jueves, 3 de mayo de 2012

Texts and Images

Gerd Arntz, Infografía
Gerd Arntz, Cuartel
Ya he señalado en otras ocasiones como hay exposiciones que reciben una publicidad que poco tiene que ver con sus contenidos, calidad o importancia, y que como consecuencia acaban masificadas, haciendo poco menos que imposible disfrutar de ellas. Otras, sin embargo, pasan sin ser notadas y se pueden visitar a placer, cuando en justicia deberían ser las que atrajesen a las masas, al mostrar e ilustrar aspectos de la historia del arte poco corrientes, mal conocidos o simplemente semiolvidados, aunque no por ello menos interesantes o importantes.

Una de estas exposiciones raras es la abierta en la Fundación Juan March madrileña, con el título La Vanguardia Aplicada, que viene a romper una racha de exposiciones mediocres en esta institución, y la vuelve a poner en primera línea del panorama expositivo, casi conviertiéndola en la exposición de esta primavera, aunque, como digo, la afluencia de público sea poco menos que mínima.

El interés de esta exposición es múltiple. En primer lugar, permite ver la obra e influencia de las vanguardias históricas, el modernismo en su periodo central de 1890 a 1950, de una forma completamente distinta, la de su influencia sobre la publicidad y la tipografía, esas artes aplicadas que comúnmente, incluso hoy, son consideradas como de segunda fila. Como todo aficionado sabrá, una de las características de la vanguardia consistió precisamente en derribar las fronteras entre artes de primera fila y artes de segunda fila, entre actividades (y materiales) nobles e innobles, tomando como punto de partida que cualquier formato, soporte u actividad eran igualmente válida en la tarea de revolucionar las formas artísticas y el modo en que eran contempladas/consideradas por el espectador, ya fuera aficionado o experto.

Una tarea de agitación social y artística, de propaganda de los nuevos modos, que tomo prestado muchos de las técnicas de la publicidad (piénsese sólo en los manifiestos, anuncios y revistas de dadaístas y surrealistas), pero que al mismo tiempo los revolucionó hasta hacerlos irreconocibles, dando lugar a un término nuevo en la historia del arte, el de arte industrial, que buscaba abrir un hueco en la consideración crítica a los productos creados por artistas de vanguardia cuya finalidad primera era la propaganda de productos manufacturados por empresas comerciales... concepto éste, que colocaba a estos productos industriales a la misma altura que las obras creadas por los mismos artistas en total libertad, aunque tal libertad como es sabido es también un fantasma, al requerir de compradores que acepten ese nuevo arte como válido.

Esta relación entre vanguardia e industria, entre arte puro y artes decorativas/aplicadas, siempre había estado presente en cualquier exposición de la vanguardia, en la que se colaba alguna muestra de la actividad de esos artistas en los campos de la ilustración y la publicidad, especialmente en aquellos de mayor compromiso político, ya fuera en la izquierda o en la derecha. La importancia de esta exposición estriba en que puede ser la primera, o una de las primeras, cuyo enfoque se limita exclusivamente a esas disciplinas aplicadas, mostrando como estos artistas de vanguardia las revolucionaron, de manera que lo que ahora consideramos como normal, desde diseño a tipos de fuente, en principio fue un golpe y un mazazo a las concepciones establecidas.

Una tarea pedagógica que no tiene precio, ya que para la mayor parte de los aficionados ese mundo era completamente desconocido, una auténtica terra incognita cuya existencia sospechábamos pero que nunca nos habíamos propuesto explorar. Un misterio que esta exposición ayuda a despejar, gracias a centenares de obras provenientes de dos colecciones independientes y en principio contrapuestas, una americana dedicada a carteles y obra publicitaria, y otra española dedicada a la edición de libros y revistas, pero que en este caso se  complementan de manera especialmente armoniosa, mostrando como digo, esa otra cara de la vanguardia, la menos pura pero no por ello menos revolucionaria, y las diferentes corrientes y conexiones, bucles de realimentación y fertilizaciones que culminaron en nuestras percepciones estéticas actuales.