miércoles, 9 de mayo de 2012

Life goes on



























He dicho ya anteriormente que entre las pocas noticias buenas de este 2012 está el hecho de que la cosecha de anime de este año parece ser especialmente buena. Revisando Seirei no Moribito me ha venido a la memoria que 2007 fue tambíén un año memorable, como demuestra el caso de Dennou Coil o Oh Edo Rocket, seríes especialmente originales a las que quizás esa misma original impidió que fueran aceptadas y apreciadas por la mayoría de los otakus.

En el caso de Seirei no Moribito, uno de los aspectos que más desagradado a los otakus fue su carácter anticlimático, ya que en los instantes en que los conflictos parecían irse a resolver mediante el conflicto, ocurría algo que los desactivaba por completo... lo cual resultaba aún más hiriente al aparentar ser al principio una serie que narraría las heroicas hazañas de su protagonista femenino, la guerrera Balsa. Sin emabargo, ahora que he podido verla casi de una sentada, y no en intervalos semanales que la hacían caer en el olvido, muchas de aquellas resoluciones anticlimáticas cobran perfecto sentido. completamente adecuadas a la psicología de los personajes y su lugar en el mundo.

Por poner un ejemplo, en el mundo de Seirei no Moribito, existe un imperio que en muchos aspectos es un trasunto del Imperio Chino clásico (o quizás de los reínos cotidianos), con una estructura jerárquica extremadamente ritualizada y compartimentada. En cierto instante uno de los miembros de la élite, pero situado en los niveles intermedios, descubre que los consejos de su superior, uno de los grandes de la corte, han llevado al emperador a tomar una decisión equivocada. Cuando esto se descubre uno esperaría que su superior acabaría con su carrera y con su vida, como ha hecho hasta entonces con otros inferiores, de repente le recomienda ante el emperador y le ofrece todo su apoyo... una decisión incomprensible, hasta que descubrimos que lo que está haciendo es proteger su posición y su prestigio frente al claro error que acaba de cometer.

Esta profundidad en el análisis de las relaciones humanas en el contexto de las estructurtas de poder se debe al hecho de que el autor es un antropólogo de profesión, transfondo profesional que se refleja en la riqueza del mundo de Seirei no Moribito, en el que aparecen gentes de todos los estratos sociales, del emperador a los pillos callejeros, y de diferentes razas y países, como es el caso de la propia Balsa extranjera en el imperio Yogo o el de los Yakoo, habitantes originales del Imperio y relegados al papel de minoría despreciable en vías de extinción, en claro paralelismo con los Ainu que aún sobreviven en Hokkaido. Un detallismo en la caracterización y la descripción que se extiende a la ilustración de los constructos ideológicos con los que los protagonistas interpretan su mundo, el honor guerrero de Balsa y los cazadores al servicio del emperador, o la oposición entre el mundo visible, el Sayug, y su correlato invisible, el Nayuq, junto con los medios para relacionar ambos, el chamanismo de los Yakoo y el rigor científico de los astrólogos de la corte.

Un amor por el detalle que pocas veces se encuentra en el anime reciente, tan dado a romper las normas que él mismo se ha impuesto, pero que se quedaría en nada si no fuera por la profunda caracterización de los personajes, ejemplificado en una Balsa cuyo pasado dicta sus acciones presentes, y las estrechos lazos que se establecen entre ellos, nuevamente ilustrado en la estrecha relación madre/hijo que se establece entre Balsa y su protegido Chagum, y que culminará en una de las más sentidas, honestas y realistas despedidas que haya uno visto, ilustrada al comienzo de la entrada, y que servirá también para demostrar la madurez alcanzada por sus personajes, a los que el papel que el mundo les ha asignado, les obliga a renunciar, mal que quieran, a aquello que más quieren y desean.