martes, 1 de agosto de 2006

En el Exilio (y 2)


...Y la razón es que ninguna república bien ordenada cancela nunca los deméritos de los ciudadanos en gracia a sus méritos, sino que, habiendo establecido premios para las buenas acciones y castigos para las malas, y premiando a quien ha obrado bien, si ése mismo, más tarde, obra mal, le castiga sin tener en cuenta sus buenas obras. Y cuando se observan rigurosamente esas reglas, una ciudad vive libre por mucho tiempo; en caso contrario, se arruinará pronto...

Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio

Al leer estas líneas, hay que recordar siempre que Maquiavelo las escribió en su destierro y habiendo sido condenado, además, a trabajos forzados. Otra persona cualquiera, en esas circunstancias se hubiera abandonado al panfleto, al ataque directo contra sus enemigos políticos, al escrito de circunstancias que hubiera sido olvidado en unos pocos años.

No así Maquiavelo.

De alguna manera, el haber sido desterrado le liberó. El no verse implicado en las luchas por el poder, el no tener que dedicar todas sus energías a las múltiples tareas mínimas que constituyen la esencia del gobierno, y que consumen la mayor parte del tiempo, le permitió ver las cosas desde una perspectiva que ninguno de sus contemporáneos llegó a disfrutar, si exceptuamos a aquel otro solitario, éste vocacional, que se llamaba Montaigne.

Una impresión similar a la que produce leer el otro gran libro de teoría política, desgraciadamente inacabado, pero tan lúcido y tan aparentemente cínico como el volumen de Maquiavelo, que es el el Tratado Político que escribiera Spinoza, un siglo más tarde. Un libro donde se pueden leer verdades tan grandes y tan olvidadas como que que cualquier ley que no es obedecida por la ciudadanía, debe ser abolida immediatamente, sin que importe su moralidad o bondad, puesto que el descrédito de la norma, el ambiente de ilegalidad y burla de las leyes que esta desobediencia provoca, llevará a minar indefectiblemente la autoridad del estado, ya que todos podrán ver que es incapaz de imponer las normas que decreta.

La misma verdad que se oculta tras el comentario de Maquiavelo, especialmente ahora, en un tiempo en que la bondad de las leyes y la justicia de las acciones de los gobernantes, no se fundamenta, mejor dicho, no se justifica por que sean buenas o no para el estado y la ciudadanía, sino porque emanan de nuestro bando, el de los buenos, y no lo hacen del otro, el de los malos, en un magnífico ejemplo de estupidez colectiva y suicida, que seguramente, hubiera hecho sonreír con ironía a Maquiavelo... o quizás no, puesto que le hubiera recordado demasiado a la historia de su amada Florencia.

Pero no es necesario restringirse a este país. Esta perversión de la democracia afecta a todos los países que nos rodea

Todos somos testigos de como, por muchos errores que cometan los gobernantes, por mucho dolor que traígan sus decisiones, por muchas que sean las normas que quebrantan con sus acciones, nada les ocurre, se han convertido inmunes. En todo caso, harán recaer el castigo que les corresponde en naderías y desgraciados que tuvieron la mala suerte de estar allí.
Ellos, los que nos gobiernan, por el contrario, siguen su camino impertérritos, casi como decía el dictador por antonomasia de este siglo, con la seguridad de un sonámbulo, al que nada puede despertar o desviar. La misión que dicen que la historia les ha encomendado prevalece sobre el resto de las consideraciones, sobre leyes y principios. Ellos, por su visión, por sus ideales, por su inteligencia, están por encima del resto de los mortales, que no pueden comprender a donde se les lleva, que sólo pueden ser conducidos, a la fuerza si es preciso... por mucho que haya sido el voto de los pequeños, los humildes y los ignorantes el que les haya puesto en la posición que ostentan.

...

Pero no hay que olvidar tampoco, que si ese cautiverio, riguroso ya, lo hubiese sido un poco más, si los libros y el papel le hubieran sido retirados, si se hubiera asemejado un poco más al campo de concentración Nazi o al Gulag estalinista, auténticas factorías de la muerte, nada de esto hubiera visto la luz, todo se hubiera perdido...

...como ocurrió con tantos y tantos otros cuyas vidas fueron destruidas, en uno u otro tiempo...