martes, 2 de enero de 2007

De profundis





Portrait of a Young Man, 1925-1931, Henwar Rodakiewicz.

Nota 1: En cierta manera, hay dos historias del cine.

Por un lado, lo que podríamos llamar historia Garciana/Godardiana. El relato que todos hemos estudiado, aprendido a amar, con su fundamento en el Clacisismo y su oposición/reacción en la Nouvelle Vague como dos polos de los que no se puede escapar. Una historia donde los cambios se explican como necesarios, como si algo obligase a que el cine de los años 40 desembocase obligatoriamente en el de los años 60. Una demostración cerrada, donde las definiciones han sido perfectamente definidas, donde los ejemplos han sido escogidos cuidadosamente para corroborar las conclusiones , y donde el comentario crítico se cierra sobre sí mismo, de forma que no quepa en él nada no sea su propia tesis.

Por otra parte, la historia de todos aquellos que se apartaron de esa corriente única, de todas las piezas que no encajan en la demostración anterior y que puesto que no la confirman, se dejan de lado. La narración de todos los intentos que no llevaron a ninguna parte, de las teorías que no dieron lugar a un estilo, de lo que pudo ser y nunca fue, de los caminos que no se eligieron y que hubieran dado lugar a un cine mucho completamente distinto al que conocemos.



Nota 2: Y así ocurre que , mucho, mucho tiempo antes del iraní Kiarostami y su five, Un conjunto de personalidades, a caballo entre el mudo y el sonoro, se dedicaron a describir la naturaleza y sus cambios, no desde el punto de vista, documental-de-animalitos-de-la-dos, sino buscando la abstracción, la belleza pura, la involucración del espectador en los ciclos naturales de los que es parte, utilizando el montaje, la repetición, el paralelislo, la reiteración, el contraste y el enfrentamiento.

Nota 3: Y asi ocurre que tenemos una obra como Portrait of a Young Man, donde en 52 minutos, sin sonido ni música alguna, sin intertítulos ni explicaciones, se nos muestran las figuras del humo que asciende, el temblor de la ramas, el continuo romper de las olas en la orilla, con un enfoque casi microscópico, no paisajístico o de marco incomparable, sino con la cámara a unos centímetros del agua, del humo, de las hojas, de forma que no sabemos donde estamos, donde ocurre lo que presenciamos, ni podemos anticipar lo que va a ocurrir, excepto cuando no damos cuenta del ciclo en el que estamos sumidos.

Nota 4: Y he venido a recordar de los tiempos, cuando niño, en que iba al mar, en como rompen las olas a la orilla, avanza el agua, al principio incontenible, luego cada vez más lenta, hasta dejar una pequeña marca de arena, que se sera borrada por la ola siguiente. Como el agua se retira, lenta y mansa al principio, a borbotones según llega a la zona de las rompientes, arrastrando conchas y guijaros, hasta el extremo de poder impedir que la ola siguiente rompa, de ahogarla en su corriente, o como ha veces una ola monta sobre otra, cabalga sobre ella y su agua es capaz de superar el limite que una ola sola no podría e inunca la playa. Como entonces se forman charcas, mansas y tranquilas, de agua tibia, cristalina, casi inexistente, a las cuales de vez en cuando llega una ola solitaria, casi sin fuerza y su agua se propaga por la charcha, mansa y lenta, quebrando el cristal, llenando de ondas, que se interfieren entre sí y trazan obscuras líneas negras en el fondo. O como, para terminar, cuando se retira el agua, mucho más lentamente, tras ellas, se va secando la arena, como si algo aspirase el agua desde abajo, hasta que la siguiente ola vuelve a empaparla.

Todo esto representado en esa película olvidada.

Tan olvidado como mis recuerdos del mar, tras tantos años sin verlo.

3 comentarios:

el hijo bastardo dijo...

Me has despertado ganas de verla, pero teniendo en cuenta que lo que no está en la mula no existe, me da que va a seguir siendo una obra olvidada por mucho tiempo.

David Flórez dijo...

Yo la encontré en una maravillosa antología que se llama. Unseen Cinema. Early American Avant-garde, 1894 - 1941. Ésa sí que creo que está en la mula, completa...

Me pase las navidades viendo obras olvidadas y la verdad fue casi una revelación....

el hijo bastardo dijo...

Desconocía que estuviera en esa antología,me pongo a ello, me había bajado ya tantos cortos que figuraban en ella que pensé que los tenía todos, también me dio hace un tiempo por volver a los orígenes y todavía tengo mucho material pendiente, uno de los inconvenientes de la mula, la saturación retiniana.