sábado, 19 de mayo de 2012

No Way Back























Ufotable es un estudio distinto. Produce muy pocas series, pero casi siempre de una gran calidad, como fue el caso de las películas de Kara no Kyoukai o Manabi Straight, caracterizadas por un altísimo grado de detalle en la descripción de los ambientes en los se movían sus personajes, así como por un desusado grado de fidelidad en la representación del movimiento de estos personajes, poco habitual para todo espectador acostumbrado a aceptar el dogma del estatismo de la animación japonesa como artículo de fe.

Urobuchi Gen es un escritor/gionista también distinto. Cuando oí por primera vez su nombre fue como guionista de Puella Magi Madoka Magica, la serie de Shaft del año pasado que se convirtió en una de las imprescindibles del anime reciente, por demasiadas virtudes que sería largo de relatar aquí. En lo que respecta a Urobuchi, su diferencia en el mundo de las light novels/manga/anime estriba que en una escena envenenada por el complejo Moe/Kawai se las arregla para insertar historias con complejas ramificaciones morales, donde la victoria de los héroes sólo se consigue a costa de extremos sacrificios que ponen en cuestión esa misma victoria... en la línea de ese otro anime del pasado que a tantos nos fascinó y nos convirtió en aficionados declarados.

Desde ese punto de vista la conjunción de Ufotable en la adaptación de Fate/Zero, escrita por Urobuchi Gen para la franquicia Fate hacía prever lo mejor, especialmente al tener en cuanta que UfoTable ya tenía experiencia, la de Kara no KyouKai, en adpatar obras del mundo creado por TypeMoon, y que la adaptación anterior, la de Fate Stay Night, realizada por Deen, no había resultado especialmente lograda, con lo que entre el mundo otaku había cierta necesidad de sacarse la espinita y que esta vez, al fin, si fuera la definitiva.

Debo confesar que yo también había comenzado a ver esta serie con bastante ilusión y mucha esperanza. Es cierto que la experiencia y la maestría de Ufotable era más que presente, excepto cierta rigidez de la animación que podría achacarse al formato televisivo, pero a pesar de esas virtudes no dejaba de encontrar la serie un tanto fría, con escenas más que brillantes, pero sin que me fuera posible ligarme emocionalmente con los personajes, a pesar de que no me eran desconocidos, al menos el destino que tendrían en Fate Stay Night.

En cierta manera, mi decepción se debió a que los primeros 13 capítulos, emitidos el año pasado, no dejaban de ser una larguísima introducción a lo que habría de ocurrir después, o mejor dicho, al modo en que Urobuchi iba a ir desmontando, uno tras otro, las esperanzas e ideales de sus protagonistas, de manera que, al final, la victoria de los héroes supiese a derrota... paradojas vitales que recibieron una ilustración más que precisa en uno de los momentos más irónicos de esta segunda parte, en el que un personaje representado como monstruo encarnado, hallaba cierta medida de redención, mientras que uno de los más  nobles y caballerescos, era aniquilado, física, moral e intelectualmente, condenado sin esperanza de salvación,

Lo que era una serie buena se convirtió así en una serie notable, al ponerse en movimiento en esta segunda parte, toda la maquinaria de engranajes construida en la primera parte. De hecho, si algo perjudicaba a la serie era precisamente el hiatus de cuatro meses entre ambas partes que podía hacer olvidar detalles esenciales de la trama, o mejor dicho, el porqué de lo que se iba a presenciar. La serie podía haberse quedado así, como un blasón más en la carrera de Ufotable, sino fuera porque en los dos capítulos últimos, en los que se narran la vida del protagonista de la serie, Kirigutsu, roza la excelencia.

No diré que es una obra maestra, falta por ver como resuelve todo Ufotable en estos últimos capítulos, pero en estos dos Ufotable conectó directamente con el mundo desquiciado de kara no Kyoukai, además de humanizar a un personaje que hasta ese instante parecía simplemente una máquina fría y calculadora. El acierto, por supuesto, no era sólo de Ufotable, sino especialmente de Urobuchi, puesto que esos dos capítulos eran expresión perfecta de su concepción del mundo y de la humanidad, de como nuestros errores pasados nos llevan a elaborar construcciones, construir ideales, que suponemos no permitirán evitar esos errores, pero sólo nos llevan a cometer otros peores, al conducirnos a callejones sin salida de los que  su aplicación no nos permitirá escapar.