miércoles, 2 de agosto de 2006

Endurance...

... y ocurrió entonces que un joven llegó a la ciudad, y empezo a decir, aquí y allá, a todo el que se encontraba, las siguientes palabras: "el mundo era hermoso". Al principio, todos le odiaban y alguno incluso quiso darle una lección, puesto que nadie se preocupaba ya de donde pudiera ir el mundo, pero pronto dejaron de hacerle caso y se olvidaron de él.

El joven, sin embargo, continúo vagando por la ciudad, pronunciando esas mismas palabras, aunque nadie le prestara atención. Un día, un niño se acerco a él y le preguntó: "Porque sigues haciendo esto, si nadie te escucha". "Hubo un tiempo" respondió el joven "en que creí que el mundo podía cambiar, pero ahora sé que eso era un sueño. Sin embargo, si me detuviera ahora, se convertiría en una mentira."

La vejez nos hace cínicos. Desde lo alto de los años, contemplamos las preguntas que nos planteábamos cuando éramos jóvenes, y nos reímos de ellas, eran tan inocentes, tan infantiles, tan sin sentido... Nos reímos y burlamos de ellas, especialmente si las vemos en otros, aunque los años no nos hayan traído ninguna respuesta a ellas, aunque lo único que haya cambiado, entre el joven que éramos, y el viejo que ahora somos, es que ya no nos planteamos preguntas, y ese silencio lo tomamos por las respuestas que no hemos encontrado.

Entonces llega el instante, aquél que se ha esperado desde largo tiempo, aquel que ya no se confiaba que llegase, y pasa sin que lo aprovechemos, sin que hagamos nada por detenerlo, ni por hacerlo nuestro, puesto que ya hace mucho que dejamos de sentir como sería lo propio y apropiado en esas situaciones...

...y nada podrá ya hacernos sentir de ese modo, el único que aseguraría el triunfo y la victoria, simplemente porque ya no podemos, ni queremos, creer en ello.