jueves, 4 de enero de 2007

Hume & friends

Hubiera querido querido comenzar esta entrada con la cita concreta de Hume que me la ha inspirado, pero, desgraciadamente, no he tenido el tiempo de reeler sus tratados y el rapido espigado por sus páginas, no me ha permitido encontrarla. Así que me queda la duda de si es algo que realmente leí o se trata de una fantasía mía, sublimada y distorsionada, hasta el extremo de atribuirsela a un pensador de renombre, que le conceda el empaque y la autoridad de la que yo carezco.

El caso es que, tal y como recuerdo el pasaje, Hume venía a preguntarse sobre el sentido de su trabajo, en concreto sobre cual era la importancia que realmente tenía. Sin embargo, esta reflexión no se expresaba en una valoración de su calidad, en decidir si era bueno o malo, mejor o peor que el de otros, sino en términos estrictamente personales, casi existenciales.

Porque, decía él, si la filosofía es realmente lo más importante en mi vida, tal y como yo proclamo, ¿cómo es que no me encierro en mi casa y me dedico a ella por entero? ¿Por qué la abandono para dedicarme a los placeres de esta vida, a la compañía de mis amigos, a la conversación con ellos?

Si tal era el caso, si él, el filosofo Hume, inconscientemente prefería la compañía de los amigos, su trato y su afecto, al cultivo de la filosofía, estaba afirmando claramente, puesto que lo hacía con actos y no con palabras, que la vida del pensamiento era algo secundario para él, que lo realmente importante eran las otras personas y la relación que se tenía con ellas, mientras que lo otro, el razonamiento, la filosofía, la ciencia, el saber, era algo más, algo que se construia sobre una base prexistente y que nunca podría existir en solitario sin ella.

Una conclusión/confesión demoledora en labios de un intelectual.

Un texto donde casi me parecía detectar la amargura de aquel que se da cuenta de esta sencilla verdad cuando ya no hay remedio, cuando se es demasiado viejo para cambiar.