sábado, 26 de mayo de 2012

Threshold































No esla primera que traigo a colación en este blog la serie Spice & Wolf. En su momento (2008 y 2009), ambas partes me parecieron de lo mejor de ambos años, y cuando volví a ver hace poco la primera temporada, el único pero que pude sacarle era que la animación era ciertamente barata para el nivel medio de entonces... aunque tampoco esperaba que llegase a la altura de un Seirei no Moribito. Desgraciadamente, al revisar hace nada la segunda temporada sí que le pude sacar otro pero, que desgraciadamente desconozco si estaba ya en las novelas originales o ha sido producto de una contaminación por parte de los gustos de moda entonces.

El "pero" como seguramente habrán podido intuir es que el personaje de Holo, la sabia y vieja diosa lobo, que ha decidido acompañar al comerciante Lawrence en su viaje, sufre una translación innecesaria que la acerca demasiado al prototipo moe que tan de moda está y estaba entre los otakus, alguien cuyo único interés en la trama es ser mona, poner caritas al protagonista principal y tener un rasgo enternecedor que obligue a la intervención providencial de su hombre, lo cual en este caso consiste en ponerse morada de comida y bebida hasta que cae redonda.

Es cierto que estoy exagerando y exagerando bastante, pero no puedo quitarme la idea de que poco a poco el personaje de Holo va perdiendo importancia, mientras que esta se traslada a Lawrence, de forma en ciertos capítulos practicamente se limita a quedarse encerrada en la posada de la ciudad en que transcurrirá la novela original, mientras que sus decisiones e interacciones van a tener lugar fuera del plano, permaneciendo sin ser narradas, excepto cuando sus consecuencias afecten a la línea narrativa principal, la que nos describe las distintas maniobras y estratagemas comerciales de Lawrence.

Dicho así, también tengo la impresión de estar siendo injusto con la serie y las novelas. El tiempo y el lugar en que transcurre la acción es un entorno medieval, de ciudades estado unidas por frágiles vínculos comerciales, en el que el paganismo, representado por Holo, está retrocediendo ante la acción de la iglesia, tanto a causa de la predicación como de la fuerza de las armas (recordemos que las cruzadas no sólo marcharon a Tierra santa, sino también contra los paganos que habitan los estados bálticos y el norte de as actuales Alemania y Polonia). En este ambiente, Holo, en su doble calidad de mujer y antigua deidad pagana, por una parte ve restringida su acción y libertad de movimientos, mientras que por otro debe intentar pasar desapercibida, para evitar la persecución que la Iglesia lanzaría contra ella, si se descubriera su identidad, como se dejo entrever en los primeros capítulos de la primeta parte.

Por otra parte, hay que señalar que el autor, economista de profesión, parece estar más interesado en ilustrar los modos en una economía precapitalista funcionaria, en lo cual realiza una notable labor, no sólo didáctica sino de integración de esas explicaciones en una trama narrativa, pese a lo cual, debo volver a mi mi punto de partida, que uno echa de menos a la mucho más libre, inteligente y terrible Holo de los primeros tiempos, especialmente porque en esta segunda parte se anuncia un cambio en ella que supongo que debería ser central en las novelas no animadas.

Se trata simplemente que la soledad en la que ha vivido durante cientos de años, lejos de su patria, unida a la consciencia de ser un elemento innecesario en ese mundo dominado por la Iglesia poco a poco le lleva enamorarse perdidamente de Lawrence, al que desea con esa locura que puede incluso provocar el dolor físico. Dolor que es asímismo anímico, ya que ella es lúcidamente consciente de que la diferencia entre sus esperanzas de vida, la humana y la de los dioses míticos, llevará a que Lawrence muera antes de que ella pueda darse cuenta, tan breve su vida juntos como la que compartimos con nuestras mascotas, lo que la lleva a intentar apartarlo de su lado por todos los medios, incapaz de soportar de nuevo una eternidad de duelo.