidental, por razones normalmente de presupuesto . En este caso, no obstante, lo que ha provocado esa reacción de ultraje es que, como consecuencia del rotoscopiado, el diseño de personajes es especialmente realista, cotidiano e incluso feo, lo que ha descolocado a los enamorados del odioso complejo moe/kawai, al verse enfrentados a esa realidad de la que pretendían huir, por no utilizar imágenes más fuertes.

Es precisamente es realismo la seña de identidad de la serie, como pueden apreciar en las capturas que abren esta entrada. Un realismo que a mi me parece especialmente atractivo, por representar a personas reales, no sueños inalcanzables, y que se extiende al contenido temático de la serie. Ese realismo auténtico - al menos por ahora - le lleva a mostrar la mentira en todos los tópicos del complejo moe/kawai, mostrando los chistes y bromas de adolescentes que astragan el anime moderno - por ser utilizados como muletas, como reclamos para otakus, en momentos donde se rompe la unidad y la tensión de la historia - en su verdadero significado: como acciones que serían censuradas y condenadas si se realizasen en la vida real. Una conclusión necesaria que, como se puede imaginar, no ha sido precisamente del gusto del otaku medio, al forzarle a prescindir de las anteojeras con las que contempla el mundo.

Y esto, precisamente, lo que para mí convierte a Aku no Hana en una de las series más interesantes - quizás la única - de esta temporada.