miércoles, 20 de julio de 2011

Unrequited (I)


Me quejaba de las series de Anime de este primer trimestre, en Anime el año comienza en abril, cuando se supone que las productoras sacan su artillería pesada, pero como otros años desde hace un tiempo, lo mejor aparece en las temporadas bajas, al menos lo mejor para mi punto de vista.

Ya tendremos tiempo de comentarlo, pero entretanto, tengo tiempo para ver otras series que tengo en la lista de espera, ya sea antiguas o modernas. Entre esa pila creciente de cosas por ver ha habido una que ha subido a la primera posición aunque acabo de recibirla, se trata de la versión remasterizada de la mítica sere Shoujo Kakumei Utena (Utena la chica revolucionaria).

Es cierto que la animación de Utena, del tiempo de los acetatos y los bajísimos presupuestos televisivos, ha envejecido un tanto, comparada con la brillantez, suavidad y precisión de las que el ordenador dota a las series modernas. No obstante este envejecimiento natural no debe distraernos de lo que es realmente importante, como es el hecho de que en ciertas secciones la expresividad de su animación supera a la mayoría de lo que se hace actualmente, o el elaboradísimo simbolismo visual de una historia que es cualquier cosa menos infantil o simple, y que cuanto más se ve, más se demuestra pensada y organizada al detalle, sin que ningún punto haya sido dejado al azar o no tenga un significado que será explicado y mostrado al final de la serie.


Es ese complejísimo simbolismo visual, sobre cuyo análisis se podrían escribir libros y libros el que ha fascinado a incontables espectadores desde hace quince años y que demasiadas producciones han intentado replicar sin conseguirlo alcanzar. No es mi intención entrar en buscar una explicación a esos símbolos, más allá de lo que es evidente, sino señalar que, aunque lo parezca, toda esa exuberancia visual no es mero adorno, lo que explica el fracaso de tantos otros imitadores, sino que está al servicio de lo que no se puede definir de otra manera que un que como una reinterpretación postmoderna de los cuentos de hadas.

No es ya que el príncipe de la historia sea una mujer, la Utena que da nombre al título, sino que el motivo de esa transformación de los roles es una distorsión del papel que se supone asociado a los sexos en los cuentos tradicionales. En concreto, según se nos cuenta desde el principio de la serie, Utena fue salvada por un príncipe, factor que tendrá más tarde una importancia capital en la trama, sino que en vez de quedarse a esperarle en casa para ser salvada de sí misma, como tantas heroínas de antaño, Utena decide tomar un papel activo y salir al mundo a encontrarle, obrar ella misma su propia liberación.

Esto provoca que otro de los personajes, Anthy, se nos presente como la  nueva princesa del príncipe/princesa, papel que como corresponde a una serie que es un juego de espejos, se revelará como un espejismo y la rosa indefensa se nos mostrará cuajada de espinas. No obstante, lo realmente importante es ese salir al mundo que apuntaba la metamorfosis de Utena en príncipe. El hilo conductor que enhebra toda la serie es el concepto de que si los polluelos no rompen el cascarón, morirán y que por tanto hay que revolucionar el mundo.

Un objetivo, como digo, presente a lo largo de toda la serie, pero que una y otra vez se ve contradicho por el desarrollo de la misma serie, que adopta la forma de un círculo viciosos en el que los personajes repiten una y otra vez las mismas acciones, como si estuvieran atrapados en un mundo creado y fabricado especialmente para ellos, del cual la salida no es la victoria en la cadena de duelos que aparentan ser la objetivo último de la serie y del microcosmo de estos personajes, sino la renuncia a estos combates y la partida de ese mundo que, como digo, falsamente se muestra como el único posible.


No obstante hay otro factor fascinante de esta serie, que en mi caso particular me afecta personal y especialmente, Se trata de su aproximación a las relaciones amorosas, en la cual el sexo y el deseo sexual se muestran en primer plano y sin tapujos, no en el sentido de explícito que esperaríamos en nuestro tiempo y maneras artísticas, sino señalando las consecuencias devastadoras que las pasiones amorosas tienen sobre los seres humanos, la imposibilidad de apagarlas sino es mediante la posesión (o la destrucción) del objeto amado y lo fácil que es que se tuerza y enturbien, convirtiéndose en cárcel y sala de tortura para aquellos que les anhelaban.

Un punto de vista que se aparta radicalmente del romanticismo de andar por casa que se nos vende desde todas lor rincones de estas sociedad nuestras, donde el amor es sencillo, completo y pleno de recompensas, si nubes obscuras que turben el ideal, pero que se muestra extrañamente cercano al romanticismo primigenio, donde el amor, a pesar de su urgencia e inevitabilidad, era ante todo dolor, imposibilidad, impotencia, incapacidad no ya de conseguir y gozar del objeto amado, sino ni siquiera de obtener su atención y compasión




Y así ocurre que para mi la historia de amor de Yuri por Shiori tenga una especial resonancia, ya que al igual que ella, para mí el amor siempre ha significado enamorarme de las personas equivocadas. En su caso, porque eran de su mismo sexo y esa unión nunca podría aspirar a ser compartida ni mucho menos mostrarse en público a la vista de todos. En mi caso, porque las personas elegidas no eran libres de amarme, ni siguiera en secreto.