lunes, 7 de mayo de 2012

In Transition


Como la gran parte de los aficionados, tengo grandes reservas hacia la última película de Shinkai Makoto, Hoshi o Ou Kodomo (Los niños que cazan estrellas, en traducción literal), que se pueden resumir en que esta cinta parece una obra de transición.... si hay suerte, claro, y no es de esas obras que marcan la decadencia de un autor.

Como es sabido, una de las marcas de fábrica de Shinkai, presente ya desde Hoshi no Koe (Voces de las estrellas) era su fotorrealismo, unido a una forma de encuadrar a sus personajes que podía denominarse de lateral, en la que las escenas y situaciones eran descritas con breves planos parciales en los que se colaban visiones fugaces de los protagonistas. Un estilo que hallaría su culmen en la penúltima película de este autor, 5cm/s, pero que en Hoshi o ou Kodomo, aunque aún presente, parece haber sido desplazado a un segundo plano, adoptando una forma de rodar y montar más convencional y narrativa, mientras que el fotorealismo de sus cintas anteriores que dominaba la pelicula por entero y en ocasiones aplastaba a los personajes que vivían en él, ahora sólo se deja notar en planos aislados que son, de por sí, ya paisajísticos.

No obstante, el mayor cambio que el espectador puede notar, y el que más desazón ha causado en los admiradores de Shinkai, es que esta película suya parece una obra apócrifa del estudio Ghibli en su rama Miyazaki. Desde un punto de vista temático, las coincidencias con el mundo Miyazakiano, en su vertiente Nausicaa y Monoke, son más que notables, desde la descripción de un mundo en decadencia y muerte, a la aparición de seres sobrenaturales que parecen escapados del manga de Nausica. Peor aún, el diseño de personajes de Shinkai, que había tenido siempre un curioso aspecto angular, que anunciaba la madurez de su personajes, a pesar de su edad temprana, en esta ocasión se redondea e infantiliza, volviéndose, como digo, plenamente Ghibliesca.

Esta deriva de Shinkai, fuera de sus coordenadas habituales, se extiende también a su tema preferido, aquel que lleva refinando y reelaborando en cada uno de sus filmes. Hasta este momento, el motor argumental de sus películas era la existencia de una pareja de enamorados que se veían separado por una serie de circunstancias externas, siendo el resto de la película la narración de los sentimientos de melancolía y ausencia, de impotencia ante la imposibilidad de consumar ese amor primero, que acaban por consumir y destruir a los protagonistas. Ese amor originario ha desaparecido completamente en Hoshi no Ou Kodomo, o mejor dicho, pertenece a un pasado no narrado ni descrito que tuvo lugar en algún momento antes del inicio de la película y del cual permaneceremos ignorantes.

He dicho que desaparece por completo, pero esto no es exacto, ésta ahí pero de una manera más tenue y delicada. El amor es nuevamente el motor de las acciones de los protagonistas, pero ese amor se refiere a personas que ya están muertas, desaparecidas, mientras que la búsqueda consiste en encontrar, en ese reíno subterráneo en el que se adentran, de los medios para traerlas de nuevo a la vida. El resultado de esta empresa, como se verá en la cinta, es precisamente el contrario de lo que ellos deseaban, ya que la única salida del círculo vicioso de pesar y duelo en el que se han encerrado, es precisamente olvidar a esos muertos y continuar viviendo.

Una metamorfosis, semejante a la de la larva renacida en mariposa, que sólo uno de los personajes logrará completar, precisamente el más joven de ellos... y que me hace pensar si esta historia no es un trasunto de la situación profesional de Shinkai, deseoso de escapar del encasillamiento en el que le han encerrado sus películas anteriores.

Profesional, cierto, y quizás también personal.